El pecado y los pecados

EL PECADO Y LOS PECADOS
¿Las palabras pecado y pecados se usan con diferente significado en la Biblia?
RESPUESTA
La diferencia entre pecado y pecados radica en que pecado es singular y pecados es plural. En el Antiguo Testamento no existe ninguna diferencia entre pecado y pecados, pero sí se presenta una diferencia muy significativa en el Nuevo Testamento.
Hagamos una lista de las veces que aparece la palabra pecado en estas dos formas, singular y plural, en el Nuevo Testamento. La palabra pecado es armatia en griego.
Pecado en singular: Mt. 12:31; Jn. 1:29; 8:21, 34 (dos veces), 46; 9:41 (dos veces); 15:22 (dos veces), 24; 16:8, 9; 19:11; Hch. 7:60; Ro. 3:9, 20; 4:8; 5:12 (dos veces), 13 (dos veces), 20, 21; 6:1, 2, 6 (dos veces), 7, 10, 11, 12, 13, 14, 16, 17, 18, 20, 22, 23; 7:7 (dos veces), 8 (dos veces), 9, 11, 13, (tres veces), 14, 17, 20, 23, 25; 8:2, 3 (tres veces), 10; 14:23; 1 Co. 15:56 (dos veces); 2 Co. 5:21 (dos veces); Gá 2:17; 3:22; 2 Ts. 2:3 (Reina-Valera 1960); He. 3:13; 4:15; 9:26, 28; 10:6, 8, 18; 11:25; 12:1, 4; 13:11; Jac. [Stg.] 1:15 (dos veces); 2:9; 4:17; 1 P. 2:22; 4:1; 1 Jn. 1:7, 8; 3:4 (dos veces), 5, 8, 9; 5:16 (tres veces), 17 (dos veces).
Pecados en plural: Mt. 1:21; 3:6; 9:2, 5, 6; 26:28; Mr. 1:4, 5; 2:5, 7, 9, 10; Lc. 1:77; 3:3; 5:20, 21, 23, 24; 7:47, 48, 49; 11:4; 24:47; Jn. 8:24 (dos veces); 9:34; 20:23; Hch. 2:38; 3:19, 5:31; 10:43; 13:38; 22:16; 26:18; Ro. 4:7; 7:5; 11:27; 1 Co. 15:3, 17; Gá. 1:4; Ef. 2:1; Col. 1:14; 1 Ts. 2:16; 1 Ti. 5:22, 24; 2 Ti. 3:6; He. 1:3; 2:17; 5:1, 3; 7:27; 8:12; 9:28; 10:3, 4, 11, 12, 17, 26; Jac. [Stg.] 5:15, 20; 1 P. 2:24 (dos veces); 3:18; 4:8; 2 P.1:9; 1 Jn. 1:9 (dos veces); 2:2, 12; 3:5; 4:10; Ap. 1:5; 18:4, 5.
Cuando leemos todos estos versículos vemos la sabiduría de Dios al escribir la Biblia y le alabamos diciendo: “Oh, Dios, te adoramos”.
La diferencia entre pecado y pecados es la siguiente: cada vez que la Biblia menciona la conducta pecaminosa del hombre como el orgullo, la envidia, la mentira y así sucesivamente, usa la forma plural: pecados. La palabra pecado en singular, nunca se usa en la Biblia con relación al comportamiento externo, pero tiene dos connotaciones diferentes.
En primer lugar, el pecado es el amo y el poder que controla o domina y es lo que comúnmente llamamos la fuente o la raíz del pecado, y aunque estas expresiones no constan en la Biblia, las usaremos por el momento. En las Escrituras dice que el pecado reina y controla como un dueño absoluto. El pecado, en singular, nos domina, nos dirige y nos induce a cometer pecados.
En segundo lugar, el pecado se refiere al problema mismo del pecado. Cada vez que la Biblia menciona el perdón que Dios da, usa el plural, pecados, ya que necesitamos ser perdonados por nuestra conducta. El perdón no elimina la naturaleza pecaminosa de la que estamos constituidos. Decir que Dios perdona el pecado, en singular, es incorrecto ya que Dios sólo perdona los pecados, en plural. Como el pecado en singular es el amo, el poder, no somos directamente responsables de él, no se quita de en medio con el perdón. Los pecados necesitan el perdón porque se refieren a nuestra conducta, y nosotros somos responsables de ellos y por ellos recibimos castigo; para ellos necesitamos el perdón. En la Biblia siempre que se confiesan los pecados, se usa el plural. El pecado en singular no se refiere a la conducta y, por ende, no requiere confesión, pero en plural se refiere a la conducta y requiere confesión. La muerte de Cristo tiene como fin salvarnos de nuestros pecados. “Y llamarás Su nombre Jesús, porque El salvará a Su pueblo de sus pecados” (Mt. 1:21). Esto significa que el Señor Jesús nos salva de los múltiples pecados de nuestro comportamiento.
Cuando el Señor Jesús les dijo a los judíos: “Moriréis en vuestros pecados” (Jn. 8:24), El usó el plural, pecados, y no la forma singular , pecado. La Biblia no dice que Cristo murió por nuestro pecado (singular) sino por nuestros pecados (plural).
“Y vosotros estabais muertos en vuestros delitos y pecados” (Ef. 2:1). El plural indica que nosotros vivíamos en pecados (plural) tales como el orgullo, la inmundicia, la envidia y demás, y estábamos muertos en pecados (plural) no en pecado (singular).
Quitar los pecados, según se menciona en Hebreos 10:4, se refiere a eliminar nuestros pecados (plural), y la conciencia de los pecados de la cual habla Hebreos 10:2 también alude a los pecados.
¿Por qué no tenemos conciencia de pecados después de que la sangre del Señor ha lavado nuestra conciencia? Nuestra conciencia nos acusa delante de Dios de pecados específicos, como por ejemplo, la ira y el orgullo. Ya que la sangre del Señor Jesús nos concedió el perdón de tales pecados, nuestra conciencia ya no puede acusarnos de ellos. La sangre elimina los pecados. Si la sangre del Señor nos limpiara del pecado (singular), no veríamos pecado en nuestra experiencia, pues si la sangre quitara de en medio el pecado (singular), estaríamos libres del poder del pecado, el cual nos induce a cometer pecados; pero éste no es el caso. La sangre del Señor Jesús nos ha lavado de tal manera que nuestra conciencia no nos acusa de nuestros pecados pasados; esto no significa que el pecado esté ausente; significa que nuestra conciencia ya no nos acusa de esos pecados porque ya la sangre nos lavó.
¿Cómo podemos ser libres del pecado (singular) que nos domina? “Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con El para que el cuerpo de pecado sea anulado, a fin de que no sirvamos más al pecado como esclavos” (Ro. 6:6). En este versículo se mencionan tres asuntos: (1) el cuerpo de pecado, (2) el hombre viejo y (3) el pecado. Se le llama cuerpo de pecado porque el pecado induce el cuerpo a actuar como una marioneta incitándolo a pecar valiéndose del hombre viejo, el cual, por un lado, es inducido a pecar, y por otro, hace que el cuerpo peque. Así que el hombre viejo está entre el pecado y el cuerpo. El hombre viejo es nuestro yo, nuestra personalidad. El pecado seduce, y el hombre viejo consiente y hace que el cuerpo peque. Algunos dicen que la muerte del Señor Jesús erradicó el pecado, lo cual es erróneo porque lo que hizo el Señor fue quitar de en medio el viejo hombre; así que el pecado y el cuerpo de pecado todavía están presentes, pero el viejo hombre el cual se encontraba entre ellos fue anulado. El hombre como persona sigue existiendo, pero el pecado no puede manipular al hombre nuevo. Aunque el pecado (singular) permanece, ya no somos sus esclavos; ya no somos esclavos del pecado porque el hombre viejo, el cual incitaba al cuerpo a pecar, ha sido crucificado. ¿Qué ocurre entonces con el cuerpo? Antes practicaba el pecado, ahora quedó sin utilidad.
En Hebreos 1:3 al decir que el Señor efectuó la purificación de los pecados, no se refiere a la raíz del pecado (singular), sino que el castigo por los pecados (en plural) ha sido eliminado.
¿Cómo podemos explicar el versículo que dice: “He aquí, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn. 1:29)? Puesto que el pecado del mundo está en singular, ¿indica esto que la raíz de pecado ha sido erradicada? No, porque eso significaría que la raíz de pecado de los creyentes quedaría eliminada junto con la de todo el mundo. El significado de este versículo es que el Cordero de Dios resolvió el problema del pecado para todo el mundo, no que haya eliminado la raíz del pecado de todo el mundo, y esto concuerda con Romanos 5:12, que dice: “El pecado entró en el mundo por medio de un hombre”. El pecado debe ser eliminado por otro hombre. El Señor quitó de en medio el pecado del mundo y resolvió el problema.
¿Cómo resolvemos el problema del pecado (singular)? “Así también vosotros, consideraos muertos al pecado” (Ro. 6:11). Por la muerte de Cristo, los pecados (plural) fueron eliminados, mientras que el pecado (singular) fue anulado al morir nosotros juntamente con Cristo. Esto quiere decir que nos consideramos muertos; y si así nos damos por muertos, aunque el pecado todavía tenga el poder de dominar, no podrá vencernos.
Nuevamente encontramos el pecado en singular en 1 Juan 1:7, donde dice: “Pero si andamos en luz, como El está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesús Su Hijo nos limpia de todo pecado”. Este versículo no indica que la sangre del Señor Jesús elimina la raíz del pecado; la primera parte del versículo muestra que si andamos en luz como El está en luz, tenemos comunión unos con otros y luego dice que la sangre de Su Hijo también nos limpia de todo pecado. Si esta limpieza se refiriera a nuestra naturaleza pecaminosa y si anduviéramos en la luz como Dios está en la luz, entonces no tendríamos pecados ni sería necesario que la sangre del Señor Jesús nos limpiase. Cuando andamos a la luz del evangelio, cuando Dios nos ilumina con
Su luz, vemos que la sangre del Señor resuelve todos los problemas en relación con nuestro pecado. El versículo 9 nos muestra claramente que tenemos pecados. Nuevamente tenemos pecados. Por lo tanto, podemos ver que el pecado se refiere al pecado que nos domina como amo, mientras que los pecados se refiere a nuestra conducta. El pecado se refiere al asunto en su totalidad, mientras que los pecados se refiere a los actos específicos.
“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado” (2 Co. 5:21). La palabra pecado está en singular; el Señor Jesús fue hecho pecado, no pecados, por nosotros. ¿Por qué la palabra pecado se usa en singular aquí? Porque el Señor no conoció lo que era el pecado. No sirvió al pecado ni conoció el poder del pecado, mas fue hecho pecado para que Dios lo juzgara. Hacerse pecado significa que Dios lo trató a El como Dios trataría nuestro pecado. Si el Señor se hubiera hecho pecados, también tendría faltas en Su conducta y sería un pecador; también tendría orgullo, celos, inmundicia y demás pecados. Damos gracias a Dios porque El no hizo al Señor Jesús pecados sino que lo consideró el pecado mismo. Cuando el Señor Jesús murió, el problema del pecado del mundo quedó resuelto.
Finalmente, concluyamos con la pregunta que se presenta en el libro de Romanos. Los primeros ocho capítulos se relacionan con el problema del pecado y los pecados. Romanos 1:1—5:11, la primera sección, trata el problema de los pecados; mientras que Romanos 5:12—8:12, la segunda sección, habla del pecado. Con excepción del capítulo siete donde se habla de los pecados, todas las referencias de la segunda sección aparecen en singular. La primera sección abarca el aspecto de los pecados específicos de nuestra conducta, los cuales deben ser eliminados. Por lo tanto el Señor Jesús vino para quitar de en medio nuestros pecados. La segunda sección dice que Dios no sólo perdona nuestros pecados, sino que nos libra del pecado que nos domina; Dios no sólo perdona nuestros pecados y nos libra del castigo sino, que además nos salva del pecado y de pecar.
En la primera sección se muestra la sangre preciosa, mientras que la segunda sección habla de la cruz. La primera sección es la resurrección del Señor por nosotros, mientras que la segunda sección muestra que resucitamos juntamente con el Señor. La primera sección habla de la crucifixión y el derramamiento de la sangre por nosotros, y la segunda sección muestra que fuimos crucificados juntamente con El. La primera sección habla del perdón, y la segunda, de la liberación. La primera sección presenta la justificación, y la segunda, la santificación. En la primera sección se resuelve el castigo que merecemos por pecar, mientras que en la segunda somos librados del poder del pecado. Todos necesitamos experimentar estas dos secciones.
Cuando uno cree en el Señor, se preocupa por todos los pecados que ha cometido; cada pecado es confesado, y uno se da cuenta de que no había nada bueno ni por dentro ni por fuera de uno, y se pregunta cómo el Dios justo le pudo perdonar los pecados. Cuando comprendemos que el Señor llevó sobre Sí todos nuestros pecados y que Su sangre nos limpió y nos concedió el perdón, nos regocijamos. Dado que nuestros pecados fueron perdonados podemos levantarnos por la gracia de Dios y regocijarnos en la esperanza de la gloria de Dios. Ahora podemos obrar bien. Pero día tras día descubrimos que todavía
mentimos como lo hacíamos antes. ¿Qué debemos hacer? Pedirle al Señor que nos perdone. El sigue perdonándonos, y Su sangre todavía es eficaz. Uno decide no volver a pecar. Al principio todo va bien pero a medida que transcurre el tiempo, uno se descuida y vuelve a pecar; acude nuevamente al Señor, pide perdón y decide nuevamente no volver a pecar, pero vuelve a pecar y a tropezar. Al comienzo de la vida cristiana uno no sólo reconoce la perversidad de sus pecados externos sino que percibe que el pecado interno se enseñorea de uno. Tomemos por ejemplo, una persona que se dedica a los juegos de azar; antes ella reconocía que su conducta no era apropiada, pero desde que creyó en el Señor, se da cuenta de que dentro de ella hay un amo muy poderoso que la induce a hacer cosas que no quiere hacer, pero al final las hace. Cada uno de nosotros tiene un pecado específico que lo enreda. Recordamos lo felices que nos sentíamos cuando fuimos salvos, pero ahora sufrimos más que cuando no lo éramos. ¿Cómo podemos vencer los pecados? Le preguntamos al Señor si hay una salvación más profunda. Romanos 5:12—8:39. Si la sangre fuera todo lo que Dios necesitara, El habría podido usar otro método para hacer que el Señor Jesús derramara Su sangre. ¿Por qué tuvo que morir en la cruz el Señor? Porque Dios no sólo quiso mostrarnos que el castigo por nuestra conducta era perdonado por medio del Señor, el Salvador, sino que, además, nuestra persona fue crucificada juntamente con El. El Señor Jesús fue a la cruz por nuestros pecados y nos incluyó en Su crucifixión para que fuésemos crucificados juntamente con El. No sólo los pecados del impío están en la cruz sino que él mismo fue clavado en la cruz. No sólo la sangre del Señor Jesús derramada en la cruz limpió nuestros pecados, sino que también Dios tomó Su muerte como la nuestra hace mil novecientos años. Al principio creímos que el Señor Jesús murió por nosotros, y hoy sabemos que Su muerte es nuestra muerte, y aunque el pecado todavía está presente, ya no puede inducir a aquel que está muerto ya que dicha persona, ya muerta, ha sido librada del pecado. Una vez que el hombre muere, el pecado no puede actuar porque aunque el pecado esté vivo, la persona está muerta. Dios perdona nuestros pecados externos, pero no perdona nuestro pecado interno. El crucificó nuestro viejo hombre para que el pecado que mora en nosotros no tenga poder para arrastrarnos. Puesto que ya nos damos por muertos, no tenemos que procurar morir; es decir, no creemos que debemos morir porque ya estamos muertos. Cuando nos sintamos débiles e inmundos, debemos tener presente que Dios ya puso fin a todos estos asuntos en la cruz, y si miramos a Cristo con los ojos de la fe y creemos que fuimos crucificados juntamente con El, veremos el poder de Cristo en salvarnos y librarnos del poder del pecado que está en nosotros. El primer paso de la salvación nos da paz y satisfacción y nos trae alegría. El segundo paso nos da poder para ser librados de pecar y andar en la senda del Señor. Es posible que sintamos la opresión del poder del pecado, pero cuán maravilloso sería que pudiéramos vencerlo. Podemos vencer el poder del pecado mediante la liberación, no mediante el perdón. Ya que el amo fue reemplazado, el hombre viejo ya no tiene control sobre nosotros. Todos debemos tomar este camino.

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CALENDARIO MESIANICO, SU PRIMERA VENIDA Y MUERTE EN CALVARIO (leccion 15)

DE HUESOS SECOS A PULMONES LLENOS por Rabi Gustavo Elowitz

PROFECIA MESIANICA; SU PRIMERA VENIDA Y MUERTE EN LA CRUZ leccion 15

Lea Daniel Cap 9:24-27 luego contesta las preguntas.

1. vs 24 ¿Cual pueblo viene bajo esta profecia de 70 semanas? ________________

2. vs 24 ¿Cual es la ciudad santa? ______________________

3. vs 24 ¿Cuantos eventos o resultados sucedieron? _____

4. vs 24 ¿Que tipo de paz o reconciliacion hay antes de “traer justicia perdurable?”

__________________________________________________ _________
5. vs 25 ¿Cuando el autor dice “sabe pues y entiende” cual es la meta del autor?

__________________________________________________ ___________
6. vs 25 La restauracion y la edificacion de Jerusalen empezaria con una _________

7. ¿Cuantas semanas en total pasarian entre la orden y quitando la vida del Mesias?

_______. (vs 26) Si ud tiene el diccionario hebraico de Strongs, la palabra
“semana” aparece bajo #7620 (es un multiple de 7, o una serie de 7) por ejemplo, si uno dijera “dos semanas” profeticamente, seria 14 años

8. ¿Que es 69 x 7 ________

9. ¿En la historia, cuando fue dada esa orden? (Lea Nehemias capitulo 2:1-8) la respuesta es el año 445 antes del Mesias.

10. Versiculos 25 y 26 hablan de eventos que llenan 69 de los 70 semanas. ¿Cuantas semanas fueron referidas en versiculo 27? ______ ________

11. ¿Cuando el Mesias Yeshua realizo el ministerio mesianico de Isaias 35:1-6, Se
hubiera sorprendido la gente acerca de este tiempo? hablando de personas que conocian las santas escrituras? creo que no. Lea Lucas 19:35-44

12. Como se siente Yeshua aqui? triste? o feliz? o los dos?

Para saber la fecha de Calvario, tenemos que hacer matematica simple

483 años x 360 = 173,880 dias. El calendario Judio tiene 360 dias, 173,880 dias de la fecha 14 de Nissan, desde el año 445 antes del Mesias + 173,880 dias = 6 de abril del
año 32 de esta epoca comun. La fiesta de Pascua fue el 6 de abril en aquel año, cuando nuestro Mesias fue crucificado en la cruz por nuestros pecados

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Levitico 4:1-7

LEVITICO 4:1-7
PREGUNTA:
¿Por qué la sangre por la ofrenda del pecado, mencionada en Levítico 4:1-7, se llevaba al tabernáculo de reunión y se rociaba siete veces hacia el velo del santuario delante de Dios y, según la ley sobre la limpieza de los leprosos, en Levítico 14:1-7, la sangre era rociada sobre ellos siete veces?
RESPUESTA
En primer lugar, tengamos en cuenta lo siguiente. Según la Biblia, ¿quién es El que exige la sangre? Dios. ¿Por qué la exige? Cuando los hijos de Israel pecaron, ¿por qué no les perdonó y tuvo misericordia de ellos? Si Dios hubiera hecho tal
cosa, habría actuado fuera de la justicia. ¿Podía el publicano simplemente pedir misericordia y piedad? No, lo que le dijo a Dios fue: “Dios, sé propicio a mí, pecador” (Lc. 18:13). El pecado debe ser juzgado y castigado, y sólo cuando uno se acerque a Dios con la sangre, El puede perdonarle porque sin derramamiento de sangre no hay perdón (He. 9:22). Esta es la justicia de Dios.
Algunos oran así: “Oh, Dios, si quieres perdonarme, por favor hazlo. Si es Tu voluntad el perdonarme, por favor perdóname”, pero el perdón no se relaciona con Su voluntad, pues Dios no otorga el perdón basándose en si quiere hacerlo o no. Aunque Dios es misericordioso y desea ser clemente y perdonarnos, El no puede perdonar sin derramamiento de sangre. Dios sólo puede perdonar cuando la sangre está de por medio porque El es justo.
Al ser rociada la sangre siete veces ante Dios, ella satisface lo que El exige y, por ende, El perdona los pecados del hombre. Cuando hay pecado, debe derramarse sangre, porque éste es el justo requisito de Dios. Supongamos que alguien cometió un asesinato, es llevado a la corte y suplica misericordia. El juez se apiada y le perdona, pero más tarde una segunda persona y una tercera cometen el mismo crimen, y él las absuelve por misericordia. Si les perdona a todos, ocasionaría un caos porque entonces todos los homicidas podrían pedir misericordia y salir en libertad y todos podrían matar impunemente. Si no hubiese castigo por los pecados, reinaría la injusticia.
La ley de Dios determina que todo el que peque debe morir; tiene que haber derramamiento de sangre. El Señor Jesús vertió su sangre preciosa y satisfizo lo que requería la ley de Dios; por lo tanto, somos salvos no sólo por la gracia de Dios sino, mucho más, por Su justicia. La sangre de la ofrenda por el pecado debe ser entregada a Dios, porque sin sangre Dios no puede perdonar aunque lo desee. El no puede perdonar a un pecador si no hay sangre de por medio, debido a Su justicia.
Para poder entender lo que significa la aspersión de la sangre siete veces sobre el leproso, debemos notar que el leproso de Levítico 14:1-7 no quedaba sano después de la aspersión de la sangre, pues ya debía estar sano antes de que le fuese rociada la sangre. ¿Qué quiere decir esto? Puesto que el leproso ya había sido sano, sólo lo era ante los hombres. Para que Dios le considerara limpio debía derramarse la sangre, ya que el requisito de Dios es la sangre. Después de que el leproso fue sano, los hombres le podían aceptar, pero sin la sangre seguía siendo inmundo delante de Dios.
En Mateo 8:1-4 cuando el Señor Jesús sanó al leproso, le ordenó que presentara la ofrenda que Moisés había ordenado (en aquel momento, el Señor no había ido a la cruz; por eso le instó a cumplir el respectivo precepto del Antiguo Testamento). Aunque el Señor le limpió ante los hombres, él todavía no era limpio ante Dios y, por consiguiente, necesitaba el derramamiento de sangre. Esto muestra que no importa cuán honesta o íntegra sea una persona, si no tiene la sangre, sigue siendo inmunda ante Dios.
La sangre satisface los justos requisitos de Dios y es vertida no sólo para purificar nuestra conciencia sino también para cumplir lo que exige la ley de Dios, y sin ella nosotros no podemos ser salvos ya que somos pecadores. No
somos salvos porque lo merezcamos sino porque el Señor vertió Su sangre y Dios nos aceptó. Nos atrevemos a acercarnos a Dios por la eficacia de la sangre que el Señor derramó y no por nuestros propios méritos. La sangre satisface a Dios y hace que El reconozca que estamos limpios. W. Nee
¡Jesus es el Señor!

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Levitico 4:1-7

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Sheriff pone en patrulla policial “En Dios Confiamos” para honrar a Dios

Virginia, EEUU.- El sheriff de los condados de York-Poquoson en Virginia ha añadido en su patrulla el lema nacional de Estados Unidos: “En Dios confiamos”, que ofrece una extensa defensa legal por sus acciones.

El sheriff J.D. “Danny” posó para una foto en la página de Facebook del condado de York que muestra la nueva etiqueta en el vehículo de un sheriff.

En la publicación Diggs dice que su objetivo no es ofender a nadie, sino para honrar a Dios y que lucir el lema en su patrulla “no daña o amenaza a nadie”. También agregó que “no es un intento de instar a alguien a apoyar o convertirse a alguna religión”, escribió Diggs.

“A pesar del hecho de que el lema ha sido un lugar prominente en nuestros símbolos nacionales durante más de cien años, ningún tribunal en cualquier lugar en los Estados Unidos ha dictaminado que la publicación de ‘In God We Trust’ viola la Constitución, explicó.

Los puntos del sheriff son validados con diversos documentos históricos y resoluciones para apoyar su decisión. Un ejemplo es una ley aprobada por la Asamblea General de Virginia en 2002.

“Cada junta de supervisores de cualquier condado y cada ayuntamiento de la ciudad o pueblo en la Comunidad puede publicar un lugar destacado del lema nacional: “En Dios confiamos”, -promulgado por el Congreso en 1956-, en un lugar visible en el gobierno local primario de un edificio administrativo de la jurisdicción para que todos los ciudadanos lo puedan ver”.

Diggs también cita las leyes del Congreso y las sentencias del Tribunal Supremo de EE.UU.
En el Elk Grove Unified Sch. Distrito V. Newdow, la juez Sandra Day O’Connor indicó que no era sorprendente encontrar: “… una nación fundada por refugiados religiosos y dedicada a la libertad religiosa por lo cual se debe encontrar referencias a la divinidad en sus símbolos, canciones, lemas, y juramentos. La erradicación de tales referencias cortaría los lazos con una historia que sostiene a esta nación aún hoy en día”.

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Padres esperaron que su hija resucitara después de tres días de muerta

RETALHULEU, GUATEMALA.- Unos padres cristianos esperaron que su hija resucitara después de tres días de muerta. En clamor, la pareja junto con la familia y hasta la misma iglesia pidieron en oración a Dios que resucitara a Romelia Estefanía.

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Paquistaní rehúsa renunciar a Cristo a pesar de torturas de musulmanes

PAKISTÁN.- Un hombre paquistaní se rehúsa renunciar a Cristo a pesar de haber sido torturado por sus compañeros de trabajo quienes son musulmanes y que han tratado de convertirlo al Islam.

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Iglesia es demolida y sus 200 miembros son detenidos en Cuba

CUBA.- Autoridades del gobierno cubano demolieron un templo evangélico y detuvieron a más de 200 miembros de la congregación, según informa Christian Solidarity Worldwide (CSW).

CSW informó que antes de la demolición de la Iglesia Emanuel, la propiedad del pastor Alain Toledano fue rodeada por funcionarios de gobierno y su esposa, Marilín Alayo Correa, que fue arrestada.

En el transcurso de la destrucción del templo aproximadamente 200 líderes y miembros de iglesia fueron detenidos. Unos 40 fueron llevados a una escuela local, mientras que a los otros los trasladaron a las comisarías en toda la región para que dejaran de protestar por la demolición.

Líderes de la iglesia informaron que muchos fueron golpeados mientras estuvieron detenidos y que el templo y la casa de la familia pastoral fueron totalmente destruidos.

También indicaron que el Gobierno confiscó los bienes que pertenecen a la iglesia, incluyendo sillas, equipos de audio de instrumentos musicales y más de 1.000 bloques de cemento, a pesar del hecho de que la familia Toledano tiene documentos que muestran que estos últimos fueron adquiridos legalmente.

El reverendo Toledano estaba en los Estados Unidos en el momento de la acción gubernamental contra la iglesia. Él le dijo a CSW que cree que el gobierno cubano llevó a cabo intencionalmente el desalojo y demolición cuando estaba fuera del país.

Además, expresó su preocupación por el impacto que causó en sus hijas, de 11 y 12 años de edad, el ver a su madre ser arrestada, y agregó que esta es la segunda vez que han experimentado la destrucción de su hogar y de la iglesia.

La Iglesia Emanuel está afiliada al Movimiento Apostólico, una denominación protestante no registrada en el Gobierno. Según CSW, las autoridades gubernamentales se han negado repetidamente a darle autorización.

Foto: Pastor Toledano predicando en la iglesia Emanuel

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La purificacion de los pecados

LA PURIFICACION DE LOS PECADOS
¿Se efectúa la purificación de los pecados una sola vez o muchas veces?
RESPUESTA
La purificación de los pecados se efectúa una sola vez.
Hebreos 1:3 dice: “Habiendo efectuado la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas”. En este versículo vemos que la obra de Dios de purgar los pecados se llevó a cabo. Hebreos 7:27 dice: “Porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a Sí mismo”. Hebreos 9:12 dice: “Por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, obteniendo así eterna redención”. Hebreos 9:25-26 dice: “Y no para ofrecerse muchas veces…
pero ahora una sola vez en la consumación de los siglos se ha manifestado para quitar de en medio el pecado por el sacrificio de Sí mismo”. Hebreos 10:10, 12 dice: “Por esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre … éste, en cambio, habiendo ofrecido un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado para siempre a la diestra de Dios”. Todos estos versículos nos muestran que la purificación de los pecados se efectuó una sola vez y para siempre.
La sangre de Cristo es preciosa por su eficacia, pues al ser derramada una sola vez fue suficiente para purgar los pecados, para llevar a cabo la purificación; no era así con la sangre de los toros y machos cabríos. Hebreos 10:1-4 dice: “Porque la ley … nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente año tras año, perfeccionar a los que se acercan. De otra manera, ¿no habrían cesado de ofrecerse, por no tener ya los adoradores, una vez purificados, conciencia de pecado? Pero en estos sacrificios año tras año se hace memoria de los pecados; porque es imposible que la sangre de toros y de machos cabríos quite los pecados”. Esta porción nos muestra claramente que la sangre de los toros y de los machos cabríos era sólo un recordatorio anual de los pecados del hombre; por lo tanto, tenía que seguir ofreciéndose. La sangre de los toros y los machos cabríos nunca puede quitar los pecados del hombre, pero la obra de la cruz lo hizo una vez y para siempre; así que no es necesario añadirle nada más.
¿Cómo explicamos entonces 1 Juan 1:7, que dice: “Pero si andamos en luz, como El está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesús Su Hijo nos limpia de todo pecado?” La limpieza que se menciona aquí es perdurable y continua. Existe una diferencia entre continua y repetitiva. Continua indica sin interrupción, sin detenerse; mientras que repetitiva denota volver a hacer el asunto veces varias. La limpieza continua indica que la sangre tiene eficacia perdurable ante Dios, que su efecto continúa, por lo cual no es necesario derramarla nuevamente. La sangre preciosa nos da amplia libertad ante Dios. Si no comprendemos la eficacia que tiene la sangre del Señor ante Dios, entonces consideraremos la sangre del Señor igual a la de los toros y machos cabríos. Aun después de que el hombre haya cometido pecados, la sangre no lo limpia otra vez, sino que cuando él confiesa los pecados, cree que la sangre lo lavó y obtiene la paz.
Supongamos que un pecador quiere ser salvo. ¿Llega a ser salvo por creer que Cristo murió por él, o porque Cristo viene a morir por él en ese momento? El pecador es salvo cuando cree que Cristo ya murió por él. Cuando un creyente comete algún pecado, ¿obtiene la paz al creer que la sangre de Cristo le ha limpiado de sus pecados, o al creer que Cristo viene nuevamente a derramar Su sangre y limpiarlo? Obtiene la paz al creer que la sangre de Cristo ya lo lavó.
Veamos lo que en tipología significan las cenizas de una becerra alazana (rojiza) descrita en Números 19. La becerra tenía que reunir tres condiciones: (1) no debía tener mancha ni defecto, lo cual tipifica la ausencia total de pecado del Señor; (2) nunca se le había puesto yugo, lo cual tipifica que el Señor jamás fue esclavo de Satanás; y (3) debía ser alazana, de color rojizo, lo cual significa que el Señor cargó con nuestros pecados. El color rojo tipifica el pecado, según se muestra en Isaías 1:18: “Si vuestros pecados fueren como la grana … si fueren rojos como el carmesí”. El color rojo se encuentra en la piel y el pelo de la
becerra y no en su interior, lo cual es semejante al Señor Jesús, que no tiene pecado, pero llevó sobre Sí los pecados del hombre. La becerra alazana es sacada del campamento para ser quemada fuera (Nm. 19:3), igual que el Señor, el cual padeció fuera de la puerta (He. 13:12). La becerra alazana era usada como ofrenda por la expiación de los pecados (Nm. 19:4) y su sangre era rociada sobre el tabernáculo de reunión, pero si se usaba para la purificación, se rociaba sobre el individuo. Esta becerra era quemada de un modo diferente al de los demás sacrificios: “Y hará quemar la vaca ante sus ojos; su cuero y su carne y su sangre, con su estiércol, hará quemar. Luego tomará el sacerdote madera de cedro, e hisopo, y escarlata, y lo echará en medio del fuego en que arde la becerra” (Nm. 19:5-6). La madera de cedro y el hisopo representan toda la creación (1 R. 4:33: “desde el cedro … hasta el hisopo”), y la escarlata representa el pecado. Estos pasajes nos ayudan a entender que todos los pecados del mundo, desde Adán, fueron incluidos en la muerte del Señor Jesús. Cuando el Señor llevó nuestros pecados a la cruz, se efectuó la obra más completa e ilimitada de todo el universo, a la cual nada se le puede añadir.
Aunque la becerra alazana moría, las cenizas permanecían, lo cual demostraba que la becerra había sido sacrificada. ¿Para qué servían las cenizas? “Y para el inmundo tomarán de la ceniza de la vaca quemada de la expiación, y echarán sobre ella agua corriente en un recipiente … y el limpio rociará sobre el inmundo … y cuando lo haya purificado al día séptimo…” (Nm. 19:17, 19). Las cenizas cumplían la función de quitar los pecados continuamente, lo cual indica que cuando creímos en la muerte substitutiva del Señor, nuestros pecados fueron perdonados y por esto tenemos que confesar continuamente nuestros pecados y obtener el perdón. La limpieza que se menciona en 1 Juan 1:7—2:1 corresponde a la acción de las cenizas de la becerra roja.
Tengamos presente que si nosotros, infortunadamente cometemos pecado, no es necesario que otra vaca alazana sea sacrificada, pues las cenizas de la primera conservan su eficacia ante Dios. Damos gracias a Dios porque Cristo cargó con todos nuestros pecados en la cruz, y no sólo pagó nuestras deudas pasadas sino que El ha dejado suficientes fondos para pagar todas nuestras deudas futuras. ¡Esta es la obra de Dios! ¡Este es el evangelio! W. Nee
¡Jesus es el Señor!

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La purificacion de los pecados

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