Amenaza de persecución de cristianos motiva a reunión histórica entre Papa y patriarca ortodoxo

RUSIA.-El Papa Francisco protagonizará un histórico encuentro con el patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa el próximo viernes, 12 de febrero en Cuba. La reunión es la primera entre los líderes de sus dos denominaciones desde 1054, cuando se produjo la ruptura que dio origen a la Iglesia Ortodoxa. Esta reunión que será histórica ha sido motivada por la persecución religiosa de los cristianos.

Desde que asumió el papado, Francisco se ha dedicado a traer a las diferentes tradiciones cristianas, que ha definido como un esfuerzo conjunto para hacerle frente a los difíciles tiempos actuales. En más de una ocasión, el Papa ha pedido perdón a los cristianos protestantes por la persecución católica de siglos atrás.

Ahora, ocurrirá el primer encuentro entre un Papa y un patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa en casi mil años, el objetivo es establecer los puntos para actuar en la lucha contra la persecución de los cristianos, promovida por grupos fundamentalistas alrededor del mundo, principalmente por musulmanes.

De acuerdo con información de la Agencia Brasil, el jefe de Asuntos Exteriores de la Iglesia Ortodoxa Rusa, Hilarión de Volokolamsk, “el tema de la persecución de los cristianos será fundamental para esta reunión”.

La división

La Iglesia Ortodoxa Rusa surgió después de la ruptura de 1054, cuando la rama oriental de los cristianos rompió con la Iglesia Católica debido a las diferencias teológicas. Desde entonces, la denominación con sede en Roma ha crecido hasta convertirse en la religión de 1.2 mil millones de cristianos en todo el mundo, en cuanto a los ortodoxos suman 250 millones de fieles, básicamente restringiendo a Grecia, Rusia, Ucrania y otros países vecinos. La Iglesia Ortodoxa Rusa tiene más de la mitad de estos fieles, que asciende a 130 millones.

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La transgresion y la iniquidad

¿Cuál es la diferencia entre “la transgresión” y “la iniquidad” según la Biblia?
RESPUESTA
“La transgresión” y “la iniquidad” son términos usados en el Antiguo Testamento y presentan dos aspectos del pecado. La transgresión es específica mientras que la iniquidad es general. La transgresión se relaciona con nuestro comportamiento, y la iniquidad se refiere a nuestra condición delante de Dios. Si transgredimos en este mundo, cometemos iniquidad delante de Dios. El salmo 32:5 nos dice: “Confesaré mis transgresiones a Jehová; y tú perdonaste la iniquidad de mi pecado”. Y en Jeremías 33:8: “Y los limpiaré de toda su maldad [o iniquidad, heb. avon] con que pecaron contra mí; y perdonaré todos sus pecados [heb. avon] con que contra mí pecaron, y con que contra mí se rebelaron”. Con estos versículos podemos ver que la iniquidad se refiere a la condición del hombre ante Dios después de haber transgredido o pecado. Cada vez que el hombre peca, ofende a Dios y le desobedece, comete iniquidad ante El. En Exodo y en Levítico se menciona frecuentemente lo que los sacerdotes tenían que hacer en el Lugar Santo con el fin de expiar el pecado del hombre. La palabra traducida faltas o pecado es avon, que significa “iniquidad”, no pesha, que quiere decir “transgresión” (Ex. 28:38, 43; Lv. 5:1, 17). Puesto que la iniquidad es un asunto delante de Dios, debe ser expiada en el Lugar Santo. En Daniel 9:24 se menciona la transgresión y los pecados: “Terminar la prevaricación [pesha], y poner fin al pecado”, pero cuando se refiere a la iniquidad dice: “Expiar la iniquidad” puesto que este asunto se presenta delante de Dios. También podemos ver que Sodoma fue destruida porque su iniquidad había llegado al colmo ante Dios (Gn. 19:15; 15:16).
Cuando el Antiguo Testamento habla de transgresión, se refiere al comportamiento y a las acciones, lo cual vemos en Job 36:9 donde dice: “El les dará a conocer la obra de ellos y que prevalecieron sus rebeliones [pesha]”; y en Proverbios 12:13 dice: “El impío es enredado en la prevaricación [pesha] de sus labios”. En Proverbios 28:24: “El que roba a su padre o a su madre, y dice que no es maldad [pesha], compañero es del hombre destruidor”. En Miqueas 1:5 dice: “Todo esto es por la rebelión [pesha] de Jacob, y por los pecados de la casa de Israel. ¿Cuál es la rebelión [pesha] de Jacob? ¿No es Samaria? ¿Y cuáles son los lugares altos de Judá? ¿No es Jerusalén?” Ser orgulloso, robar a los padres y adorar ídolos son transgresiones. Ezequiel 18:30-31 dice: “Por tanto, yo os juzgaré a cada uno según sus caminos, oh casa de Israel, dice Jehová el Señor. Convertíos, y apartaos de todas vuestras transgresiones, y no os será la iniquidad causa de ruina. Echad de vosotros todas vuestras transgresiones con que habéis pecado, y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo. ¿Por qué moriréis, casa de Israel?”. Amós 1:3 dice: “Así ha dicho Jehová: Por tres pecados [pesha] de Damasco, y por el cuarto, no revocaré su castigo; porque trillaron a Galaad con trillos de hierro”. Vemos que la transgresión es un asunto muy serio ya que produce iniquidad, pero damos gracias a Dios porque debido a la obra redentora de Cristo, la iniquidad y las transgresiones fueron eliminadas. “Mas él herido fue por nuestras rebeliones [pesha], molido por nuestros pecados [avon]” (Is. 53:5). W. Nee
¡Jesus es el Señor!

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La transgresion y la iniquidad

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Emboscados – DVDRip

Descripción:
Piolín y Amanda nunca se imaginaron lo que un paseo podria provocar!

Una película llena de emoción y aventura que se desarrolla
en un pueblo llamado “La armadura”, donde Dudley,
el abuelo y sus amigos Piolín y Amanda aprenden
acerca de la Armadura de Dios descrita en
Efesios 6:11.

Informacion:
Duracion: 60 Minutos aprox.
Audio: Español Latino
Compañia: Harvest Production

Capturas:

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Emboscados – DVDRip

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Experto dice que hay cristianos que confunden la iglesia con “emoción espiritual”

EE.UU.- La práctica de obtener visitas a las iglesias es relativamente común en los círculos evangélicos en diversas partes del mundo. Sus adeptos no tienen mucho tiempo para frecuentar la iglesia, o involucrarse con la iglesia local. En general, los que hacen esto son las personas que buscan continuamente una cierta experiencia espiritual que apele a sus emociones.

Jeanie Miley es una estudiosa del tema que investiga por lo cual ha escrito al respecto. Esposa de un pastor de la Iglesia Bautista de River Oaks, en Texas, ella tiene una experiencia personal, después de haber conocido muchos de los que hacen esto. Para ella, este comportamiento podría compararse a los adictos. Estas personas buscan constantemente un “sentir” de la presencia de Dios en sus vidas.

La experta afirma que estos cristianos, confunde a la iglesia con una “emoción espiritual” que debe ser perseguida continuamente. “Nuestra cultura parece estar atraída por aquello que nos causa escalofríos o nos ayudarnos a salir de la rutina”, dijo. “Esto, en cierto modo, nos libera de las sensaciones como el vacío, el dolor o el aburrimiento”.

Esto puede ocurrir cuando escuchan sermones “emocionantes” de pastores o participan en un período de adoración particularmente agitado. Otros quieren oír preferentemente sobre un tema, como el fin de los tiempos. Hay aquellos que simplemente quieren “sentir el fuego”.

Los cristianos que se esfuerzan continuamente por estar en un local donde quieren vivir ese “momento espiritual arrebatador” necesitan ayuda, defiende Miley. “Si la religión viene a ser experimentada como una adicción, puede dejar a la gente fuera de sí misma”, afirma.

La pastora y escritora Lucy Worley también estudia esta cuestión. Informa que incluso vivió una etapa de su vida en la búsqueda de este tipo de “experiencias espirituales intensas”. Ella suspira: “Durante mucho tiempo pensé que algo estaba mal conmigo. Al final, yo no sentía más aquello que experimenté cuando me convertí al Señor”.

En un artículo reciente de la revista Relevant, Worley dijo que “aquel sentimiento del corazón ‘en llamas’ que tenía cuando era un nuevo convertido, era imposible que se repitiera”.

Ella temía que la ausencia de estos sentimientos de alguna manera “invalidaran” su fe. “Tuve algunas experiencias muy intensas después de mi nuevo nacimiento, y empecé a asociar estas intensas emociones en una relación sana con Dios”.

La pastora hace una analogía, comparando la sensación de una escalada. “Me gustaba quedarme en lo alto de la montaña, no quería perder eso”. Con el tiempo, ella dijo que aprendió que al no tener más esas sensaciones intensas podría tener experiencias más enriquecedoras que sirvieran para fortalecer su fe. Para ella, esta es una señal de la madurez cristiana.

Foto: Evangélicos adorando

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Nuevas leyes restringen la libertad religiosa en China

CHINA.- La ONG Human Rights Watch (HRW) comunicó la semana pasada en su informe numero 26 sobre los derechos humanos en más de 90 países, destacando algunos países donde la libertad religiosa y de expresión son amenazadas. China es una de las naciones que han violado las normas internacionales de derechos humanos.

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Evangélicos regresan a casa tras haber sido expulsados por no renunciar a su fe

MEXICO.- Dos evangélicos firmaron un acuerdo esta semana con la supervisión de funcionarios de Chichiltepec, en el estado mexicano de Hidalgo, para garantizar el regreso a sus hogares con garantías de respetarse su libertad religiosa, informa Christian Solidarity Worldwide (CSW). Casto Hernández Hernández, de 31 años, y su primo Juan Plácido Hernández Hernández, de 26 años, ambos miembros de la Iglesia Pentecostal Unida de México, fueron desalojados por la fuerza en marzo de 2015, después de negarse a renunciar a su fe protestante. Fueron encarcelados por los funcionarios del pueblo de Chichiltepec el 12 de marzo.

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ONU promueve homosexualismo con emisión de sellos sin consenso de países

EE.UU.- Una pareja homosexual de hombres y otra de mujeres besándose; otra pareja -también homosexual- que aparece con un niño pequeño, una mariposa que representa a un transexual son los sellos con los que la ONU reivindica los derechos de los homosexuales y transexuales (LGTB).

Este anuncio se produjo en la sala de la Asamblea General en la sede de la ONU en Nueva York. Al acto acudieron invitados representantes de un coro gay, que cantaron “estaciones del amor” en el musical de Broadway, así como otras canciones de amor populares.

La encargada de presentar el acto fue una corresponsal de Reuters en la ONU “¿Quién me habría dicho que estaría tan entusiasmada con sellos en la era digital?”. Por ello animó a la compra de estos sellos para “difundir el mensaje”.

Por otra parte, un representante del secretario general del organismo internacional instó a todos a “cambiar los estereotipos y las actitudes” respecto a los LGTB.

Pero hay países que ya han reaccionado contra esta campaña. Qatar y Egipto enviaron una carta al secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, en la que le pidieron que impidiera la emisión de estos sellos y cancelara el evento.

Asimismo, recordaron al máximo mandatario que “ningún tratado de las Naciones Unidas incluye los derechos LGTB ni protege la conducta homosexual”. En realidad la polémica respecto a todo lo relacionado con el mundo LGTB no es nueva. En 2012 el secretario general de la ONU puso en marcha la campaña sin que recibiera el apoyo de todos los miembros de las Naciones Unidas.

El embajador de Nigeria ante la ONU, Usman Sarki, ha sido uno de los que se ha pronunciado en contra. Hasta el punto de trasladarle su queja a Ban Ki-moon. “Estamos angustiados y alarmados de que las Naciones Unidas haya adoptado una postura activista sobre un asunto que no goza de consenso”.

] Sarki acusa a la ONU de actuar al margen de la mayoría de las poblaciones y de tratar de imponer un estilo de vida determinado.

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La gracia

LA GRACIA
La gracia es:
1. ¿Dar al hombre lo que merece?
2. ¿Complementar lo que el hombre merece?
3. ¿Retener lo que el hombre no merece?
4. ¿Dar menos porque el hombre no merece más?
5. ¿Convertir al beneficiario en deudor?
6. ¿Perdonar directamente los pecados del pecador?
7. ¿Perdonar directamente los pecados del creyente?
La Biblia dice: “Porque por gracia habéis sido salvos” (Ef. 2:8). Puesto que tal es el caso:
1. ¿Quiere Dios que el hombre haga el bien antes de ser salvo?
2. ¿Salva Dios al hombre después de que éste ha hecho lo que puede?
3. ¿Puede Dios no salvar a una persona porque no es buena?
4. ¿Puede Dios no salvar a una persona porque ésta es inferior a otra?
5. ¿Es correcta la expresión “gracia restitutiva”?
6. ¿Perdona Dios gratuitamente al pecador por pura misericordia?
7. ¿Perdona Dios gratuitamente al pecador por puro amor?
RESPUESTAS
El problema del hombre radica en que mide su corazón como si fuera el de Dios. El corazón del ser humano es un corazón regido por la ley, no por la gracia; pensamos que el corazón de Dios es como el nuestro; es por eso que no entendemos el corazón de Dios.
Debemos entender claramente lo que significa la gracia:
(1) La gracia no consiste en conceder al hombre lo que merece. Romanos 4:4 dice: “Ahora bien, al que obra no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda”. En otras palabras, la gracia consiste en recibir lo que uno no merece. Si la gracia consistiera en recibir lo que uno merece, entonces el significado mismo de gracia sería nulo. La gracia es gracia porque no incluye mérito alguno. Efesios 2:8 dice: “Porque por gracia habéis sido salvos”. El hecho de que uno haya sido salvo demuestra que esto se produce por la gracia, no porque uno mereciera ser salvo. Leemos en Romanos 3:24: “Siendo justificados gratuitamente por Su gracia”. ¿Qué significa “gratuitamente”? En el idioma original esta palabra es la misma que consta en Juan 15:25 cuando el Señor dice: “Sin causa me aborrecieron”. Al decir que la gracia de Dios justifica gratuitamente a una persona, simplemente nos referimos a que Dios justifica a una persona sin causa alguna. Examinemos los siguientes versículos: “Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado” (Gá. 3:22); “Porque Dios a todos encerró en desobediencia” (Ro. 11:32). Dios ha puesto a todos los hombres en la misma posición para que ninguno sea salvo por sus buenas obras y para que todos los seres humanos sean salvos por la gracia. Si le preguntáramos a Pablo cómo fue salvo, él contestaría sin vacilar que fue salvo por gracia, y si preguntáramos a todos los santos cómo fueron salvos, también contestarían con plena certeza que fueron salvos por la gracia de Dios. La gracia de Dios salva a la humanidad sin causa alguna.
(2) La gracia tampoco es un complemento a lo que el hombre merece. Efesios 2:9 dice: “No por obras, para que nadie se gloríe”, lo cual no quiere decir que el hombre no deba hacer buenas obras después de ser salvo, sino sencillamente que no es salvo por hacerlas. Si el hombre fuera salvo por hacer buenas obras, éste se podría vanagloriar; si el treinta por ciento de la salvación del hombre dependiera de las obras, el hombre se gloriaría de ese porcentaje, y Dios perdería el treinta por ciento de la gloria. Si el diez por ciento de la salvación dependiera de las obras, el hombre se gloriaría de ese porcentaje, y Dios perdería el diez por ciento de la gloria. Dios no comparte Su gloria con el
hombre ya que El aborrece la gloria del hombre. De hecho, la intención de Dios es obtener la gloria; por lo tanto, la gracia de Dios no es un complemento a lo que el hombre merece.
La gracia no es concedida ni al que la merece ni es dada al hombre como una añadidura a lo que merece. Tampoco es una compensación justa ni es una bonificación. Las preguntas que surgen como por ejemplo si Dios da gracia o si el hombre la merece, no tienen relación alguna con la gracia. Si el hombre desea recibir gracia, no debe preguntarse si la merece o no, ni tampoco si se encuentra en una posición mejor o peor para recibirla. En cuanto a la salvación, el hombre no puede valerse de sus obras para obtener la gracia.
Muchos piensan: “Voy a tratar de hacer lo posible por cumplir la ley y además confiaré en la gracia de Dios en aquello que no pueda hacer”. Esto indica que confían parcialmente en las obras y parcialmente en la gracia. En cierta ocasión un hombre dijo: “Debemos cumplir los Diez Mandamientos, de lo contrario no podremos ser salvos”, a lo cual alguien le preguntó: “¿Has quebrantado alguno de los Diez Mandamientos?” El respondió: “Sí lo he hecho”. Y le preguntaron nuevamente: “¿Qué haces después de la transgresión?” Replicó: “Confío en la gracia de Dios en lo que no puedo cumplir”. Este es uno de los errores más comunes en lo que se refiere a gracia.
En Mateo 19 un joven se acercó al Señor Jesús y le preguntó: “¿Qué bien he de hacer para tener la vida eterna?” (v. 16). El Señor le dijo: “Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos” (v. 17). El joven respondió que todos los había guardado. Mas cuando Jesús le dijo: “Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres” (v. 21), el joven fue incapaz de hacerlo. Si el hombre desea ser salvo por cumplir la ley, debe cumplirla en su totalidad; no sólo tiene que amar a Dios con todo su corazón, con toda su alma y con todas sus fuerzas sino que también tiene que dar todo lo que posee sin dejar nada para sí. Si el hombre confía en la gracia de Dios, tiene que confiar plenamente en ella. El hombre no puede hacer la mitad del trabajo y dejar a Dios la otra mitad, ya que la gracia no es un complemento para las incapacidades del hombre; si confiamos en la gracia de Dios, todo lo obtenemos por la gracia de Dios, y si confiamos en las obras del hombre, todo lo debemos obtener por obra del hombre. No se puede confiar por un lado en las obras de uno y por otro en la gracia de Dios.
Podemos confiar totalmente en la gracia porque la muerte del Señor ya se efectuó, y por ella Dios pone a todos los pecadores en la misma posición. Cuando Jesús fue crucificado, Dios “cargó en él el pecado de todos nosotros” (Is. 53:6). El problema del pecado fue resuelto de una sola vez y para siempre; por lo tanto el hombre no puede confiar en sus propios méritos ante Dios, porque en ese caso la obra del Señor no tendría ningún valor, y Su muerte sería en vano.
(3) La gracia no consiste en privar al hombre de algo que no merece. (Esta pregunta es semejante a la primera, pero tomada desde el ángulo opuesto). La gracia es concedida al hombre porque éste no la merece. Cuando un hombre se da cuenta de que es débil y de que no tiene salida, apela a la gracia, y cuando Dios ve al hombre en esa situación, imparte la gracia. Si el hombre todavía se siente fuerte, no se dará cuenta de que necesita la gracia, y Dios tampoco se la
otorgará. La incapacidad del hombre no impide que Dios le dé la gracia; por el contrario, ésa es la única condición para que Dios la otorgue.
Una vez un hermano dijo: “La gracia es abundancia de benignidad expresada en abundancia de bondad”. ¿Qué significa la gracia? La gracia fluye de arriba abajo. ¿Qué es el amor? El amor consiste en tratarnos los unos a los otros equitativamente. ¿Qué es el respeto? El respeto consiste en honrar a nuestros superiores. La gracia fluye desde arriba hacia abajo, va en una sola dirección; así que si uno desea recibir gracia, debe reconocer que es un pecador desahuciado, y Dios lo considerará apto para recibirla. A muchas personas les disgusta la gracia porque ella requiere que uno reconozca su total incompetencia. La gracia exige que uno reconozca que es perverso. Así como una taza puesta boca abajo no puede contener agua, una persona orgullosa no puede recibir la salvación, pues no está dispuesta; uno debe admitir que es inútil para poder recibir la gracia de Dios.
(4) La gracia no consiste en conceder poco porque el hombre no lo merezca. (Este es el reverso del segundo punto.) Dios no ha pasado por alto el pecado del hombre. El es estricto y específico cuando se trata del pecado, y por medio de Su Hijo resolvió este asunto completamente. Entonces, ¿por qué surgen interrogantes en cuanto a si el hombre merece la gracia o no? La gracia de Dios no tiene nada que ver con ser merecedor ni con ser digno, ya que todos los hombres son iguales ante El y todos pueden recibir Su gracia.
Dios no se abstiene de otorgar la gracia porque el hombre no sea merecedor o digno; al contrario, El la concede debido precisamente a que el hombre no es digno. Dios no hace acepción de personas ni estima quién es más digno ni quién lo es menos; tampoco concede más gracia a aquellos que son más dignos, ni a los menos dignos da menos gracia.
Dios no otorga menos gracia a aquellos que tienen muchos pecados y más gracia a aquellos que tienen pocos. Dios no usa la gracia para remendar los defectos de los pecadores. La condición del pecador, sus obras y sus méritos (sean grandes o pequeños) son desechados.
Debido a la naturaleza de la gracia, no depende en absoluto de la condición del que la recibe. Este no necesita ser apto para recibirla ya que la gracia se concede a aquellos que no la merecen independientemente de su condición; en consecuencia, no reciben menos gracia aquellos que merecen menos, ya que en dicho caso la condición del hombre sería un requisito para recibirla. La gracia no se concede a una persona que reúna los requisitos, ni a algunos que son mejores que otros. La gracia de Dios es abundante y amplia, y se concede a todos los pecadores. Aquellos que creen estar bien, necesitan la gracia de Dios tanto como aquellos que reconocen que son terribles pecadores.
Algunos piensan que una persona buena merece más gracia, pero a los ojos de Dios, todos los hombres son iguales. Supongamos que varios platos se caen al piso. Algunos se quiebran por la mitad, otros en cinco pedazos y otros quedan completamente despedazados; pese a las diferencias de los pedazos, todos los platos se quebraron. Uno puede ser un pecador “mejor” o un pecador “peor”,
pero sigue siendo al fin y al cabo un pecador. La Biblia dice que todos somos pecadores y que Dios envió al Señor Jesús para que muriera por nosotros y nos concediera a cada uno la oportunidad de ser salvo. Si en el mundo existiera un solo pecador que necesitara ser salvo, Dios enviaría a Su Hijo para que muriera por él. Esto lo podemos apreciar en la parábola del pastor que tiene cien ovejas. Fue en busca de la oveja perdida y dejó las noventa y nueve en el redil (Lc. 15:3- 4). Así que, mientras usted sea un gran pecador o un pequeño pecador, y en tanto que sea la oveja perdida, necesita la muerte del Señor Jesús.
(5) La gracia no convierte al que la recibe en un deudor. Una deuda significa que uno recibe cierta cantidad de dinero, la cual puede disfrutar ahora pero tendrá que pagarla posteriormente. Los sueldos van de acuerdo al trabajo realizado. La gracia no consiste en que a uno se le preste algo temporalmente ni en que reciba un salario de acuerdo a las capacidades. Dios nos salva por gracia; por lo tanto, El no nos ha prestado la salvación; si fuera un préstamo, entonces no sería gracia. Recibir gracia no indica que Dios vea escasez de mérito en la labor que realicemos para nuestra salvación y que por eso nos la presta para que podamos, con el tiempo, utilizar nuestras obras con el fin de conservar la salvación. La gracia es gratuita y se aplica al pasado, al presente y al futuro, y si Dios nos concede algo y espera que le paguemos más tarde, entonces es un préstamo, y no es gracia. La gracia se concede gratuitamente a todos los que son indignos y no la merecen. No hay precio que se pueda pagar por ella ni para el pasado ni para el presente, y tampoco hay ninguna necesidad de pagar en el futuro.
Los hombres tienen el concepto erróneo de que la salvación se recibe por gracia, pero depende de ellos conservarla. Este es un error garrafal. La Biblia nunca dice que la gracia nos convierta en deudores. Romanos 6:23 dice: “Mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”. ¿Cuál es la característica de la vida eterna? Es un regalo u obsequio que Dios nos concede. ¿Acaso se devuelve un regalo? Necesitamos ver claramente que la gracia no es un préstamo; no tiene que pagarse hoy ni dentro de muchos días; esto no significa que los creyentes no necesitan hacer buenas obras ni servir a Dios fielmente. Después de ser salvos, debemos hacer buenas obras y servir a Dios fielmente, pero el motivo por el que lo hacemos debe ser el amor al Señor, y la energía que usemos en ello debe ser el Espíritu Santo. Hacer buenas obras y servir al Señor fielmente no tienen como fin obtener la salvación ni conservarla; tampoco cumplen el propósito de cancelar la deuda de la salvación. Así como Dios nos salvó por Su amor para con nosotros, debemos nosotros servirle por amor a El, y así como Su salvación no es un préstamo, nuestro servicio fiel a El no es el pago de la deuda.
Muchas personas no entienden la gracia de Dios; piensan que la gracia significa que Dios está dispuesto a salvar a una persona independientemente de que lo merezca o no y que después de la salvación Dios se la retirará si no hace el bien. Esto es como comprar mercancías a plazos; uno recibe la mercancía, pero tiene que pagar el costo en el plazo especificado, pues si uno no lo cancela a tiempo, la entidad crediticia exigirá su devolución. Este es un significado completamente tergiversado de lo que es la gracia; la vida eterna que Dios concede al hombre cuando lo salva no tiene que pagarse a plazos ya que Dios no le quita la vida eterna a quien salva, aunque éste no haga buenas obras después de experimentar la salvación.
Debido a que la vida eterna es un regalo, no es necesario pagarla; la idea de pagar es equivocada, ya que servimos al Señor por amor. Por ejemplo si su padre le da un regalo, pero usted trabaja día tras día y mes tras mes, hasta pagar el costo exacto del obsequio que él le dio, ¿No será como si uno hubiera comprado el regalo? La gracia nunca tiene precio ya que si lo tuviera, no sería gracia.
(6) La gracia no perdona los pecados del hombre directamente. Este interrogante se ha entendido mal entre muchos creyentes, quienes piensan que Dios perdona los pecados por ser magnánimo o tolerante, pero la Biblia no dice eso. Romanos 5:21 dice: “Para que así como el pecado reinó en la muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro”. El pecado reina solo, pero la gracia reina por la justicia; la gracia no reina aislada. Debemos entender que Dios no sólo concede gracia sino que también es justo, y no sólo se deleita en salvar al hombre sino también en salvaguardar la salvación de éste con la justicia. El hecho de que Dios nos concede gracia no significa que Dios sea generoso por perdonar nuestros pecados. Por el contrario, Dios planeó la solución al problema de nuestros pecados y nos concedió la oportunidad de ser salvos. Si interpretamos erróneamente lo que es la gracia y simplemente la consideramos como liberalidad por parte de Dios, entonces la cruz sería innecesaria y carecería de significado. Ciertamente sin el amor de Dios no existiría la cruz de Cristo, y tampoco existiría si El sólo tuviera amor sin Su justicia. Dios sabe que pecamos y, por ende, no puede pasar por alto nuestro pecado. En vista de que nosotros no teníamos posibilidad alguna de solucionar este problema, Su hijo cargó con nuestros pecados en la cruz y resolvió el problema del pecado de una vez y para siempre. Esta es la gracia de Dios. Ella es la solución al problema y por ella nuestros pecados son perdonados. Esta es la razón por la cual el Señor tenía que morir a fin de que nosotros fuésemos salvos.
Un pecador se considera tal por lo siguiente: (1) su conducta es mala; (2) su naturaleza es corrupta; y (3) la justa ley de Dios lo ha juzgado y sentenciado. Para salvar a un pecador Dios tiene que: (1) perdonar sus pecados, o sea, su mala conducta; (2) regenerarlo dándole una vida nueva; y (3) justificarlo. El Señor Jesús recibió el castigo y murió por nuestros pecados, y por eso Dios nos perdonó. Algunos piensan que debemos rogar a Dios hasta que cambie de parecer, lo cual no es correcto. Podemos obtener el perdón porque Dios derramó Su ira y cargó nuestros pecados sobre el Señor Jesús. Así que podemos decirle: “Te damos gracias y te alabamos Dios, porque el Señor Jesús fue juzgado en nuestro lugar”. La justicia exige el castigo sólo una vez, después de lo cual no hay más castigos.
(7) La gracia no perdona directamente los pecados del creyente. Este principio es el mismo que acabamos de mencionar. Supongamos que un creyente es vencido por el pecado pero se arrepiente. No tiene que suplicar que Dios le perdone ni pedirle que haga algo, lo que tiene que hacer es creer que Cristo ya lo hizo. Dios es justo, y puesto que el Señor Jesús murió, Dios perdona a quienes son salvos. Si desafortunadamente un hijo de Dios comete algún pecado, debe entender claramente cuatro puntos: (1) al confesar sus pecados, recibe el perdón (1 Jn. 1:9); (2) cualquier pecado es perdonado (vs. 7, 9); somos limpios de todo pecado y de toda injusticia; (3) antes de que uno confiese los pecados, Dios está
dispuesto a perdonar porque el Señor Jesús es nuestro Abogado delante de El (2:1-2); y (4) Dios nos perdona y nos limpia porque por un lado El es fiel y justo, y por otro, el Señor Jesús es el Justo. W. Nee
¡Jesus es el Señor!

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La gracia

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Nuestra posicion en cristo

NUESTRA POSICION EN CRISTO
¿Por qué dice la Biblia que estamos “en el Señor”, “en Cristo” y “en Cristo Jesús”, pero nunca “en Jesús” ni “en Jesucristo”?
RESPUESTA
Aunque algunas traducciones de la Biblia dicen en 1 Tesalonicenses 4:14: “Así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en El [Jesús]”, se debe traducir según el griego: “Así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron por medio de El”. No hay un solo lugar en la Biblia que mencione en Jesús o en Jesucristo. Lo que hallamos es “en el Señor”, “en Cristo” o “en Cristo Jesús”. Este asunto tiene una estrecha relación con la redención y con nosotros.
El nombre que el Señor recibió al nacer fue Jesús y es Su nombre humilde como hombre; Cristo es el nombre que El recibió cuando fue ungido por Dios después de Su resurrección (Hch. 2:36) y es Su nombre en la gloria.
Jesucristo significa que el sencillo hombre Jesús es Aquel que fue hecho el Cristo, mientras que Cristo Jesús significa que Aquel que ahora es el Cristo era Jesús.
La Biblia no usa la expresión en Jesús ni en Jesucristo, porque no estamos unidos con el Señor en Su vida terrenal, ni tenemos unión alguna con El como Hijo del Hombre. Jesús es Su nombre como el Hijo del Hombre, y como tal está por encima de todo hombre, sus virtudes y belleza pertenecen a Su ser como Hijo del Hombre. Pero nosotros no estamos unidos con El en esa vida. La Biblia nunca dice que participamos de Sus sufrimientos en la tierra. Jesús significa Salvador. Nosotros no estamos unidos con Jesús porque no participamos en Su obra salvadora.
“En el Señor”, “en Cristo” y “en Cristo Jesús” se refieren a que Cristo resucitó de entre los muertos y Dios le ha hecho Señor y Cristo, y ya que participamos de Su resurrección, participamos de Cristo mismo; Dios nos ha puesto en Su resurrección y nuestra experiencia subjetiva se encuentra en Su resurrección.
Jesús es un nombre individual mientras que Cristo es tanto individual como corporativo. “Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también el Cristo” (1 Co. 12:12). Este versículo no habla de Cristo y la iglesia sino solamente de “Cristo”, pues tanto la Cabeza como el Cuerpo son Cristo. Este es el Cristo corporativo. En la Biblia encontramos el calificativo de “cristiano”, mas no el de “jesuita”, pues; cristiano significa hombre de Cristo, o sea que un cristiano es parte de Cristo. Por lo tanto, se le llama cristiano, no “jesuita”. Sólo existen hombres de Cristo, no hombres de Jesús. Jesús es el nombre que se refiere a su experiencia en la tierra como Hijo del Hombre. La suya fue una vida de milagros y está fuera del alcance del hombre. Somos hombres de Cristo. La Cabeza de este cuerpo es Cristo, y el Cuerpo mismo también es Cristo. Si nos damos cuenta del significado de la palabra Cristo, veremos cuán profundamente unidos estamos a El. Si una persona perdiese un dedo, quedaría con un defecto físico; y si un cristiano perece, entonces Cristo tendría un defecto. Pero alabamos y agradecemos a Dios porque Cristo no tiene ningún defecto. Una vez que estamos en Cristo, estamos en El para siempre. “Para santificarla, purificándola por el lavamiento del agua en la palabra, a fin de presentársela a Sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin defecto” (Ef. 5:26-27).
El nombre Jesús se relaciona con Su experiencia como Salvador, por esta razón cuando la Biblia habla de El como hombre, usa el nombre de Jesús pero nunca Cristo; sin embargo, después de Su resurrección, es llamado Cristo o el Señor para hacer énfasis en Su resurrección y en Su autoridad. Aunque en el libro de Hechos y en las epístolas se le llama Jesús en varias ocasiones, éstas aluden a Su humanidad; por lo tanto, cuando nos dirijamos a El, no le debemos llamar simplemente “Jesús” sino “Señor Jesús”.

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