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Foro General de Religión

Entrar en el reino de los cielos para ganar el galardón

 
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Antiguo 14-Dec-2009   #1 (permalink)
Predeterminado Entrar en el reino de los cielos para ganar el galardón

Entrar en el reino de los cielos para ganar el galardón
Semana 8
Lectura bíblica:
Gn l:l; Jn 1:3; Mt 3: 15; 4:17; 28:18 19; Ro 1:18 20; He 11:3
Leer con oración:
"Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin" (Mt 24:14) ¬
EL REINO DE DIOS EN TODA LA TIERRA
En esta semana comenzaremos mostrando cómo Dios creó todas las cosas para el hombre -el vaso que había creado a Su imagen y semejanza- a fin de que el hombre y la mujer recibieran Su vida, se multiplicaran, llenaran la tierra y señorearan sobre ella.
Asimismo veremos que el hombre falló al no obedecer a Dios en el huerto de Edén y se convirtió en un pecador, alguien totalmente incapaz de cumplir la voluntad divina. Pero el Señor Jesús nació como un hombre e hizo la voluntad del Padre: murió, resucitó y se hizo el Espíritu para entrar en nuestro espíritu haciéndonos nacer de nuevo, nacer de Dios.
En el transcurso de este mensaje descubriremos que la vida de Dios entró en nosotros cuando creímos en Él y que ahora, esta vida está en proceso de crecimiento. Si permitimos que crezca, un día nos convertiremos en vencedores y así podremos recibir el galardón, el premio que el Señor ha preparado para aquellos que aman Su venida.
Toda la creación llegó a existir por medio de la palabra de Dios. Él ordenó y todo fue hecho. Todo el universo, en su infinita complejidad y belleza, es el fruto de la creación divina y prueba la existencia de un Ser increado, soberano y poderoso.
"Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa" (Ro 1:20). Aunque la tierra haya sido tan maravillosamente creada, tan bien ordenada, muchos simplemente no reconocen la existencia de Dios.
Dios creó todas las cosas con un propósito. Los siete días de la creación registrados en Génesis revelan una progresión: cada día era una preparación para la etapa que sería cumplida en el próximo día. En el penúltimo día el Señor creó al hombre a Su imagen y semejanza y, en el último día descansó, esto significa que estaba satisfecho.
El hombre creado debía haberse alimentado del árbol de la vida, para recibir la vida divina para poder multiplicarse y llenar la tierra. Así, sería dominada por el hombre regenerado y crecido en vida.
Pero, el hombre falló y no fue capaz de cumplir la voluntad divina. Incluso, ni siquiera con el pueblo de Israel Dios pudo obtener el reino que deseaba. Sin embargo, Dios no desistió de Su plan y, por amor al hombre que había ¬creado, envió a Su Hijo en semejanza de carne de pecado, para morir en nuestro lugar y damos Su vida a fin de que ésta crezca en nosotros y, finalmente, se expanda por toda la tierra, estableciendo el reino de Dios en todo lugar.
El evangelio de Mateo, el primer libro del Nuevo Testamento, comienza con la genealogía del Señor Jesús, que es presentado como Rey.
La primera de las epístolas -Romanos- por su parte, relata que el evangelio de Dios se refiere a Jesucristo; que es el Hijo del Hombre y también el Hijo de Dios. Esto muestra que el evangelio no es sólo una serie de palabras y mensajes que, conducen a las personas a la salvación;, sino mas bien, es el.!Señor mismo, que entra en todó aquel que en Él cree y les da la vida eterna.
El evangelio de la gracia, por medio del cual las personas pueden ser salvas y recibir la vida divina, ya ha sido ampliamente predicado por todas partes. Sin embargo el evangelio del reino, que es para el crecimiento de vida de los creyentes, hasta que lleguen a ser vencedores, es decir, herederos maduros que pueden ganar el galardón y ser coherederos con Cristo durante el reino milenario (Ro 8: 17,18), todavía necesita expandirse por toda la tierra antes de que el Señor Jesús vuelva.
Punto clave: Crecer en vida hasta convertirse- en un vencedor.
Pregunta: ¿Cuál era el propósito de Dios al crear al hombre? .

Martes
Ro. 1:1-4; 3:25; Col 1:15; 2:9,14; He 4:15; 9:12, 22; 10:4; 5: 11-12¸1 Jn:11-12
Leer con oración:
“Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redenci6n que es en Cristo Jesús" (Ro 3:24).
LA GRAN SALVACIÓN
La salvación completa de Dios requiere de que creamos en Su Hijo, nazcamos nuevamente -es decir, recibamos Su vida dentro de nosotros- y que esta crezca hasta que seamos hijos maduros. De esta lanera, en Su segunda venida, seremos considerados vencedores y recibiremos el galardón. Veamos un poco meejor cómo comenzó este proceso.
En la Epístola a los Romanos se relata que el Señor Jesús es tanto el Hijo del Hombre como el Hijo de Dios. Como el Hijo del Hombre, es como nosotros, pero sin pecado, por esa razón, está calificado para morir en nuestro lugar y limpiamos de los pecados que cometemos.
Sin embargo, antes de que el Señor Jesús viniera a redimimos, es decir, en la época del Antiguo Testamento, el pueblo de Israel no tenía la posibilidad de librarse tan fácilmente de sus faltas. A pesar que se esforzaban por cumplir la ley, no siempre lograban hacerlo, en consecuencia, cometían pecados.
La Palabra nos dice que sin derramamiento de sangre no se hace remisión de pecados. Por eso el pecado exigía que la sangre del pecador fuera derramada, pero por amor al hombre y por no querer que muriera, Dios determinó que cada pecador inmolara un animal como sacrificio por el pecado.
El animal debía ser llevado hasta el atrio del tabernáculo, delante de los sacerdotes. Entonces, ellos orientaban al pecador a imponer las manos sobre la cabeza del animal, indicando que el oferente se identificaba con el animal sacrificado y reconocía que aquella muerte sustituía su muerte. Así la muerte del animal simbolizaba la muerte del oferente.
Nosotros, igualmente, pecamos mucho. Si el Señor nos ilumina intensamente veremos que cometemos muchos pecados. Son tantos que, si aún estuviéramos en el Antiguo Testamento \no habría animales suficientes para ofrecer sacrificios por nuestros pecados.
¡Gracias al Señor! Dios es lleno de amor y también es justo. Aunque el pecador necesita recibir el castigo, Dios buscó una manera de salvarlo. Decidió Hacerse hombre para sustituimos, derramando Su sangre preciosa por nuestros pecados.
Dios se hizo hombre con la finalidad de darnos la redención eterna de nuestros pecados. El Señor Jesús, que es la expresión corpórea de Dios, murió y resucitó para que el hombre sea perdonado de sus pecados. Este es el mensaje del evangelio. de la gracia.
Por medio de este evangelio fuimos iluminados, nos arrepentimos de nuestros pecados, los confesamos y fuimos perdonados por Dios. Asimismo; por medio de la sangre de Cristo, fuimos lavados de todos los pecados que habíamos cometido anteriormente, ¬fuimos justificados y santificados. ¡Qué gran salvación! ¡Alabado sea el Señor!
Sin embargo, el perdón de los pecados es sólo uno de los beneficios que recibimos al creer. Además de ser perdonados también nacimos de nuevo, fuimos regenerados, en otras palabras, obtuvimos la vida de Dios. Mañana veremos algunos aspectos más de cómo esto sucedió. iAleluya!
Punto clave: Salvos mediante la muerte de Cristo.
Pregunta: ¿Cuál es la relación entre el sacrificio para el perdón de pecados en el Antiguo y el Nuevo Testamento?

Miercoles
Lectura bíblica:
Job 1:6; 2:I ;Jn 1:1,18; Ro 6:5; He 2:14
Leer cón oración:
¬"Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (Y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad"(Jn 1:14).
DIOS SE HIZO CARNE
El evangelio de Juan nos muestra que en el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. (1: 1). El versículo catorce lo completa diciendo que el Verbo, es decir, la Palabra, se hizo carne y habitó entre nosotros. Esto se refiere a nuestro Señor Jesús, que es por tanto, la palabra de Dios que se hizo carne.
Así es cómo conocemos a alguien, sólo cuando la persona nos dice algo, y Dios se dio a conocer por medio de Su Hijo. Él necesitaba expresarse por medio de la Palabra que se hizo carne, el Señor Jesús.
En la cultura humana, un hijo es el resultado de la unión del padre y la madre, no obstante el Hijo de Dios es Aquél que expresa a Dios, la palabra de Dios.
Esta Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros, llena de gracia y de realidad. Aunque nadie jamás ha visto a Dios, el Hijo unigénito, que está en el seno del Padre, Lo reveló. Así que, quien veía al Señor Jesús estaba viendo a Dios mismo. ¡Alabado sea el Señor!
Los pecados de la humanidad son incontables; no es posible que el hombre pueda pagar por esa deuda. Pero, gracias al Señor, Dios se hizo hombre, fue crucificado y derramó Su sangre en nuestro lugar.
¡La eficacia de Su muerte es completa y eterna! Ésta solucionó de una vez y para siempre el problema de nuestros pecados. Su sangre sólo debió ser derramada por única vez para redimimos de todos los delitos que cometimos.
Si el Señor Jesús sólo estuviera en los cielos como el Hijo de Dios, no podría haber muerto en nuestro lugar. Solamente haciéndose el Hijo del Hombre, encarnado, fue calificado para redimirnos.
Además del evangelio de Juan, la Epístola a los Hebreos, otro libro del Nuevo Testamento, nos muestra que el Señor Jesús debió hacerse hombre. Allí nos es dicho que: “por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo" (2:14).
Puesto que somos de carne y sangre, y debido a que el pecado está en nuestra carne, cometemos pecados, en consecuencia, llegamos a ser injustos. Pero cuando confesamos nuestras faltas y creemos en el Señor Jesús, identificándonos- con Él en Su muerte y resurrección, somos perdonados.
De esta manera, por la fe nos apoderamos de todo lo que el Señor realizó. Por la fe creemos que Dios se hizo carne en Su Hijo, Jesús, que fue crucificado y murió por nuestros pecados.
¡Gracias al Señor Jesús! El Hijo del Hombre que participó de carne y sangre nos sustituyó en la cruz, murió y derramó Su sangre por nosotros-. ¡Aleluya!
Punto clave: El Hijo del Hombre nos sustituyó.
Pregunta: ¿Por qué la encarnación de Dios fue tan importante?

Jueves
Lectura bíblica:
Mt 16: 18; Ro 8:29; Ef 4: 13; Gá 4:2,3; 1 P 1:23
Leer con oración:
"Pero también digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo; sino que está bajo tutores y curadores hasta el tiempo señalado por el padre"(Ga 4:1-2).

EL AMBIENTE PARA EL CRECIMIENTO DE LA VIDA
En los días anteriores vimos que el Señor Jesús murió en nuestro lugar para redimimos, perdonando los pecados de todo aquel que cree en Él. Sin embargo, no fue sólo el perdón de los pecados que recibimos al creer en Él; también recibimos Su vida dentro de nosotros y hoy veremos cuál es el ambiente adecuado para que esta vida crezca hasta que seamos vencedores y recibamos el galardón.
El Señor como el Hijo del Hombre estaba apto para morir en nuestro lugar y redimirnos de los pecados; y por ser el Hijo de Dios es capaz de regeneramos, es decir, darnos la vida divina.
En la Primera Epístola de Pedro, vimos que no fuimos regenerados de simiente corruptible, sino de incorruptible, mediante la palabra de Dios la cual vive y permanece para siempre (1:23). Fuimos regenerados porque el Señor Se sembró dentro de nosotros como una semilla. Esta semilla no es corruptible, sino incorruptible y eterna. ¡Alabado sea el Señor!
Para engendrar a un hijo es necesario que en el vientre materno haya un embrión, el cual se desarrollará como una semilla hasta alcanzar la forma humana y, finalmente nacerá.
En el vientre de la madre, el feto va tomando forma poco a poco. A los cuatro meses de gestación, éste tiene una cabeza grande y un cuerpo pequeño, pero su forma ya es más proporcional cuando llega a los seis me es.
Espiritualmente hablando, nosotros también estamos siendo conformados a la imagen de Cristo. Fuimos creados a la imagen del Hijo, engendrados de la vida divina. Al creer nacimos nuevamente, pero no podemos permanecer como bebés, necesitamos crecer.
De igual manera, cuando predicamos el evangelio, engendramos hijos espirituales. Después que estos hijos son engendrados, aún necesitan recibir los cuidados y la alimentación espiritual hasta que lleguen a la madurez.
Engendrar hijos no es tan difícil y requiere relativamente poco tiempo. Son alrededor de doscientos ochenta días desde la concepción hasta el nacimiento. No obstante, cuidar a un niño hasta su madurez es mucho más trabajoso y exige de un considerable esfuerzo de los padres. Asimismo, necesitamos darnos cuenta que no basta con engendrar hijos espirituales; existe la necesidad de cuidarlos, y el lugar determinado por Dios para que esto sea hecho es la iglesia.
Así que, después de nacer de nuevo, todo creyente debe vivir la vida colectiva de la iglesia. En ella es donde el Señor pone a los que nacieron de Dios para que se cuiden los unos a los otros y así, todos crezcan en vida.
Es normal que los padres pongan a sus hijos pequeños en una guardería infantil y después los envíen al colegio para que se desarrollen más rápidamente. Estas instrucciones, como regla, son seguras y los padres se sienten confiados en dejar a los hijos allí. Puesto que hay personas que los alimentan, los niños crecen físicamente, y por tener quién les enseñe e incentive, ellos también se desarrollan intelectualmente. En la vida espiritual es igual. El Señor nos puso en la iglesia para que nos cuidemos los unos a los otros. Cuando ayudamos a nuestros hermanos y hermanas, estamos sirviendo de tutores y curadores de ellos, a fin de que tengan un desarrollo espiritual normal. La enseñanza y el suministro del alimento espiritual tienen como objetivo el crecimiento de la vida de Dios en Sus hijos.
En la Epístola a los Gálatas vemos que los tutores y curadores cuidan a los herederos mientras son pequeños. De la misma manera, Dios estableció en la iglesia a hermanos tutores y curadores, es decir, maestros y mayordomos para que nos cuiden. Estos hermanos son los ancianos y los diáconos. Ellos cuidan a los demás ministrándoles la palabra de Dios, no sólo les enseñan las verdades, sino también les incentivan a practicarlas. Únicamente conocer las verdades no nos hace crecer; necesitamos practicarlas, ya que las verdades son para ser vividas.
El objetivo de Dios al colocamos en la iglesia es que crezcamos en vida y lleguemos a la madurez espiritual en el tiempo determinado por el Padre. Finalmente, en la venida del Señor, seremos considerados vencedores y recibiremos el galardón de reinar con Cristo.
Punto clave: Crecer en vida, en la iglesia, hasta entrar en el reino milenario.
Pregunta: ¿Por qué la vida de la iglesia es tan importante?

Viernes
Lectura bíblica:
Mt 16: 18-19, 24; Ef 4: 13
Leer con oración:
"Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo" (Ef 4: 13).
CRECER HASTA SER UN VARÓN PERFECTO
Ayer vimos que el lugar preparado por Dios para que Sus hijos crezcan es la iglesia.
De hecho, la iglesia es la realidad del reino de los cielos y es en ella donde vivimos la vida del reino. La vida de la iglesia hoy es para nosotros como un ejercicio, por medio del cual crecemos en vida a fin de que, un día, lleguemos a ser varones perfectos y recibamos el galardón de entrar en la manifestación del reino de los cielos.
¡Aleluya! La vida de la iglesia es el vivir del reino de los cielos y Dios nos puso aquí para que crezcamos en vida. Del lado positivo, crecemos en vida por medio de invocar el nombre del Señor, pues, cuando Lo invocamos, el Espíritu nos es dispensado. No obstante, del lado negativo: existe algo que puede estorbar nuestro crecimiento de vida: vivir por la vida del alma.
'Cuando el Señor reveló la iglesia a los discípulos, no les dio un manual de reglas o prácticas para que las guardaran. Tampoco les habló de la base de la iglesia, su unidad, su constitución o sobre qué hacer en las reuniones, aunque todas estas cosas no dejan de ser importantes.
Las palabras del Señor después de revelar la iglesia fueron: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará" (Mt 16:24b 25).
La palabra traducida como vida, en el versículo 25, es psyché, según el original griego, y puede también ser traducida como vida del alma. En otras palabras, lo primero que el Señor enfatizó inmediatamente después de revelar la iglesia fue que debemos perder la vida del alma.
Aunque estemos negando nuestra vida del alma hoy, aún tenemos que avanzar mucho más con relación a esto, pues la Palabra dice que debemos perderla. Estamos en la vida de la iglesia justamente para negar cada vez más la vida del alma, y de esta manera abrir un espacio para que el Señor crezca dentro de nuestro ser. Mientras más la neguemos, más de la vida de Dios obtendremos. ¡Gracias al Señor!
Aunque somos hijos de Dios, todavía no hemos alcanzado la madurez, aún no hemos llegado al varón perfecto. Pero, si estamos en la vida de la iglesia, podemos crecer continuamente hasta ser vencedores y así ganar el galardón de reinar con Cristo.
Punto clave: Llegar a un varón perfecto.
Pregunta: ¿Cuál es el riesgo de vivir bajo la influencia del alma?

Sábado
Lectura bíblica:
Gn 16:16; 17:1; 25:6; Ro 8:17
Leer con oración:
"Y Abraham dio todo cuanto tenía a Isaac" (Gn 25:5).
LA FILIACIÓN Y LA HERENCIA
La Biblia contiene algunas ilustraciones con respecto al crecimiento de vida de los hijos de Dios. Por ejemplo, en Romanos 8: 17 leemos que si somos hijos, también somos herederos de Dios. La diferencia entre un hijo y un heredero es que solamente después de cierta edad el hijo puede ser un heredero ante la ley. En otras palabras, para que se conviertan en herederos, los hijos deben alcanzar cierto grado de madurez.
En Gálatas 4:6,7 leemos: "Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo".
Si somos sólo hijos, espiritualmente aún somos inmaduros. Pero, gracias a Dios, porque la vida de la iglesia existe justamente para ayudamos a obtener la madurez. Asimismo, como herederos maduros, estaremos aptos para recibir la herencia de nuestro Padre, es decir, seremos vencedores y obtendremos el galardón.
El ejemplo de Isaac muestra claramente esto.
De acuerdo con la promesa hecha por Dios a Abraham, sólo su descendiente sería su heredero. Puesto que Sara, la esposa de Abraham, era estéril, él pensaba que su siervo, el damasceno Eliezer, sería considerado su descendiente, a fin de recibir la promesa de Dios.
Sin embargo, Sara tuvo la buena intención de ayudar a Dios ofreciendo a su sierva para que de ella Abraham engendrara a su descendiente. De esa unión nació Ismael, pero Dios no lo reconoció.
Trece años después, Dios se le apareció nuevamente a Abraham y le prometió que tendría un descendiente nacido de Sara, aunque tanto él como su mujer eran ancianos. La edad avanzada de los dos no impidió que Dios realizara Su promesa y, después de un año, nació Isaac. ¡Alabado sea el Señor! Isaac era el hijo nacido de Abraham y Sara, por eso, estaba calificado para recibir la herencia de Abraham. Después de la muerte de Sara, Abraham se casó de nuevo y tuvo seis hijos más. La palabra relata que Abraham dio dones a sus hijos y los envió a la tierra oriental, apartándolos de su hijo Isaac. De ese modo, conforme a la promesa de Dios, sólo Isaac fue el heredero de Abraham. La herencia fue entregada a aquel que tenía la filiación. ¡Aleluya! Esto nos muestra que aquel que tiene la filiación está apto para recibir la herencia del padre.
Hoy estamos en la iglesia, apacentándonos mutuamente y, así estamos creciendo en vida. Queremos crecer para que, cuando llegue la plenitud de los tiempos, recibamos la filiación. Por ser hijos maduros de Dios, venceremos y heredaremos el galardón.
Punto clave: Llegar a ser un heredero.
Pregunta: ¿Cuál es la diferencia entre Isaac y los demás hijos de Abraham?

Domingo
¬Lectura bíblica:
Ro 8:29-39
Leer con oración:
"El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas,?" (Ro 8:32).
EL GALARDÓN DE LOS VENCEDORES
Esta semana vimos que el Señor murió como el Hijo del Hombre, para libramos de nuestros pecados y, como el Hijo de Dios, para darnos Su vida divina. Esta vida tiene que crecer en nosotros. Esto sucede cuando buscamos continuamente a nuestro Señor, por medio de invocar Su nombre y leer-orar Su Palabra. Tampoco podemos ser negligentes en vivir la vida de la iglesia no negando la vida del alma. De este modo llegaremos a ser vencedores. ¡Aleluya!
La Epístola a los Romanos nos muestra que, a medida que crecemos en vida, somos conformados a la imagen de Cristo. El versículo 29 del capítulo ocho dice: "Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos".
Este versículo muestra que estamos siendo conformados a la imagen del Hijo, es decir, a la imagen del Señor Jesús. Ser conformado es ser moldeado. Aquel que es moldeado llega a ser igual al molde. De igual manera, creceremos en vida, a tal punto de llegar a la estatura de la plenitud de Cristo. Él será el Primogénito entre muchos hermanos. Cristo es nuestro hermano y si crecemos en vida, seremos como Él es, pero sin la Deidad. ¡Gracias al Señor!
El versículo 30 continua: "Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó". ¡Aleluya! Aquellos que serán conformados a la imagen de Cristo recibirán la gloria -el galardón- y serán los vencedores.
Además, el apóstol Pablo dice: "¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?" (v.31). Debemos permanecer firmes en la promesa del Señor. No importa cuanta oposición suframos, cuantas mentiras digan de nosotros; si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?
El versículo 32 continua: "El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?". El Señor nos dio y nos dará por gracia todas las cosas con Cristo. Esto deja en evidencia que el galardón que recibiremos será muy grande
Y prosigue: "¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?" (vs. 33,35).
El galardón reservado para nosotros es enorme pero, antes de recibido, tenemos que ser conformados a la imagen de Cristo. Tenemos que expresar la gloria de Dios.
Finalmente leemos: "Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro" (vs.37,39). ¡Aleluya! ¡Somos más que vencedores!
Si hoy nos negamos a nosotros mismos y dejamos que la vida divina crezca en nosotros, mientras vivimos la vida de la iglesia, tenemos un premio que nos espera. ¡Gracias al Señor, todos los que viven así, serán vencedores y recibirán el galardón!
Punto clave: Más que vencedores.
Pregunta: ¿Qué es lo que Dios nos quiere dar?
Lectura de apoyo:
El vivir de los hijos de Dios - cap. 2,- Dong Yu Lan.
Hijos maduros - cap. 4 - Dong Yu Lan.
Jesús es el Señor!
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