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Testimonios, Estudios o Temas Biblicos

Cada uno cosecha lo que siembra

 
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Antiguo 29-Jun-2010   #1 (permalink)
Predeterminado Cada uno cosecha lo que siembra

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¿Cuántos cristianos han orado y orado acerca de algo y sintieron que nunca obtuvieron una respuesta de Dios? Sin duda han sido millones. Hay muchas razones por las que las personas no reciben respuesta a sus oraciones. Una de ellas, de la que no se habla mucho, es que Dios espera que Le obedezcamos y que usemos sabiduría en nuestro diario vivir. Dios ciertamente es amoroso, amable y “rico en misericordia”, pero, por otro lado, no es un expendedor de “gracia fácil” ni es el responsable de siempre rescatarnos de los problemas que nos causamos a nosotros mismos.

La Palabra de Dios nos dice que Él no puede ser burlado y que lo que una persona siembra, eso cosecha.

Gálatas 6:7
No se engañen: de Dios nadie se burla. Cada uno cosecha lo que siembra.

Ahora nos embarcaremos en un estudio de algunos de los conceptos básicos en la Palabra de Dios, en cuanto a cómo cada uno de nosotros puede “cosechar” una vida más satisfactoria, completa, poderosa, y pacífica. Gran parte de este estudio provendrá del libro de Proverbios. Dios nos muestra el propósito de Proverbios en el primer capítulo: nos ayuda a obtener sabiduría, sagacidad y disciplina, ya sea que seamos jóvenes e inexpertos, o viejos y más experimentados. La información en Proverbios nos ayuda a hacer lo que es correcto y justo ante los ojos de Dios. Nos da una guía para vivir (Pr. 1:2-6).

Para apreciar los proverbios en el libro de Proverbios es útil saber que la palabra hebrea traducida “Proverbios” es mashal, y significa “proverbio”, “dicho proverbial”, o “frases de sabiduría ética”. [1] Los griegos la tradujeron como paroimia en la Septuaginta y fue llevado a la Vulgata latina como proverbia, de donde sale nuestra palabra en español “proverbios”. La verdadera clave para comprender los Proverbios, sin embargo, se encuentra en “The Companion Bible” (La Biblia Compañera), de E.W. Bullinger. Él señala que la raíz hebrea mashal significa “gobernar” (mashal se puede ver en los textos originales en Gn. 1:18, 24:2; Éx. 21:8, etc.) y explica que los proverbios son palabras dadas por Dios para gobernar nuestras vidas.

La sabiduría de Dios

El libro de Proverbios no consiste en sabiduría humana que tan solo fue registrada por Salomón y otros hombres sabios y que luego fueron transmitiéndose como dichos útiles. Al igual que el resto de la Biblia, los proverbios en Proverbios son la Palabra inspirada por Dios (2 Tim. 3:16). Si bien es probablemente verdad que algunos de estos fueron hablados por personas sabias y luego transmitidos de uno a otro en la cultura (como el dicho “un centavo guardado es un centavo ganado”), Dios transmitió muchos de ellos directamente a Salomón. De todos modos, como están registrados en la Escritura, son palabras de Dios y sabiduría de Dios, amorosamente dadas al hombre para gobernar su vida. Los proverbios de Dios son, en general, diferentes a Sus mandamientos. Romper un mandamiento es pecado, mientras que ignorar un proverbio es estupidez. Sólo termina en desilusión, desgracia y destrucción.

Es lamentable que algunos cristianos actúen, hoy en día, como si pudieran “sembrar” necedad, ignorando o desobedeciendo las reglas de Dios para vivir la vida, y así y todo piensen que pueden “cosechar” una vida abundante. Por supuesto que nunca lo dirán, pero actúan de ese modo porque ignoran las reglas de Dios, y a pesar de ello esperan que Él los rescate de los problemas. Desgraciadamente, gran parte de esta necedad proviene de una enseñanza acerca de la “fe” desde una perspectiva no equilibrada. Encienda la radio o la televisión cristianas y escuchará sermón tras sermón acerca de la fe, y de cómo la fe resolverá los problemas de las personas. Se enseña que las personas obtendrán dinero por fe, serán sanadas por fe, o que obtendrán lo que quieran en la vida, por fe. Y mientras algunas personas lo logran, otras no. Por supuesto, cuando alguien no es rescatado “por fe” es fácil señalar con el dedo y decir: “no tuvo suficiente fe”, pero ¿es esto realmente cierto? Si bien es ciertamente verdadero en algunos casos ¿es la falta de fe la única razón por la que tantas personas tienen problemas y oraciones no respondidas? ¿Puede haber otros factores que también deberíamos considerar? Bíblicamente no hay razones para considerar que la fe es el único factor involucrado. La Escritura presenta varios otros factores que contribuyen a responder por qué las oraciones a veces no son respondidas, por ejemplo el factor del libre albedrío de hombres y ángeles, la batalla espiritual, la caída, el pecado, y la voluntad de Dios. Y como veremos, está claro que ignorar la sabiduría es también una de las razones por las que las personas tienen oraciones no respondidas.

Fe verdadera

Para poder comprender por qué la falta de “fe” no siempre es la razón por la cual las personas no obtienen lo que piden en sus oraciones, debemos entender la “fe”. En Spirit and Truth Fellowship International contamos con una gran cantidad de artículos sobre la fe, y por esa razón limitaremos nuestra discusión en este artículo. “Fe” es “confianza”. Hebreos, capítulo 11, tiene muchos ejemplos de personas que tuvieron gran fe, gran confianza en Dios. Sin embargo, para poder entender la fe es absolutamente vital comprender que tiene que haber algo en lo cual tener “fe”. Podemos tener fe en que seremos salvos por medio de Jesús porque Dios prometió que podremos serlo. Podemos tener fe en que tendremos nuevos cuerpos en el Arrebato porque Dios prometió que los tendríamos. Noé construyó un arca “por fe”, porque Dios hizo promesas acerca del diluvio que vendría y acerca del arca, y Noé confió en lo que Dios le había dicho (Heb. 11:7; Gn. 6:13-17). José pudo tener fe acerca del Éxodo de Egipto, aún cuando no vivió para verlo, porque confió en la promesa de Dios de que Israel dejaría Egipto (Heb. 11:22; Gn. 15:13 y 14).

Rico en misericordia

A diferencia de tener fe en algo que Dios ha prometido, es imposible tener “fe” en que la Luna se convierta en queso y en que el Sol se haga frío al tacto, o que el Diablo se salve. ¿Por qué? Porque Dios nunca hizo promesas acerca de esas cosas, por lo tanto acá no hay nada en lo cual tener “fe”, no hay nada en lo cual confiar. Cuando se trata de la Palabra de Dios, si Dios dice que cosechamos lo que sembramos ¿podemos tener fe en que Su Palabra no es verdad? No, no podemos. Sin embargo, Dios hace milagros de sanidad y da ayuda divina a muchas personas que han sembrado en placeres carnales y han cosechado problemas y enfermedades. ¿Por qué es esto así? La respuesta es que Dios es “rico en misericordia” (Efesios 2:4) y Su gracia puede superabundar para nosotros (2 Co. 9:8). “Misericordia” es cuando Dios aplaza un juicio o castigo que merecemos, y “gracia” es un favor especial que no merecemos. Nos regocijamos en que Dios da misericordia y gracia, pero por lo que vemos en el mundo que nos rodea, no todo el que pide gracia y misericordia de Dios la recibe en forma de milagro. Los problemas de muchas personas continúan.

La misericordia y gracia de Dios tienen límite, y son para situaciones especiales. Por ejemplo, la verdad general de la Palabra de Dios es que las personas perezosas son pobres y las personas que trabajan duro tienen lo que necesitan: “Las manos ociosas conducen a la pobreza; las manos hábiles atraen riquezas”. (Proverbios 10:4). ¿Puede una persona que ha sido perezosa arrepentirse, pedir abundancia a Dios y recibirla? Sí, puede suceder, pero no es el patrón general de vida que vemos en el mundo que nos rodea, de lo contrario Dios no sería fiel a Su propia Palabra. Es interesante notar que la única referencia a la misericordia de Dios en Proverbios es la que dice que si pecamos, podemos confesar nuestro pecado y recibir misericordia (Proverbios 28:13 RV60). Esto tiene sentido, porque recibir perdón por el pecado es un acto de la misericordia de Dios, es un principio de la Palabra que encontramos desde Génesis hasta Apocalipsis. Sin embargo, pensemos: si una forma habitual de tener éxito con Dios fuera ignorar la sabia recomendación de Dios y luego forzar Su misericordia “por fe”, entonces deberíamos ver mencionada la misericordia de Dios muchas veces en Proverbios, no sólo una. Lo mismo ocurre con la gracia. La única vez que se menciona la gracia de Dios en Proverbios es donde leemos que Dios da gracia a los que son humildes (Proverbios 3:34).

Ejemplos en la Escritura

No entendemos todas las razones por las que algunas personas parecen obtener especial gracia y misericordia, mientras que otras no. [2] Sin embargo eso es lo que sucede, incluso en Hebreos 11, el capítulo de la fe. Por ejemplo, Hebreos 11 hace referencia a Daniel, quien fue divinamente protegido en el foso del león (Dn. 6:16-22); y a Sadrac, Mesac y Abednego, a quienes Dios mantuvo vivos dentro del horno en llamas de Nabucodonosor (Heb. 11:34; Dn. 3). Pero Hebreos 11 también hace referencia a personas que fueron burladas, encarceladas, torturadas, azotadas y asesinadas. Pero tanto los que fueron rescatados divinamente como aquellos que no, fueron “elogiados por su fe” (Heb. 11:32-39). [3]

Es común oír decir a los evangelistas en televisión que si una persona tiene fe, Dios le dará abundancia material. ¿Concuerda eso con la Palabra de Dios? Santiago contradice a esta enseñanza de “prosperidad”:

Santiago 2:5 (RV60) [4]
Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?

La razón por la que estos evangelistas de la televisión pueden seguir con su negocio es que hay muchas personas pobres que al escuchar la enseñanza de “fe” comienzan a orar diligentemente y a tomar acción para obtener abundancia, y Dios trabaja para responder sus oraciones. Sin embargo, muchas otras personas parecen nunca recibir respuesta a sus ruegos de ayuda financiera. Esto no significa necesariamente que les falta fe. Como dijo Santiago, muchas personas pobres son ricas en fe.

Fíjese en la hormiga

Algunas personas pobres son pobres porque neciamente han ignorado los “reglamentos para la vida” de Dios que están en Proverbios y en varios otros lados. No podemos sembrar necedad y esperar cosechar abundancia, aun si tenemos fe. Dios no ignorará Su Palabra, aun si nosotros la ignoramos. Por ejemplo, una persona que nunca siembra nada de dinero para su retiro está ignorando el proverbio sabio de Dios de acumular en los buenos tiempos, cuando puede trabajar, para tener lo necesario en los tiempos malos, cuando ya no pueda trabajar.

Proverbios 6:6-11
(6) ¡Anda, perezoso, fíjate en la hormiga! ¡Fíjate en lo que hace, y adquiere sabiduría!
(7) No tiene quien la mande, ni quien la vigile ni gobierne;
(8) con todo, en el verano almacena provisiones y durante la cosecha recoge alimentos.
(9) Perezoso, ¿cuánto tiempo más seguirás acostado? ¿Cuándo despertarás de tu sueño?
(10) Un corto sueño, una breve siesta, un pequeño descanso, cruzado de brazos...
(11) ¡y te asaltará la pobreza como un bandido, y la escasez como un hombre armado!

Dios dice que aprendamos de la hormiga, que almacena alimentos en el verano, o sea, cuando los alimentos están disponibles para ser recogidos. Además, Dios señala que si somos perezosos y no trabajamos duro, entonces la pobreza nos asaltará “como un bandido”, lo que quiere decir que vendrá rápidamente y nos aplastará. ¿Vemos esto en la vida? Ciertamente. Muchas personas que podrían ahorrar dinero nunca lo hacen. Gastan todo lo que ganan y viven más allá de sus posibilidades año tras año. Además, cuando podrían ahorrar dinero haciendo las cosas por sí mismos, contratan a otros para cortar el césped, limpiar las ventanas, lavar sus automóviles, etc. Esto está bien, y es correcto, si sus planes financieros lo permiten, pero muchas personas no tienen suficiente dinero porque toman decisiones necias.

Lamentablemente, muchas personas que han ignorado neciamente el consejo de Dios año tras año, luego escuchan a un “predicador de la fe” que dice que Dios les dará abundancia financiera con tan sólo tener fe. Entonces oran y “tratan de tener fe”, ¿pero en qué van a tener fe? ¿En que Dios les dará dinero aún cuando han ignorado Su consejo? Eso no tiene mucho sentido. Por Su misericordia y gracia, Dios da dinero a muchas personas que Lo han ignorado, y eso nos da esperanza y es una razón para orar diligentemente pidiendo ayuda a Dios, pero no podemos ignorar el hecho de que algunas personas que han vivido neciamente oran por ayuda y no parece que sus oraciones sean respondidas. Agradezcamos que el mundo cristiano está tomando conciencia de la necesidad de adquirir sabiduría en las finanzas, y ahora existen unos cuantos maestros cristianos que se especializan en sabiduría financiera.

Enseñar que la “fe” es la respuesta a todos nuestros problemas sólo nos conduce a duda y confusión. Después de todo, cuando un cristiano ama a Dios y ora sin ver resultados significativos, puede generar confusión e incluso puede ser emocionalmente devastador. Terminamos por dudar de Dios y de nosotros mismos. Si vamos a tener la verdad de la Palabra, ser libres en nuestros corazones y mentes en lo que a esta vida respecta, y estar en la posición de no culpar a Dios por lo que nos sucede, toda la Palabra debe encajar. La “falta de fe” no es la única razón por la que los cristianos tienen problemas significativos en la vida. Los Proverbios son reglas de Dios para vivir la vida, y aún así, la “fe” nunca es mencionada, ni una sola vez. En contraste, la “sabiduría” se usa más de 50 veces, y ser “sabio” más de 60 veces. [5] Dios nos está diciendo enérgicamente que la sabiduría es una de las razones dominantes por la que las personas triunfan en la vida, y la necedad es una de las principales razones por las que las personas tienen problemas. Él también nos aclara que la “fe” no siempre es el camino de salida de los problemas que nos causamos a nosotros mismos.

La cultura de hoy

No es popular, en la cultura de hoy, hablar de vivir sabiamente. Vivimos en una sociedad que es demandante e impaciente. Queremos lo que queremos y lo queremos “ya mismo”. La mayoría de las personas son muy indisciplinadas en su manera de vivir. Sus hábitos en cuanto a los gastos, hábitos en cuanto a la alimentación, su conducta sexual, la utilización del tiempo, y muchas otras cosas, evidencian una profunda falta de sabiduría. En contraste, Dios nos dice que debemos ser disciplinados en nuestras vidas (“Adquiere la verdad y la sabiduría, la disciplina y el discernimiento...”; Pr. 23:23). Además, Él nos dice que “...los necios desprecian la sabiduría y la disciplina” (Pr. 1:7), y que “Rechazar la corrección es despreciarse a sí mismo...” y “...sufre pobreza y deshonra...” (Pr. 15:32, 13:18). También Él dice: “Al malvado lo atrapan sus malas obras... Morirá por su falta de disciplina...” (Pr. 5:22 y 23).

Dios nos dice que tengamos disciplina y dominio propio, y no vivir una vida disciplinada es una gran razón por la que Dios no libera a ciertas personas de sus problemas por medio de la “fe”. No podemos ignorar el consejo de Dios sobre cómo gobernar nuestras vidas y luego esperar que Él nos libere, porque esto va en contra de Sus leyes espirituales de sembrar y cosechar, y en contra de Sus principios sobre cómo administrar. Esto puede sonar muy duro a nuestros modernos oídos porque muchas personas, hoy en día, piensan que Dios debería ayudarnos si Le pedimos, sin importar cuál sea nuestro comportamiento. Sin embargo, Dios nunca cambia y Él ciertamente no va a cambiar Su inmutable naturaleza para acomodarse a nuestra cómoda e indisciplinada sociedad.

Si una persona tiene problemas de salud porque es completamente indisciplinada en sus hábitos alimentarios, nunca se ejercita, y está muy excedida de peso, ¿le quitará Dios el sobrepeso milagrosamente? ¿la ayudará con su problema de salud por “fe”? Agradezcamos que a veces, en Su gran gracia, Él lo hace. Sin embargo, con frecuencia no lo hace. Seamos claros en esto: Dios no tiene la obligación de librarnos de un problema que nos hemos generado nosotros mismos por haberLo ignorado o desobedecido. Nos resulta fácil comprender esto cuando se trata de problemas “comunes” de la vida. Por ejemplo, si no utilizamos la sabiduría y planificamos con el tiempo necesario limpiar la casa y lavar nuestra ropa sucia, Dios no lo hará por nosotros por fe. Si no le ponemos gasolina a nuestro automóvil, sabemos que aunque oremos Dios no nos llenará el tanque. Si no vamos a la tienda antes de que los invitados lleguen a casa, no podemos pretender que Dios coloque alimentos en nuestro refrigerador para ellos por fe.

A pesar del hecho de que la mayoría de nosotros comprendemos los claros ejemplos citados, a veces nos confundimos si la situación es más compleja. Por ejemplo, alguien quizás ignore la sabiduría y haga la necia elección de conducir por sobre el límite de velocidad en una carretera en condiciones poco seguras, consecuentemente destrozando su automóvil y terminando en un hospital. Si las personas de la iglesia se acercan para orar con él y no es sanado, tanto él como ellos pueden pensar que no fue sanado porque le faltó fe. Sin embargo, lo más probable es que no haya sido sanado porque ignoró el consejo de Dios: “El prudente ve el peligro y lo evita; el inexperto sigue adelante y sufre las consecuencias”. (Pr. 22:3). Si sufrimos las consecuencias porque hemos ignorado la Palabra y no fuimos prudentes ¿es responsabilidad de Dios sanarnos de todos modos? Además, si Lo hiciera, ¿para qué daría Su sabio consejo? ¿Acaso creemos que Dios simplemente nos dio una “sugerencia”, la cual podemos decidir no obedecer debido a que tenemos mucha fe, mientras que las personas de menos fe son las que deben obedecer? Eso no puede ser verdad.

Culpar a Dios

Es fácil culpar a Dios cuando no obtenemos lo que nos parece que Él debiera darnos. Pero Dios nos dice que si ignoramos la sabiduría, cuando la calamidad caiga sobre nosotros no siempre seremos rescatados divinamente del problema. ¿Debería Dios ignorar Su propia Palabra para arreglar los problemas que nos causamos a nosotros mismos? Por medio de la figura de dicción “personificación”, Dios le da vida a la Sabiduría y hace que ella nos hable:

Proverbios 1:20-31 (abreviado)
Clama la sabiduría en las calles… "¿Hasta cuándo, muchachos inexpertos, seguirán aferrados a su inexperiencia... y ustedes los necios, aborrecerán el conocimiento? Respondan a mis reprensiones, y yo les abriré mi corazón... Como ustedes... rechazaron todos mis consejos y no acataron mis reprensiones, ahora yo me burlaré de ustedes cuando caigan en desgracia... cuando les sobrevenga el miedo... y la desgracia los arrastre como un torbellino. Entonces me llamarán, pero no les responderé; me buscarán, pero no me encontrarán... por cuanto no siguieron mis consejos, sino que rechazaron mis reprensiones, cosecharán el fruto de su conducta...

Estas palabras son la Palabra de Dios. Parecen severas al leerlas, pero concuerdan con lo que tan frecuentemente vemos en el mundo que nos rodea. Por ejemplo, muchos cristianos que ignoraron el consejo de Dios acerca de la pureza sexual han sido contagiados con enfermedades de transmisión sexual, y no han sido sanados “por fe”. Hay cristianos que están en prisión por haber ignorado el consejo de Dios acerca de asociarse con personas malvadas, y Dios no los libera “por fe”. (Pr. 1:10-19). Muchos cristianos ignoran el sabio consejo de Dios de que la gente chismosa revelará el secreto (Pr. 11:13), y neciamente cuentan un secreto a alguien que saben que tiene la lengua floja. ¿Restaurará Dios su reputación “por fe” cuando el chisme se disemine por toda la ciudad? Generalmente no. Debemos mirar a nuestro alrededor para ver a todos los cristianos que tienen problemas que se han causado a sí mismos por falta de sabiduría. ¡Dios nos está hablando a gritos! ¿Podría ser que a todos estos cristianos simplemente les falte fe para lograr que Dios los libere? Sabemos que no es así. ¿Recuerdan lo que nos dijo la Sabiduría? Comeremos del fruto de nuestro camino si ignoramos el consejo de Dios (Pr. 1:31 RV60).

Ningún versículo funciona independientemente de los demás versículos

Esto nos lleva a otro punto que debemos tener en cuenta para entender a Dios, la Biblia y la vida, y especialmente si queremos vivir nuestras vidas sin enojo contra Dios. En nuestra cultura cristiana impaciente e indisciplinada algunas personas tratan a la Biblia como si fuera un libro de útiles refranes, como si cada versículo pudiera explicarse a sí mismo. Actúan como si la Biblia fuera uno de esos libros de dichos sabios sin conexión que algunas personas tienen en sus mesas de café. La verdad es que ningún versículo se puede tomar como un versículo aislado. Todo versículo está interconectado con todo otro versículo y con el tema general de la Biblia. Eso significa que para entender realmente la vida debemos prestar atención a cómo los versículos se relacionan unos con otros, lo que significa que debemos estudiar la Biblia entera. Pero no es eso lo que nuestra cultura de “quiero lo que quiero y lo quiero ya” quiere hacer.

Lo que es típico en nuestra cultura es tomar un versículo como Filipenses 4:19 (“Así que mi Dios les proveerá de todo lo que necesiten, conforme a las gloriosas riquezas que tiene en Cristo Jesús”) y luego tratar de “reclamarlo” y forzar a Dios a darnos abundancia “por fe”. Pero ¿qué hay de todos aquellos versículos que dicen que si somos indisciplinados o perezosos, empobreceremos (Pr. 10:4, 13:18, 14:23, 20:13, 21:17, 23:21, 24:33 y 34, 28:19)? Estos versículos también son la Palabra de Dios. ¿Podemos cosechar lo que no hemos sembrado? ¿Podemos cosechar abundancia cuando hemos sembrado necedad? Como ya hemos visto, agradezcamos que a veces Dios puede moverse poderosamente en gracia y misericordia para ayudar, pero frecuentemente sucede lo que Dios dejó por escrito y cosechamos lo que sembramos y comemos del fruto de nuestra conducta. Lamentablemente, muchas personas no ven las cosas de este modo y se culpan a sí mismas por no tener suficiente fe, o culpan a Dios por no ser amoroso.

Sanidad por fe

Otro versículo que las personas frecuentemente tratan de “reclamar” por fe es el que dice que son sanados en Cristo. Sin embargo, ¿cuántos cristianos enfermos no son sanados divinamente? ¿Puede ser que a todos ellos les falte fe, o hay allí otras razones? ¿Cuántas personas ignoran la sabiduría de Dios en cuanto a la salud? La Biblia contiene buenos consejos acerca de los alimentos que debiéramos comer, y nos dice que evitemos los extremos (“…El hombre que teme a Dios evitará todos los extremos” Ec. 7:18 – Traducción literal de este versículo en la New International Version).

Además, en la cultura bíblica las personas caminaban a todos lados, por lo tanto, todos hacían mucho ejercicio. Dios también nos advierte acerca de la angustia y la ansiedad (Pr. 12:25; Fil. 4:6), y nos ordena ser apacibles (Pr. 14:30; Fil 4:7; Col. 3:15). ¿Podemos sembrar una alimentación deficiente, falta de ejercicio y malos hábitos mentales y luego cosechar salud “por fe”? Reconozcamos que Dios es misericordioso y a veces puede sanarnos aún luego de haberLo ignorado, pero no lo puede hacer siempre: Él no puede incumplir Su propia Palabra (para un estudio más amplio, haga clic aquí: Sanidad).

Dios quiere que vivamos vidas realmente bendecidas. Para hacerlo debemos ser sabios, por eso Él nos dice: “Adquiere sabiduría, adquiere inteligencia…” (Pr. 4:5). También nos dice que nos disciplinemos para llevar a cabo aquello que sabemos que debemos hacer. Cuando ignoramos el consejo de Dios estamos siendo arrogantes y egoístas, pero cuando hacemos todo lo posible para obedecerLo estamos siendo humildes delante de Él. El orgulloso no puede pretender recibir una ayuda especial de Dios, pero sí el humilde: “…Dios se opone a los orgullosos, pero da gracia a los humildes” (Stg. 4:6; 1 Pedro 5:5; Pr. 3:34). Por eso, dicho sea de paso, es que tantas personas que tienen problemas causados por su propia necedad obtienen ayuda divina: porque si humildemente vienen delante de Dios y se arrepienten de su necedad, Él puede darles gracia.

Dios quiere que seamos bendecidos en todos los sentidos. Eso significa que deberemos obedecer Sus reglas acerca de sabiduría y disciplina así como Sus reglas sobre la fe. No es fácil hacerlo en nuestra cultura. De hecho, se requiere disciplina para lograr ser más disciplinados. Sin embargo, esforcémonos para ser obedientes. Es una elección encender el televisor si aún no hemos leído la Biblia ese día. Es una elección acostarnos a dormir tarde y luego levantarnos tan apurados que no tenemos tiempo para orar. Como hijos de Dios, redoblemos nuestros esfuerzos para ser humildes y sabios y evitemos el dolor de la necedad. Además, no seamos tan espiritualmente necios o ciegos como para culpar a Dios por el dolor que tenemos en nuestras vidas. Dios es sólo amor, sólo bien, y sólo ayuda. Nuestro dolor proviene del Diablo y de su demoníaco mundo caído, y del dolor que nosotros mismos nos hemos causado. Obedezcamos las directivas de Dios: “¡Sabiduría ante todo! ¡Adquiere sabiduría! Y antes que toda posesión, adquiere entendimiento”. (Pr. 4:7 RV89).

(traducción de Daniel de Oliveira y Pablo Pereyra)
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