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¿Perdonó Dios a Judas?

 
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Predeterminado ¿Perdonó Dios a Judas?

¿Perdonó Dios a Judas?

En esta ocasión quiero mostrar, a través de las Escrituras, que Judas fue perdonado por Dios luego de su traición a Jesús, y que fue él mismo quien no se perdonó por su pecado y decidió suicidarse.

Comenzaremos por leer la lista de los doce apóstoles elegidos por Jesús:

Mateo 10:2-4[1]
(2) Los nombres de los doce apóstoles son estos: primero Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano;
(3) Felipe, Bartolomé, omás, Mateo el publicano, Jacobo hijo de Alfeo, Lebeo, por sobrenombre Tadeo,
(4) Simón el cananista, y Judas Iscariote, el que también le entregó.

Ya en la primera vez que se menciona a Judas Iscariote se nos advierte que él fue quien entregó a Jesús. Su intervención en la Biblia no comienza del mejor modo.

Juan 12:1-6
(1) Seis días antes de la pascua, vino Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, el que había estado muerto, y a quien había resucitado de los muertos.
(2) Y le hicieron allí una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él.
(3) Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume.
(4) Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote hijo de Simón, el que le había de entregar:
(5) ¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres?
(6) Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella.

La “bolsa” se refiere a la bolsa que contenía el dinero de ofrendas que daban las personas. Aquí la Biblia nos cuenta que Judas era el encargado de las ofrendas y que sustraía de ella para su uso personal.

Luego vemos que Satanás influyó a Judas para que él entregara a Jesús:

Lucas 22:2-6
(2) Y los principales sacerdotes y los escribas buscaban cómo matarle; porque temían al pueblo.
(3) Y entró Satanás en Judas, por sobrenombre Iscariote, el cual era uno del número de los doce;
(4) y éste fue y habló con los principales sacerdotes, y con los jefes de la guardia, de cómo se lo entregaría.
(5) Ellos se alegraron, y convinieron en darle dinero.
(6) Y él se comprometió, y buscaba una oportunidad para entregárselo a espaldas del pueblo.

Esto no significa que Satanás haya manejado a Judas como títere, sino que influyó en Judas para que Judas decidiera entregar a Jesús. En el evangelio según Juan vemos cómo actuó el Diablo sobre Judas:

Juan 13:2
Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase,

Aquí se ve que no es que el Diablo entró en Judas y lo manejó como títere, sino que influyó en su corazón para que entregase a Jesús. El Diablo conocía la avaricia de Judas, porque Judas ya venía robando del dinero de las ofrendas, así que utilizó esa debilidad de Judas hacia el dinero para llevarlo a traicionar a Jesús.

En Mateo 26 leemos:

Mateo 26:36
Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro.

Luego de orar en tres ocasiones Jesús volvió hacia sus discípulos:

Mateo 26:45-49
(45) Entonces vino a sus discípulos y les dijo: Dormid ya, y descansad. He aquí ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores.
(46) Levantaos, vamos; ved, se acerca el que me entrega.
(47) Mientras todavía hablaba, vino Judas, uno de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes y de los ancianos del pueblo.
(48) Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, ése es; prendedle.
(49) Y en seguida se acercó a Jesús y dijo: ¡Salve, Maestro! Y le besó.

Aquí es donde vemos el acto de entrega por parte de Judas. Tal fue la frialdad de Judas que incluso estableció el beso como Señal para entregar a Jesús.

Un poco más adelante leemos:

Mateo 27:3-10
(3) Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos,
(4) diciendo: Yo he pecado entregando sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú!
(5) Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó.
(6) Los principales sacerdotes, tomando las piezas de plata, dijeron: No es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque es precio de sangre.
(7) Y después de consultar, compraron con ellas el campo del alfarero, para sepultura de los extranjeros.
(8) Por lo cual aquel campo se llama hasta el día de hoy: Campo de sangre.
(9) Así se cumplió lo dicho por el profeta Jeremías, cuando dijo: Y tomaron las treinta piezas de plata, precio del apreciado, según precio puesto por los hijos de Israel;
(10) y las dieron para el campo del alfarero, como me ordenó el Señor.

Lo que debemos entender en este pasaje es que cuando se dice que Judas “fue y se ahorcó”, no se está implicando que esto lo hizo inmediatamente. Este pasaje es como un paréntesis explicando lo que pasó luego con Judas, sin embargo, Judas no se ahorcó sino hasta después de la resurrección y ascensión de Jesús. Esto lo comprendemos al leer sobre la aparición de Jesús a los apóstoles:

Marcos 16:9-16
(9) Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios.
(10) Yendo ella, lo hizo saber a los que habían estado con él, que estaban tristes y llorando.
(11) Ellos, cuando oyeron que vivía, y que había sido visto por ella, no lo creyeron.
(12) Pero después apareció en otra forma a dos de ellos que iban de camino, yendo al campo.
(13) Ellos fueron y lo hicieron saber a los otros; y ni aun a ellos creyeron.
(14) Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado.
(15) Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.
(16) El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.


Al leer que Jesús “se apareció a los once mismos”, muchas personas en seguida piensan que quien faltaba era Judas, que ya se había ahorcado. Sin embargo, en el libro de Juan vemos otra cosa:

Juan 20:19, 20, 24
(19) Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros.
(20) Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor.
(24) Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino.

Lo que vemos aquí es que quien no estaba esa noche era Tomás, lo cual nos indica que Judas sí estaba allí, junto con otros diez apóstoles.

El apóstol Pablo dice:

1 Corintios 15:3-8
(3) Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras;
(4) y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras;
(5) y que apareció a Cefas, y después a los doce.
(6) Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen.
(7) Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles;
(8) y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí.

En el versículo 5 nos dice que Jesús apareció a Cefas y después a los doce. “Los doce” es una forma de referirse a los doce apóstoles designados por Cristo, entre estos doce estaba Judas, ya que el reemplazo para Judas fue seleccionado después de la ascensión de Cristo:

Hechos 1:15-19, 21-26
(15) En aquellos días Pedro se levantó en medio de los hermanos (y los reunidos eran como ciento veinte en número), y dijo:
(16) Varones hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura en que el Espíritu Santo habló antes por boca de David acerca de Judas, que fue guía de los que prendieron a Jesús,
(17) y era contado con nosotros, y tenía parte en este ministerio.
(18) Este, pues, con el salario de su iniquidad adquirió un campo, y cayendo de cabeza, se reventó por la mitad, y todas sus entrañas se derramaron.
(19) Y fue notorio a todos los habitantes de Jerusalén, de tal manera que aquel campo se llama en su propia lengua, Acéldama, que quiere decir, Campo de sangre.

(21) Es necesario, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros,
(22) comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección.
(23) Y señalaron a dos: a José, llamado Barsabás, que tenía por sobrenombre Justo, y a Matías.
(24) Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál de estos dos has escogido,
(25) para que tome la parte de este ministerio y apostolado, de que cayó Judas por transgresión, para irse a su propio lugar.
(26) Y les echaron suertes, y la suerte cayó sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles.

Aquí se relata la selección de Matías como uno de los doce apóstoles. Esto sucedió luego de la ascensión de Jesús y poco antes del día de Pentecostés, por eso podemos afirmar que entre los “doce” a los que se presentó Jesús estuvo Judas.

Ahora bien, en este relato de Hechos se nos presenta una dificultad: lo dicho entre los versículos 18 y 19 parecen contradecirse con aquello que habíamos leído en Mateo. En Mateo 27:3-8 leímos lo siguiente:

Mateo 27:3-10
(3) Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos,
(4) diciendo: Yo he pecado entregando sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú!
(5) Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó.
(6) Los principales sacerdotes, tomando las piezas de plata, dijeron: No es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque es precio de sangre.
(7) Y después de consultar, compraron con ellas el campo del alfarero, para sepultura de los extranjeros.
(8) Por lo cual aquel campo se llama hasta el día de hoy: Campo de sangre.

Pero en Hechos leemos:

Hechos 1:18-19
(18) Este, pues, con el salario de su iniquidad adquirió un campo, y cayendo de cabeza, se reventó por la mitad, y todas sus entrañas se derramaron.
(19) Y fue notorio a todos los habitantes de Jerusalén, de tal manera que aquel campo se llama en su propia lengua, Acéldama, que quiere decir, Campo de sangre.

En Mateo leemos que Judas devolvió arrepentido las 30 piezas de plata de su traición a Jesús a los sacerdotes y ancianos, pero ellos no le aceptaron la devolución, así que arrojó las piezas de plata en el templo y fue y se ahorcó. Además se dice que los sacerdotes compraron un campo para sepultar a los extranjeros y que este campo se llama “campo de sangre”. Pero en Hechos leemos que Judas adquirió un campo con el salario de su iniquidad y que cayendo de cabeza se reventó por la mitad y todas sus entrañas se derramaron. Luego se nos dice que este campo en el que murió se llama “Acéldama”, que quiere decir “campo de sangre”. Ambos registros parecen ser contradictorios, pero veremos que prestando atención a algunos detalles las aparentes dificultades se resuelven fácilmente.

En Mateo 27:7 y 8 la palabra “campo” es la palabra griega es agros, que se refiere a un terreno, particularmente se usa de terrenos espaciosos usados para cultivos o con pastizales para el ganado, por otro lado, en Hechos 1:19 la palabra “campo” es la palabra griega chorion, que significa “lugar” o “porción de terreno”, denota un “terreno” más pequeño que agros y no necesariamente cultivado. Entonces, en Mateo 27:8 se nos dice que el campo lo compraron los sacerdotes y fue llamado “agros aimatos” (campo de sangre), mientras que en Hechos se nos dice que el campo fue comprado por Judas y que fue llamado “chorion aimatos” (terreno de sangre). Lo que podemos ver es que se trata de dos campos distintos con dos historias diferentes.

Por otro lado, muchos han asumido que el “salario de la iniquidad” del que habla Hechos 1:18 se refiere a las treinta piezas de plata que Judas recibió por traicionar a Jesús, sin embargo esto no es lo que dice el pasaje. Las treinta piezas de plata que Judas recibió por su traición fueron arrojadas por Judas en el templo y utilizadas por los sacerdotes para comprar el “agros aimatos” (campo de sangre), por lo que no puede ser este dinero el que usó Judas para comprar su terreno. Entonces ¿cuál es el “salario de su iniquidad”? Bien, ¿qué otra iniquidad sabemos que Judas cometió? Ya vimos que él era encargado del dinero de las ofrendas y que robaba de allí, así que “el salario de su iniquidad” bien puede referirse a ese dinero. Con lo que fue robando se compró un terreno, que luego fue llamado chorion aimatos (terreno de sangre).

Lo que vemos es que Judas devolvió el dinero que le pagaron por traicionar a Jesús y con eso los sacerdotes compraron en “Campo de sangre” para sepultar a los extranjeros; y con el dinero que robó de las ofrendas Judas había comprado un terreno que es en donde se suicidó y fue luego llamado “terreno de sangre”. Nos queda por armonizar el relato con respecto a su muerte. En Mateo se nos dice que Judas se “ahorcó”, mientras que en Hechos leemos que “cayendo de cabeza, se reventó por la mitad, y todas sus entrañas se derramaron”. Es muy probable que él se haya ahorcado en su propio terreno y tiempo después (quizá días después) se haya roto la cuerda de la cual colgaba, o se haya caído de la soga, pegando contra alguna roca, reventándose su cuerpo y derramándose sus entrañas.

Pero lo importante para nuestro estudio es entender que Judas no se suicidó inmediatamente después de su traición, sino luego de la ascensión de Cristo, y estuvo entre los once que estaban reunidos tras puertas cerradas cuando Jesús se les apareció. Judas no sólo recibió el perdón de Dios y de Jesús, sino también de sus compañeros apóstoles. Su arrepentimiento no fue aceptado por los sacerdotes cuando él quiso devolver el dinero, pero sí fue aceptado por Dios y por sus compañeros, fue él mismo quien no soportó su pecado y se suicidó.

Sin embargo, tenemos un pasaje de la Escritura en la que Jesús parece condenar a Judas por su traición:

Mateo 26:24
A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de él, mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido.

Este versículo ha sido erróneamente traducido por la Reina-Valera y por la mayoría de las versiones de la Biblia al español. Sólo he leído algunas versiones en inglés que han traducido este pasaje correctamente. Este último versículo, conforme al texto griego, debiera traducirse así:

Pero ¡Ay de aquél hombre por medio de quien es entregado el Hijo del Hombre! Bueno fuera para Él si aquél hombre no hubiese sido engendrado.

Aquí la palabra “bueno” es en griego kalos, que tiene una gran variedad de significados, según el contexto. Puede tener el sentido de “bueno, hermoso, agradable, excelente, mejor, ideal, honroso, etc.” Aquí quizá podríamos traducir como “mejor”, algunas versiones traducen “ideal”, entonces nos quedaría “mejor [o “ideal”] fuera para Él si aquél hombre no hubiese sido engendrado”.

En donde dice: “bueno fuera para Él”, “Él” se refiere al “Hijo del Hombre”, o sea, a Jesús. La traducción al español omitió ciertos pronombres griegos y oscureció el pasaje, pero el griego es claro, Jesús no estaba diciendo que habría sido mejor para Judas no haber nacido, sino que habría sido mejor para Jesús que Judas no hubiese nacido. En otras palabras, Jesús estaba diciendo: “Alguien va a entregarme y mejor sería para mí si ese alguien no hubiese nacido”. De no haber estado Judas allí, quizá la muerte de Jesús habría sido distinta, cómo hubiese sido la historia no lo sabemos, pero Jesús dijo que habría sido “bueno”, “mejor” o “ideal” si Judas no hubiese nacido. Lejos de condenar a Judas, Jesús está declarando la realidad de la situación, y por eso dijo ¡Ay!

Judas fue perdonado por Dios y por Jesucristo, pero él no aceptó ese perdón y se suicidó. Esto fue una decisión que él tomó, la historia pudo haber sido diferente si él hubiese aceptado el perdón de Dios y hubiese restituido su andar. Pedro negó a Jesús, pero luego restituyó su andar y caminó poderosamente de la mano del Señor.

Judas pudo haber reaccionado como lo hizo el apóstol Pablo, y otra hubiese sido su historia. Leamos el testimonio que dio el apóstol Pablo:

Hechos 22:1-5
(1) Varones hermanos y padres, oíd ahora mi defensa ante vosotros.
(2) Y al oír que les hablaba en lengua hebrea, guardaron más silencio. Y él les dijo:
(3) Yo de cierto soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero criado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel, estrictamente conforme a la ley de nuestros padres, celoso de Dios, como hoy lo sois todos vosotros.
(4) Perseguía yo este Camino hasta la muerte, prendiendo y entregando en cárceles a hombres y mujeres;
(5) como el sumo sacerdote también me es testigo, y todos los ancianos, de quienes también recibí cartas para los hermanos, y fui a Damasco para traer presos a Jerusalén también a los que estuviesen allí, para que fuesen castigados.

Antes de ser el gran apóstol que fue, Pablo perseguía a los creyentes cristianos, apresándolos y mandándolos para ser castigados e incluso matados. Leamos lo que Pablo escribió tiempo después a Timoteo:

1 Timoteo 1:12-16
(12) Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio,
(13) habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador; mas fui recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad.
(14) Pero la gracia de nuestro Señor fue más abundante con la fe y el amor que es en Cristo Jesús.
(15) Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.
(16) Pero por esto fui recibido a misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna.

Noten que Pablo fue ejemplo de la misericordia de Dios. Pablo fue un gran pecador, pero recibió gran misericordia de parte de Dios y su vida dio un vuelco de 180 grados. Pablo llegó a ser el portador de la nueva revelación de Dios para la era de la Iglesia de Dios ¿No es esta una muestra de la infinita misericordia de Dios? ¿No creen que Judas también pudo haber dado un ejemplo similar de haber aceptado la misericordia y el perdón de Dios?

¿Cuál es el alcance del amor de Dios y de Su perdón?

Vean lo siguiente:

Hechos 2:22-24, 36-39
(22) Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis;
(23) a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole;
(24) al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella.

(36) Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.
(37) Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?
(38) Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.
(39) Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

Noten que Pedro está hablando a quienes prendieron, crucificaron y mataron a Jesús. A éstos mismos, Pedro les está predicando sobre el perdón de Dios. Pedro, por inspiración de Dios, les está asegurando que si ellos se arrepentían (“arrepentirse” significa “cambiar de mentalidad”) sus pecados serían perdonados y recibirían el don proveniente de Dios.

Esta es la grandeza del amor y perdón de Dios. Un perdón que llega al punto de dar Su don de espíritu santo, y la vida perpetua en una era futura en donde la Tierra no tendrá más maldad, a las mismas personas que consintieron y participaron activamente con la tortura y muerte de Jesús. Por eso en Romanos leemos:

Romanos 5:6-10
(6) Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.
(7) Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno.
(8) Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.
(9) Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.
(10) Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.

Romanos 8:32, 38-39
(32) El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?
(38) Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,
(39) ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

¡Dios los ilumine, encamine y llene de paz!

[1] A menos que se indique lo contrario las citas de las Escrituras son tomadas de la versión Reina-Valera de 1960.

Pablo Pereyra
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