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El marido como cabeza de la mujer

 
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Antiguo 19-Nov-2010   #1 (permalink)
Predeterminado El marido como cabeza de la mujer

[Este es el sexto capítulo de mi estudio "Sexualidad: Una óptica bíblica", publicado en [Tiene que Registrarte para ver los links. ]

El marido como cabeza de la mujer

Volvamos a repasar los cinco puntos básicos que estamos analizando en este estudio:

1 – Dios trajo al hombre una mujer para que sea su “ayuda idónea”, no le trajo algún animal, ni le formó otro hombre.
2 – Dios dio al hombre UNA mujer, sólo una, por lo que la idea original de Dios era que UN hombre esté unido a UNA mujer.
3 – Dios le dio al hombre una mujer para que fuera una “ayuda idónea”, no para una simple satisfacción sexual.
4 – Dios sacó a la mujer partiendo de una parte del hombre mismo y la dio al hombre para que ambos sean UNA carne. La idea de Dios era que formaran una unión permanente y no una ocasional.
5 – Dios desea que el amor entre marido y mujer sea de tal grado como el de Cristo por la iglesia, por lo que es necesario conocer el amor de Cristo e intentar imitarlo para poder tener una relación conforme a la voluntad de Dios.

Ahora trataremos sobre el quinto punto:

Dios desea que el amor entre marido y mujer sea de tal grado como el de Cristo por la iglesia, por lo que es necesario conocer el amor de Cristo e intentar imitarlo para poder tener una relación conforme a la voluntad de Dios.

En esta parte, analizaremos cómo debe ser la actitud del marido hacia su mujer y de la mujer hacia su marido. Analizaremos qué significa que la mujer debe someterse al marido y cómo debe ser practicada esa sujeción.

Efesios 5:1, 2, 21-33 (NVI)
(1) Por tanto, imiten a Dios, como hijos muy amados,
(2) y lleven una vida de amor, así como Cristo nos amó y se entregó por nosotros como ofrenda y sacrificio fragante para Dios.

(21) Sométanse unos a otros, por reverencia a Cristo.
(22) Esposas, sométanse a sus propios esposos como al Señor.
(23) Porque el esposo es cabeza de su esposa, así como Cristo es cabeza y salvador de la iglesia, la cual es su cuerpo.
(24) Así como la iglesia se somete a Cristo, también las esposas deben someterse a sus esposos en todo.
(25) Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella
(26) para hacerla santa. Él la purificó, lavándola con agua mediante la palabra,
(27) para presentársela a sí mismo como una iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección, sino santa e intachable.
(28) Así mismo el esposo debe amar a su esposa como a su propio cuerpo. El que ama a su esposa se ama a sí mismo,
(29) pues nadie ha odiado jamás a su propio cuerpo; al contrario, lo alimenta y lo cuida, así como Cristo hace con la iglesia,
(30) porque somos miembros de su cuerpo.
(31) "Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos llegarán a ser un solo cuerpo” [literalmente: “una carne”].
(32) Esto es un misterio profundo; yo me refiero a Cristo y a la iglesia.
(33) En todo caso, cada uno de ustedes ame también a su esposa como a sí mismo, y que la esposa respete a su esposo.

En el 32 “misterio” significa “secreto espiritual”. En la unión matrimonial hay un “gran secreto espiritual”, que está relacionado con la forma en que Cristo obra con la Iglesia. En estos versículos se nos alienta a ser “imitadores de Dios” y a llevar una vida de amor como la que tuvo Cristo (vers. 1 y 2), y en este contexto, se habla de cómo deben un hombre y una mujer llevar esa vida de amor. Muchos han hecho énfasis en el hecho de que “el hombre es cabeza de la mujer”, como para poner a la mujer en un estado casi de esclavitud, o de obediencia total a cada deseo o capricho de su marido. Sin embargo, frecuentemente se pasa por alto el hecho de que estos versículos dicen que el marido debe amar a su mujer “como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella” (v.25).

Tomando el ejemplo de Cristo, vemos que él nos amó tanto que dio su vida en rescate por nosotros, y nosotros, al entender tal amor, hemos decidido hacerlo nuestro Señor, y le obedecemos, no porque nos obligue a hacerlo, sino porque le amamos, y sabemos que él desea lo mejor para nosotros. Del mismo modo en que se relaciona Cristo con la Iglesia debiera relacionarse un marido con su mujer. Idealmente, el marido debe amar a su mujer buscando siempre su bien y, si fuera necesario, sacrificarse por su bienestar; entonces, la respuesta más lógica de la mujer al amor del marido sería la obediencia, no por la fuerza, sino porque se da cuenta cuánto le ama el marido y desea complacerlo, sabiendo que el marido trabaja para darle lo mejor. Estos son los términos “ideales” a los que un cristiano debiera apuntar. Nadie acepta a Cristo un día y camina en perfecto amor al día siguiente; el amor, la bondad, la paciencia, la sabiduría, etc., son cualidades a desarrollar, y un carácter tal como el de Cristo puede llevar toda una vida de desarrollo, pero como tenemos una naturaleza de pecado dentro nuestro, nunca llegaremos a ser perfectos sino hasta que seamos transformados, cuando nos reunamos con Cristo en el “arrebato”. Sin embargo, es nuestra responsabilidad como cristianos tratar de desarrollar un carácter y conducta como el de Cristo, y en nuestra relación de pareja esto significa crecer en el amor, entrega y cuidado del marido hacia la mujer y de la mujer hacia el marido, llegando a ser “una carne”.

Volvamos a leer el versículo 21:

Efesios 5:21 (NVI)
Sométanse unos a otros, por reverencia a Cristo.

En este versículo la palabra griega para “sométanse” es hupotasso, que tiene el sentido de “ordenarse debajo de” y de ahí, “estar bajo la autoridad de” y “obedecer, sujetarse o someterse a”. Más exactamente este versículo se leería:

“Colóquense por debajo unos de otros, en reverencia de Cristo”.

Lo que este versículo nos está indicando es que como cristianos debemos colocarnos unos debajo de otros en obediencia a Cristo, esto a veces va a implicar estar bajo la autoridad de alguna otra persona, pero esta sujeción debe ser en reverencia a Cristo. Por amor a Cristo nos colocaremos bajo autoridad de otra persona si eso es lo que Él nos manda a hacer.

Sólo Cristo tiene la autoridad para decirnos bajo la autoridad de quién debemos colocarnos. En otras palabras, nosotros no deberíamos ponernos bajo la autoridad de alguna otra persona (así sea el más recto hombre de Dios de la Tierra) en forma arbitraria e impulsiva. En nuestra relación con Cristo, Él nos indicará bajo la autoridad de quién debemos colocarnos, si es Su voluntad, lo cual puede también ser un hecho circunstancial, no debemos creer que si Cristo nos puso bajo la autoridad de alguien en un momento que esto será así para siempre. Nuestra relación con Dios y con nuestro Señor Jesucristo debe estar siempre en primer plano y si ellos nos colocan circunstancialmente bajo la autoridad de otra persona, le obedeceremos, pero si no, no deberíamos someternos a alguien que quiera “reclamar” autoridad sobre nosotros por tener un mayor “rango” o tener mejor “comunión” con Dios, o más experiencia y años “en la Palabra”. Sólo debemos obedecer a otras personas en aquello que ellos actúan conforme a la voluntad de Dios.

Con este entendimiento en mente, leamos los siguientes versículos:

Efesios 5:21-24 (NVI)
(21) Sométanse unos a otros, por reverencia a Cristo.
(22) Esposas, sométanse a sus propios esposos como al Señor.
(23) Porque el esposo es cabeza de su esposa, así como Cristo es cabeza y salvador de la iglesia, la cual es su cuerpo.
(24) Así como la iglesia se somete a Cristo, también las esposas deben someterse a sus esposos en todo.

En el 22 leemos “Esposas, sométanse a sus propios esposos como al Señor”. ¿Cómo debiera ser la obediencia a Cristo? Total y completa. Entonces ¿está este versículo diciendo que la esposa debe obedecer completamente todo lo que el marido le ordene? ¿Y qué si le ordena dejar a Cristo? La lógica y la razón nos indican que aquí hay algo raro.

En principio, este versículo, conforme el texto griego, debiera leerse así:

“Las mujeres a sus propios maridos, así como el Señor”

Por un lado, vemos que no hay verbo “sométanse” en este versículo, se debe tomar el verbo que se menciona en el versículo anterior. Entonces debiéramos leer: “Las mujeres colóquense debajo de sus propios maridos”, lo cual tiene un sentido de servicio y obediencia al marido. Por otro lado, las palabras “así como el Señor” como veremos, no se refieren a obedecer al marido tal como se obedece al Señor. “Así como el Señor” en el griego son las palabras os to kurios, las mismas palabras se usan en Efesios 6:7 y Colosenses 3:23, en ambos casos se refiere a hacer algo “como para el Señor” y no como para los hombres. Entonces, podríamos traducir este versículo así:

“Las mujeres colóquense debajo de sus propios maridos, así como para el Señor”.

Esto quiere decir que una mujer debiera, en obediencia a Cristo, ponerse al servicio de su marido, pero no por el marido en sí, sino en servicio al Señor. En otras palabras, si el Señor se lo indica, ella se pone al servicio de su marido en servicio al Señor. Por supuesto, ella no debe cumplir todo capricho del marido ni soportar maltratos, su obediencia es siempre en relación a la obediencia a Cristo y si Cristo indica algo contrario a la voluntad del marido (o incluso un divorcio), ella debería obedecer a Cristo antes que a nadie.

Ahora analizaremos los versículos siguientes:

Efesios 5:23-24
(23) Porque el esposo es cabeza de su esposa, así como Cristo es cabeza y salvador de la iglesia, la cual es su cuerpo.
(24) Así como la iglesia se somete a Cristo, también las esposas deben someterse a sus esposos en todo.

En el 23 tenemos una comparación entre el organismo espiritual que formamos en Cristo. Cristo es la Cabeza del Cuerpo de creyentes. De él salen las órdenes para Su iglesia, sin embargo, él no es un Señor caprichoso y egoísta que nos hará sufrir para obtener Su propio beneficio. Él demostró ser el ser dotado del más inmenso amor al sacrificarse por nosotros en la cruz, dándonos la posibilidad de tener vida perpetua en la era futura. Por eso él es el Salvador de la Iglesia. Además, él está conectado con nosotros de tal modo que Él nos necesita a todos (1 Co. 12:21) y se duele de nuestros dolores (1 Co. 12:26), por eso nos cuida, nos protege y nos bendice, y todo lo que Él ordene será para nuestro bien y el bien de todo el Cuerpo de creyentes.

Del mismo modo, cuando la Biblia nos dice que el marido es “cabeza” de la mujer, esto no significa sólo dar órdenes a cumplir. Esto significa cuidar, proteger y bendecir a la mujer y ejercer un profundo amor sobre ella, sacrificando cosas de su propia vida para edificar a su mujer. Si el marido es la clase de “cabeza” que Cristo es con Su Iglesia, la mujer tranquilamente podrá obedecer en amor todo aquello que el marido le pide, sabiendo que redundará en mayor beneficio para su propia vida. Muchos predicadores han leído estos versículos con el énfasis en la obediencia de la mujer al marido, dejando de lado el énfasis que la Biblia está dando que es la relación de profundo amor de uno hacia el otro. La obediencia está presente, pero esa obediencia se basa en un profundo amor de uno por el otro. No olvidemos que Cristo fue el perfecto ejemplo de servicio, jamás fue un Señor egoísta, ni lo es ahora tampoco, a pesar de Su autoridad y poder trabaja continuamente para edificar a Su Cuerpo.

El versículo 24 podría traducirse mejor así:

“Así como la Iglesia debe colocarse bajo la autoridad de Cristo así también deben hacer las esposas para con sus marido, en todo”.

Bien, hasta aquí la instrucción para las mujeres, de colocarse al servicio del marido y respetando su autoridad. Aquí es donde muchos hombres terminan de leer diciendo a sus esposas: “lo ves, la Biblia dice que me tienes que obedecer”. Pero ¿qué dice que debe hacer el marido?


Efesios 5:25
Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella

¡Ay! ¡Este versículo mejor lo salteamos! ¿No? Dice que los esposos deben amar a sus esposas como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella. Pregunto yo ¿quién tiene la parte más difícil aquí? ¿El marido o la mujer? A la mujer le toca servir y obedecer al marido, lo cual muchas veces no es algo fácil de hacer pero al marido le toca amar a su mujer como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella. ¿Cuánto sufrió Cristo por la iglesia? Quizá no sea necesario que el marido sea crucificado para salvar a su mujer, pero esta es la clase de amor que Dios quiere que tenga el marido por su mujer.

En verdad, todo este pasaje nos está mostrando que en los estándares de Dios todo es amor y servicio unos a otros. En tiempos antiguos la mujer no tenía derechos tales como los que tiene a otro, no podía “independizarse” como lo hace ahora, no podía participar de muchas actividades que hacían los hombres, de hecho, muchas veces era tratada como poco más que un animal. Entonces el apóstol Pablo está diciendo aquí “sí, es cierto, la mujer debe obedecer al marido, pero el marido la tiene amar como Cristo amó a la iglesia”, en otras palabras Pablo (por revelación de Dios) está poniendo la relación matrimonial en su verdadera perspectiva espiritual: un profundo amor de uno hacia el otro, en una relación de conjunta obediencia a Cristo.

Efesios 5:26
(26) para hacerla santa. Él la purificó, lavándola con agua mediante la palabra,
(27) para presentársela a sí mismo como una iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección, sino santa e intachable.

Aquí se describe un poco de por qué Cristo se entregó por la iglesia. Fue con el objetivo de santificarla y presentarla a sí mismo como una iglesia radiante y sin mancha e imperfección. Por tanto, el mismo objetivo debe tener el marido para con su mujer. El marido debe obrar de tal modo en que su mujer pueda crecer en su andar espiritual con Cristo.

Efesios 5:28-30
(28) Así mismo el esposo debe amar a su esposa como a su propio cuerpo. El que ama a su esposa se ama a sí mismo,
(29) pues nadie ha odiado jamás a su propio cuerpo; al contrario, lo alimenta y lo cuida, así como Cristo hace con la iglesia,
(30) porque somos miembros de su cuerpo.

Aquí Pablo sigue expandiendo el mismo concepto: el marido debe amar a la mujer como a su mismo cuerpo. El marido debe tomar el ejemplo de Cristo y así como Cristo cuida y nutre a Su Iglesia, que es Su Cuerpo, del mismo modo el marido debe cuidar a su mujer, debe proveerle, debe ayudarla a crecer y estar bendecida.

Efesios 5:31-32
(31) "Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos llegarán a ser un solo cuerpo” [literalmente: “una carne”].
(32) Esto es un misterio profundo; yo me refiero a Cristo y a la iglesia.

El versículo 32, más acorde al texto puede traducirse: “Este secreto espiritual es grande, pero yo hablo esto en Cristo y en la Iglesia” o “…pero yo hablo esto con respecto a Cristo y con respecto a la Iglesia”. Lo que Pablo está diciendo a los creyentes es que la calidad de unión que tiene Cristo con la Iglesia es un gran secreto espiritual y la relación matrimonial debía ser de la misma índole que la unión entre Cristo y la Iglesia. Por lo tanto, dos aspectos importantes se desprenden de aquí: que conocer más y más el amor de Cristo por Su iglesia redundará en una más fuerte unión matrimonial entre dos creyentes cristianos y que la relación matrimonial entre dos cristianos también puede ayudarnos a comprender mejor la grandeza del amor de Cristo por Su Cuerpo, o sea, la Iglesia de creyentes renacidos.

Efesios 5:33
En todo caso, cada uno de ustedes ame también a su esposa como a sí mismo, y que la esposa respete a su esposo.

Si bien la unión matrimonial puede ser usada como una “figura” de la unión entre Cristo y Su Iglesia, Pablo aquí vuelve a remarcar el aspecto literal de sus declaraciones. Algunos han tomado la figura del matrimonio diciendo que Cristo es “el esposo” de la Iglesia, y dejan de lado el aspecto literal, como si no fuera importante, o como si no fuera éste el centro de este pasaje. Sin embargo Pablo introduce la figura de Cristo y la Iglesia para reforzar la idea de cuán fuerte debiera ser la unión entre marido y mujer. El contexto viene hablando de relaciones entre personas: el versículo 2 habla de andar en amor, como Cristo anduvo, el 3 al 17 da recomendaciones sobre cómo debe ser la conducta del cristiano en términos generales y cómo debe tratar con los incrédulos, del 19 al 21 se habla de la conducta del cristiano para con otros cristianos y luego, llegando al 22 tenemos lo que debiera ser el máximo grado de unión y de demostración de amor, que es el de un marido y mujer, que deberían aprender a amarse tomando como ejemplo el amor de Cristo hacia Su Iglesia, que es Su Cuerpo.

Entonces, vemos que el estándar de Dios para un matrimonio es uno muy alto, Dios desea un alto grado de amor, fidelidad, cuidado, comprensión, cariño, comunicación y sacrificio de uno por otro en una pareja. Quizá el ideal sea muy difícil de alcanzar y la pareja pase por distintas crisis, pero si ambos son cristianos que de todo corazón aman a Cristo, buscarán avanzar en ese amor día a día.

En vista de esta instrucción, un cristiano podría decir: “bien, pero mi esposa no es creyente” o “mi marido no es creyente” o “cree en Dios pero no está interesado en tener una relación con Él” ¿Qué hago? Bien, como hemos visto en el capítulo anterior, 1 Corintios 7:10-13 nos muestra que el marido creyente no debe abandonar a la mujer que no lo es, ni la mujer creyente debe abandonar al marido incrédulo, en el caso de que la pareja esté en buenos términos y la relación no sea dañina para ninguno. En estos casos, quizá no sea posible llegar al ideal de Dios, pero Dios dice que de todos modos es mejor que se mantengan juntos si es que se aman. El punto está en no usar la incredulidad del otro como excusa para la separación, sino desarrollar una relación con Dios y que Dios vaya trabajando en la pareja, para bendecirla y fortificarla. Ya hemos visto que el divorcio sólo se hace necesario cuando uno de los dos ha endurecido su corazón y la relación es dañina y puede mejorar.

Resumiendo este breve capítulo, hemos visto que la voluntad de Dios para el hombre y la mujer es que ambos constituyan “una carne”, tal como lo quiso Dios desde Su creación, y hemos visto que esta unión que Dios quiere como “ideal” es una unión semejante a la de Cristo con Su Iglesia, en la cual la mujer se coloca al servicio de su marido y el marido actúa como “cabeza” de esta unión, sustentando y cuidando a su mujer, sacrificándose por el bien de ella. Esto no quiere decir que la mujer tenga que exclusivamente ser un ama de casa y encargarse de los niños, si la pareja es espiritualmente madura, el Señor les dará sabiduría para funcionar cada uno conforme a sus talentos, habilidades y funciones dadas por Dios. Si el marido se queda cuidando a los niños no por eso dejará de ser la “cabeza” de la pareja, o si la mujer provee del sustento económico, no por eso dejará de ser la subordinada de su marido, ambos deberán evaluar, con la ayuda de Dios, qué rol tendrá cada uno en la familia y cómo funcionarán mejor en servicio a Dios y en servicio y edificación de uno hacia el otro.

Nuevamente quiero aclarar que el que el marido sea la “cabeza” de la mujer no significa que la mujer deba obedecer ciegamente a todo lo dicho por su marido, sino que deberá consultar al Señor y saber cuál es Su voluntad y luego evaluar si debe hacer caso a Su marido o no. Pero la obediencia al Señor tampoco debe ser excusa en la mujer para ir siempre en contra de los requerimientos del marido. Como ya dije, la mejor forma de fortalecer una pareja y vivirla conforme a la volutad de Dios es que ambos amen a Dios y se interesen unos por otros y sencillamente dejen fluir el amor de Dios en sus vidas. Poniendo a Dios primero la pareja podrá crecer fuerte y sana para ser de máximo provecho para Dios y para criar hijos física, mental y emocionalmente sanos, dentro de un marco familiar bien constituido.
Pablo Pereyra está desconectado  
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