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Aprovechando bien el tiempo

 
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Antiguo 01-Apr-2011   #1 (permalink)
Predeterminado Aprovechando bien el tiempo

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Es común que escuchemos decir a las personas, luego de que han perdido cierto tiempo de sus vidas en actividades infructuosas, o en la recuperación de una enfermedad o herida, algo así como “debo recuperar el tiempo perdido”. Cuando se habla así, la idea es la de esforzarse más de lo normal para poder hacer todo aquello que no se hizo con anterioridad. Esto suele dar una fuerte motivación inicial a las personas, pero también las sumerge en un exceso de cansancio y tensión nerviosa (comúnmente llamado “estés”).

Como cristianos, nuestra norma para la creencia y práctica debe ser aquello transmitido por Dios en la Biblia, sabiendo que el deseo de Dios para nosotros es “benéfico y complaciente y completo” (Romanos 1:3). Por lo tanto, es notable que en la Biblia jamás se habla de “recuperar el tiempo perdido”, ni nada similar. En muchos pasajes bíblicos se instruye a aprovechar bien el tiempo, pero jamás se habla de “recuperar” el tiempo que se ha perdido. Esto es porque el tiempo pasado no es “recuperable”, para recuperar el día de ayer tendríamos que ser capaces de retroceder en el tiempo y esto no es posible. Lo que sí es posible es aprovechar lo mejor posible cada día de nuestras vidas, lo cual es distinto.

Mateo 6:24 (RV-1960)
Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.

Hay que notar, en este pasaje, que Jesús no enseñó que una persona que sirviera a Dios no podía tener riquezas, sino que no es posible SERVIR a dos señores con voluntades distintas simultáneamente. La búsqueda de riquezas como prioridad de nuestras vidas nos traerá conflicto con las exigencias de Dios. Sin embargo, es posible que en nuestro servicio a Dios lleguemos, circunstancialmente, a tener riquezas, porque Dios así lo quiso, pero esto no es algo seguro y no debe ser prioritario en nuestras vidas.

Mateo 6:25-30 (RV-1960)
(25) Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
(26) Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?
(27) ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?
(28) Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan;
(29) pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos.
(30) Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?

Con esto Jesús no está dando una excusa para no trabajar y ocuparse de las necesidades diarias, sino que los instruye a no “afanarse”, no preocuparse desmedidamente por lo que comerán o vestirán en los días venideros. Si estamos haciendo la voluntad de Dios, Dios se encargará de proveer aquello que necesitamos en nuestras vidas diarias. Por supuesto, parte de la voluntad de Dios es que trabajemos por nuestro sustento, pero nuestra prioridad no debe ser el bienestar económico, sino la obediencia al Padre.

Es curioso ver cómo llama Jesús aquí a las personas a las que está hablando: “hombres de poca fe”. Con esto Jesús está diciendo que no es necesario ser hombres de una fe colosal para recibir sustento de parte de Dios. El hecho de tener “poca fe” es suficiente. O sea, el hecho de estar dispuestos a hacer la voluntad de Dios y a esforzarnos por vivir como Él quiere ya es suficiente para entrar bajo el cuidado y protección de Dios, pero, obviamente, mientras más le obedezcamos, más posibilidad le daremos a Dios de actuar en nuestras vidas.

Mateo 6:31-34 (RV-1960)
(31) No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?
(32) Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.
(33) Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.
(34) Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.

Nuevamente vemos que el foco de la enseñanza son las prioridades. Si la prioridad es el reino de Dios y Su justicia, lo demás será añadido. Jesús termina diciendo que a causa de esto, el cristiano de debiera preocuparse desmedidamente (“afanarse”) por el día de mañana (los días futuros), ya que éste traerá su propio afán.

En realidad, conforme al texto griego, el 34 leería: “entonces, no estén-preocupados [o “ansiosos” o “distraídos”] por el día-que-sigue, porque el día-que-sigue estará-ansioso de sí-mismo, suficiente es para el día el mal propio”.

La palabra para “mal” en este versículo es kakos, que significa “mal” en forma genérica, denota algo que no es correcto, algo que no es lo que debiera ser; no necesariamente es algo que es maligno o dañino, sino algo que no es perfecto y plenamente benéfico. Por el hecho de que la Tierra está maldita a causa de la desobediencia de Adán (Gn. 3:17), cada día tiene “mal” en sí mismo, los días no son lo que tienen que ser, no son lo que Dios desea que sean. Esto es una realidad inevitable y que sólo se solucionará cuando Dios haga un nuevo cielo y una nueva Tierra (Ap. 21:1 y sig.). Mientras vivamos en esta era, cada día tendrá mal en sí mismo, no será perfecto, no será plenamente benéfico y deseable. Sin embargo, es posible agregar mayor mal ¿cómo? Cuando comenzamos a preocuparnos por los días futuros de modo de distraernos de vivir correctamente el día presente.

A modo figurado Jesús les dijo a los oyentes: “no se preocupen por los días futuros, ¡dejen que el futuro se preocupe de sí mismo!” Esto no quiere decir que no podamos programar actividades para días futuros, o ponernos metas tales como obtener un título, conseguir un trabajo de aquello que nos gusta hacer o tener una pareja e hijos, sin embargo, estas cosas no deben distraernos al punto de dejar de servir a Dios hoy en el afán de lograrlas. Después de todo, nadie puede asegurar lo que pasará el día de mañana (St. 4:13, 14). Sólo Dios conoce todas las variables como para poder encaminarnos hacia un buen futuro. Él jamás nos guiará a la perdición, jamás nos llevará a un camino sin salida, lo que Él quiere es bendecirnos y obtendremos el máximo de nuestro Padre celestial si andamos conforme Su voluntad.

Efesios 5:15-17 (RV-1960)
(15) Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios,
(16) aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.

En el versículo 15 la palabra “diligencia” es la palabra griega akribos, que significa “hacer algo conforme a una norma o patrón, teniendo cuidado y exactitud en la tarea” . Entonces, el sentido de este versículo sería: “Miren con detenimiento y precisión, conforme a la norma, cómo están andando, no lo hagan como necios, sino como sabios”.

En el versículo 16 la palabra “aprovechando” es en realidad “redimiendo”. “Redimir” significa “pagar el precio de algo que inicialmente era propio y pasó a ser de otro, con el objetivo de recuperarlo”. Además, la palabra “tiempo” es en griego kairos. Existen dos palabra griegas que pueden traducirse como “tiempo”. Una es chronos y la otra es kairos. La palabra chronos se usa para señalar fecha determinada, o el tiempo de duración de un evento. Por otro lado, kairos denota un tiempo oportuno, un momento justo para hacer algo, una temporada. La palabra “malos” aquí es la palabra griega poneros, que, a diferencia de kakos (que hemos visto en el relato de Mateo) significa “maligno” o “dañino”, algo que hace mal o genera daño. Esto nos indica que los días no solamente son “malos”, sino que hacen daño a las personas. Vivimos en un mundo caído, corrompido por la entrada del pecado, la muerte y la maldad en manos de Satanás, por eso, aún si las personas son “buenas”, los días las dañan, porque no sólo hay mal entre las personas del mundo, sino que hay mal todo a nuestro alrededor, nuestro ambiente está contaminado, nuestro cuerpo tiene muerte en sí, nuestra mente carnal está llena de pecado, hay mal por doquier y por eso es que cada día trae daño a nuestras vidas.

Entonces, el versículo 16 estaría diciendo: “redimiendo la temporada porque los días son malignos”. Como dije, el mal que hay en el mundo hace que cada día añada algún mal o daño a nuestras vidas. Sin embargo, Dios nos dice aquí que tenemos la capacidad de (en sentido figurado) “redimir”, o sea, de “comprar” las temporadas o los momentos oportunos. Cada día Dios nos traerá una oportunidad para obtener plenitud y la manera de aprovechar esa oportunidad es examinando cuidadosamente nuestro andar, para que se ajuste a la voluntad de Dios.

Efesios 5:17 (RV-1960)
Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor.

¿Cómo vamos a examinar con detenimiento y detalle nuestro andar si no tenemos la norma o patrón con el cual examinarlos? Por eso es que debemos conocer la voluntad del Señor. Sin conocer la voluntad del Señor jamás podremos hacer un examen correcto de nuestra andar y, consecuentemente, jamás podremos recibir y aprovechar las oportunidades que Dios da cada día.


La manera de poder vivir un día en su máxima plenitud es obedeciendo a Dios, nuestro Padre celestial, quien nos comunica Su voluntad por medio del Señor Jesucristo. Es por esto que la idea de “recuperar el tiempo perdido” puede llegar a ser una piedra de tropiezo en nuestras vidas. Supongamos que Dios ayer me dio cierta instrucción que yo no cumplí; con la idea de “recuperar el tiempo perdido” quizá hoy me esfuerce por cumplir esa instrucción que ayer no cumplí y, en el afán de hacerlo, no percibo lo que Dios quiere para mi vida hoy. Cada día debe ser vivido en comunión con Dios, en constante oración y atención a la voluntad de Dios. Por eso es que la idea de “recuperar el tiempo” no está presente en la Biblia, Dios no quiere que hoy vivamos con el recuerdo de Su presencia de ayer, Él quiere que hoy estemos en comunión con Él y sigamos sus instrucciones para hoy. El maná que recibieron los israelitas en el desierto sólo podía ser comido en el día en que fue recogido, al día siguiente ya no servía, lo mismo sucede con las palabras procedentes de la “boca” de Dios que nos alimenta cada día (ver Lucas 4:4; Juan 6:32-35, 49-51), deben ser pedidas a Dios cada día (Mateo 6:11).

Colosenses 4:2-6 (RV-1960)
(2) Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias;
(3) orando también al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual también estoy preso,
(4) para que lo manifieste como debo hablar.
(5) Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo.
(6) Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno.

Aquí nuevamente tenemos la expresión “redimiendo el tiempo” (esta vez correctamente traducida por la RV-1960).

Aquí vemos una serie de instrucciones conectadas:

1) Perseverar en oración, velando en ella con acción de gracias.
2) Orar por los ministros y aquellos que dan a conocer la Palabra de Dios, para que hablen como deben hablar.
3) Andar sabiamente con los de afuera.
4) Redimir el tiempo
5) Que nuestra palabra sea siempre con gracia, sazonada con sal, para saber cómo responder a cada uno.


Estas instrucciones son muy parecidas a las que Pablo da a los efesios:

Efesios 6:18-20 (NVI)
(18) Oren en el Espíritu [debe decir “en espíritu”, sin artículo ] en todo momento, con peticiones y ruegos. Manténganse alerta y perseveren en oración por todos los santos.
(19) Oren también por mí para que, cuando hable, Dios me dé las palabras para dar a conocer con valor el misterio del evangelio,
(20) por el cual soy embajador en cadenas. Oren para que lo proclame valerosamente, como debo hacerlo.

Aquí en Efesios vemos enfatizada la necesidad de orar. La instrucción de “orar en espíritu” se estaría refiriendo al hablar en lenguas (1 Co. 14:14, 16). Aquí Pablo dice que en todo tiempo (kairos), en toda temporada o en todo momento que sea posible oren en lenguas, acompañando esta oración con peticiones y con ruegos (hechos con el entendimiento). También habla de “mantenerse alertas y perseverar en oración por todos los santos”, lo cual puede referirse a orar preventivamente por las situaciones que puedan presentarse, no sólo en nuestras vidas, sino la de todos aquellos cristianos que conocemos.

Pablo también pide específicamente que oren por él, para hacer bien el trabajo que Dios le encomendó. Esto, en nuestros días, se transfiere a estar orando por aquellos que tienen encomendada una tarea específica por Dios, especialmente los que predican, enseñan o difunden la Palabra de Dios, para que puedan obrar correctamente, para que sean quitados los obstáculos y presiones que se presentan y así el mensaje de salvación de Dios pueda ir alcanzando a toda persona.

Volvamos al relato de Colosenses:

Colosenses 4:2-6 (RV-1960)
(2) Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias;
(3) orando también al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual también estoy preso,
(4) para que lo manifieste como debo hablar.
(5) Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo.
(6) Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno.

Lo que debemos tener en cuenta aquí es que la motivación para mantener esta conducta en nuestras vidas está dada en los versículos anteriores:

Colosenses 3:23-25 (BTX)
(23) Cuanto hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor, y no para los hombres,
(24) sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia: a Cristo el Señor servís.
(25) Pero el que obra con injusticia, recibirá conforme a la injusticia que obró, porque no hay acepción de personas.

Si esperamos recibir recompensa de los hombres a cambio de nuestra conducta correcta, tarde o temprano terminaremos desilusionados y desanimados, por eso, siempre debemos tener en mente que nuestra conducta debe ser como respuesta al amor de Dios en Cristo, sabiendo que Él es un Dios justo que recompensará con justicia a cada uno conforme a su conducta. Esto se relaciona también con un pasaje en Gálatas:

Gálatas 6:9-10 (RV-1960)
(9) No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.
(10) Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe.

En este pasaje, tanto la palabra “tiempo”, del versículo 9, como la palabra “oportunidad”, del versículo 10, son la palabra griega kairos, que ya definimos como “temporada” o “tiempo oportuno”. “Desmayar” aquí tiene el sentido de perder el ánimo y abandonar el esfuerzo por hacer el bien. La instrucción aquí es a hacer el bien a toda persona y especialmente a otros cristianos siempre que tengamos la oportunidad, siempre que exista un momento apropiado para hacerlo, y a continuar con esta conducta para poder llegar a cosechar de aquello que sembramos.

El “hacer el bien” se refiere a hacer la voluntad de Dios, de lo cual tenemos algunos ejemplos en versículos previos:

Gálatas 6:1-6 (RV-1960)
(1) Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.
(2) Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.
(3) Porque el que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña.
(4) Así que, cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de gloriarse sólo respecto de sí mismo, y no en otro;
(5) porque cada uno llevará su propia carga.
(6) El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye.

Estas son algunas de las cosas que podemos considerar como “hacer el bien”. El foco de estas instrucciones está en la búsqueda de la edificación de las otras personas, especialmente los cristianos. El foco no debe estar en el crecimiento personal, o en la obtención de la propia gloria, sino en aportar para el crecimiento conjunto de todo el Cuerpo de Cristo, para gloria de Dios.

Gálatas 6:7-10 (RV-1960)
(7) No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.
(8) Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna [debe decir “vida de la era”].
(9) No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.
(10) Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe.

“Sembrar para el Espíritu” es sembrar para Cristo, quien es “el Espíritu”, y se refiere a hacer aquello que es conforme a la voluntad de Cristo. Cuando hacemos nuestra propia voluntad carnal y pecaminosa, lo que obtenemos es corrupción, pero cuando hacemos la voluntad de Dios en Cristo, la cual es comunicada a nosotros a través del don de espíritu santo que hay en nosotros, lo que obtenemos es “vida de la era”. La expresión “vida de la era” se refiere a la clase de vida que tendremos cuando sea establecido el reino de Dios, en la era futura. Parte de los beneficios y la plenitud de esa vida está disponible vivirla en estos tiempos, en la medida que andamos conforme a la voluntad del Señor “sembrando para el Espíritu”.

Para poder “sembrar para el Espíritu” es necesario que estemos en comunión con Cristo y sigamos las instrucciones que va “escribiendo” en nuestros corazones (He. 8:11). Los actos religiosos externos, por más piadosos que parezcan, no darán fruto espiritual si no se hacen conforme a la guía del Señor en el corazón del cristiano. Si el Señor no nos instruye a hacer algo, lo que hagamos no será “sembrar” para el Espíritu, sino para la carne (aunque en apariencia sea un verdadero acto piadoso). De ahí que Pablo tenga que advertir que Dios no puede ser burlado. Hay personas que intentan engañar a otros, o incluso se engañan a sí mismas, intentando perfeccionar su exterior con multitud de actos religiosos “dedicados” a Dios, pero que no cambian en Su interior y no están en comunión con Dios. Estas personas pueden burlar a otras y engañarse a sí mismas, pero Dios no puede ser burlado, y no recibirán fruto espiritual en una “semilla” carnal. La vida plena que está disponible vivir es otorgada por Dios en la medida que andamos conforme a Su voluntad.

Conforme a lo leído, para poder cosechar frutos hacer el bien no debe ser algo ocasional, sino una conducta continua. Hacer el bien muchas veces no trae un resultado positivo inmediato, todo lo contrario, el camino más rápido para obtener ciertos beneficios suele ser el camino ilegal, inmoral y contrario a la voluntad de Dios. Sin embargo, si no abandonamos nuestro hábito de hacer el bien, de sembrar para el Espíritu, en la correcta temporada, cosecharemos los frutos de esa conducta, que serán mucho mejores que cualquier otro “fruto” o beneficio que podamos obtener de conductas que no se ajustan a la voluntad de Dios. Parte de la “cosecha” de estos frutos podremos disfrutarla en esta vida y esta era. Sin embargo debemos siempre recordar que la mejor parte vendrá cuando Dios establezca Su reino en un cielo nuevo y Tierra nueva y nosotros tengamos cuerpos perfectos como el de Cristo.

En Hebreos se nos dice cómo hacer para poder seguir adelante en la adversidad sin perder el ánimo para hacer el bien:

Hebreos 12:2-3 (NVI)
(2) Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.
(3) Así, pues, consideren a aquel que perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores, para que no se cansen ni pierdan el ánimo.

Considerar atentamente la obra de Jesucristo, su vida, su amor, su entrega y sacrificio, y su estado actual como el segundo en poder y autoridad después de Dios, junto con todo aquello que logró en favor de la humanidad es lo que nos ayudará a estar firmes en la adversidad para no perder el ánimo y abandonar nuestro deseo de seguir haciendo el bien en obediencia a Dios. Si dejamos de fijar nuestra mirada en Cristo, tarde o temprano caeremos. La obra de Dios en Cristo es nuestro “alimento” para el ánimo, es lo que nos mantiene deseosos de hacer la voluntad de Dios.

Por último leeremos unos versículos en la primera epístola de Pedro:

1 Pedro 5:6-11 (RV-1960)
(6) Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo;
(7) echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.
(8) Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar;
(9) al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo.
(10) Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna [debe decir “de la era”] en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.
(11) A él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.

El punto central de todo es humillarse y darle la gloria a Dios. “Humillarse” significa reconocer lo pequeños, impotentes e incapaces que somos, reconociendo la grandeza del poder, amor, misericordia, gracia y bondad que tiene Dios; es reconocerlo a Él como digno de toda gloria y honra y a nosotros como objetos de Su gracia y amor.

Al reconocer a Dios como nuestro Proveedor, Sanador y Ayudador podremos dejar la soberbia de querer resolver todos los problemas de nuestras vidas sin Su ayuda y así “echar sobre Él” toda nuestra ansiedad, sabiendo que Él nos cuida, que Él quiere lo mejor para nosotros.

A su vez, debemos comprender que hay un adversario espiritual que busca “devorarnos”. Él intentará atemorizarnos con sus rugidos, para paralizarnos y luego devorarnos; pero nosotros debemos resistirlo firmes en la fe, sabiendo que las misma presiones son resistidas por otros hermanos. Esto significa que las presiones y tentaciones que el Diablo envía son producto de su odio a nosotros porque ahora somos hijos de Dios y estamos trabajando para Su plan de salvación.

Las palabras “perfeccione, afirme, fortalezca y establezca” del versículo 11 están en tiempo futuro indicativo en el texto griego, deben leerse: “perfeccionará, afirmará, fortalecerá y establecerá”. Estas palabras nos dan una garantía de parte de Dios de que si resistimos firmes a las adversidades y presiones de la vida, manteniendo nuestra fe, Dios nos perfeccionará, nos afirmará, nos fortalecerá y nos establecerá. En otras palabras, nos hará más fuertes, más maduros y más preparados para toda situación.

Por todo esto ¡A Él sea la gloria!

Pablo Pereyra
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