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Reflexiones y Devocionales

¿PORQUE CREÓ DIOS AL HOMBRE? (semana 4)

 
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Antiguo 22-May-2011   #1 (permalink)
Predeterminado ¿PORQUE CREÓ DIOS AL HOMBRE? (semana 4)

¿PORQUE CREÓ DIOS AL HOMBRE? (semana 4)
El primer Adán
Lunes --- Leer con oración: Gn 1:3-27; Job 38:4-7; He 4:9-11; 11:3; Ap 11:15
“Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen” (Ro 4:17b)
EL RECREAR DE DIOS
Nuestro Dios es muy sabio. Él tuvo un objetivo específico al crear al hombre, por eso lo formó de una manera especial, haciéndolo particularmente distinto a todas las demás criaturas.
En mensajes anteriores, explicamos el significado y el periodo de los tres mundos: el mundo antiguo, que fue la primera creación de Dios, gobernada por los ángeles; el mundo actual, que es la recreación de Dios, usurpada y dañada por Satanás, y el mundo venidero, que comenzará con la parusía del Señor, con el arrebatamiento de los vencedores y se extenderá por todo el periodo del reino milenario.
En el mundo antiguo, todos los ángeles y las criaturas que vivían en la tierra de aquel entonces, fueron creados por Dios a partir de la nada, sólo por el poder de Su palabra (He 11:3). Romanos 4:17 nos dice que Dios llama a las cosas que no son, como si fuesen. En donde no había nada, Dios creó todo, trajo todas las cosas a la existencia. Aquel mundo era muy hermoso, puesto que por causa de su creación, hubo una gran celebración de los ángeles que son mencionados en la Biblia como las estrellas del alba y los hijos de Dios (Job 38:4-7).
Como vimos, el gobierno del mundo antiguo fue entregado a Lucero, un arcángel muy capaz que se aprovechó de los dones que Dios le había concedido y de sus realizaciones para llenarse de orgullo. Por esa razón, surgió en él la ambición de ser semejante al Altísimo, y se rebeló, pasando a ser el adversario de Dios, llamado Satanás. Así que, tuvo que ser juzgado y arrojado a la tierra, con una parte de los ángeles que también se rebeló. Dios, además juzgó y extinguió a los seres de aquella época, inundando la tierra con el agua de los mares. Entonces, la tierra llegó a estar desordenada y vacía, y las tinieblas cubrían la faz del abismo (Gn 1:2).
Sin embargo, ¡Gracias al Señor! Porque el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas (v. 2b). Esto sucedió porque Dios no creó la tierra en vano, sino para que fuera habitada (Is 45:18). Por eso Él empezó Su obra de recreación, y al final del sexto día, formó del polvo de la tierra a una criatura especial, la más importante de toda Su obra, hecha a Su imagen y semejanza: el hombre (Gn 1:3-27).
A partir de Génesis 1:3, nos es mostrado cómo Dios empezó Su recreación o restauración. La acción de Dios de recrear está descrita por el verbo “hacer” (asah, en hebreo) en los versículos 7, 16 y 25, esto quiere decir que Él hizo algo de lo que ya existía. Sin embargo, el hombre fue una obra adicional a esa recreación, por tanto es “creado” (bara, en hebreo), es decir, hecho a partir de la nada, así como la creación de los cielos y la tierra, mencionada en el versículo 1. Todas las cosas fueron hechas por Dios con perfección porque estaban destinadas al sustento y al deleite del hombre creado por Él de manera especial.
Dios creó el mundo en seis días y el séptimo día, reposó. Ese séptimo día representa el reino milenario y se refiere a la manifestación del reino de los cielos, que la Biblia llama el reposo (He 4:9-11). En aquel día, todas las naciones se sujetarán al Señor Jesús y Él las regirá, pues los reinos del mundo vendrán a ser de nuestro Señor y de Su Cristo (Ap 11:15, 19:15).
Punto Clave: Dios no creó la tierra para que sea un caos.
Pregunta: ¿Qué diferencia existe entre asah (hacer) y bara (crear) según Génesis 1?



Martes --- Leer con oración: Gn 2:7; Pr 20:27; 1 Co 15:45; 2 Co 3:18; 1 Ts 5:23
“Jehová, que extiende los cielos y funda la tierra, y forma el espíritu del hombre dentro de él, ha dicho” (Zac 12:1b)
LA CREACIÓN DEL HOMBRE
El hombre fue creado por Dios de manera especial para recibir el gobierno del mundo venidero. Dios lo creó del barro, del polvo de la tierra, y sopló en sus nariz el aliento de vida, que es el espíritu humano (Gn 2:7; Pr 20:27). Cuando el aliento de vida entró en aquel hombre, se volvió en un ser viviente. Por lo tanto, vemos que Dios lo creó con tres partes: espíritu, alma y cuerpo (1 Ts 5:23).
El alma también tiene tres partes: mente, emoción y voluntad (Sal 13:2; 42:1; 139:14). En la parte más interior del hombre, Dios formó el espíritu humano, creado para contener al Espíritu de Dios, pues Dios es Espíritu (Jn 4:24). El espíritu del hombre es su esencia misma, por eso el hombre es diferente de todos los demás seres (Job 12:10). ¡Alabado sea el Señor! Por el hecho de haber sido creados por Dios de manera especial, Él puede entrar en nuestro espíritu, habitarlo y estar para siempre con nosotros (Jn 14:16-17; 1 Co 3:16).
Dios quería estar unido al hombre por toda la eternidad porque se sentía solo. Él lo creó a Su imagen y semejanza para que fuera Su complemento. Por esa razón consideró que no era bueno que Adán estuviese solo, porque cada animal en el huerto tenía su pareja correspondiente a su especie. Entonces decidió hacerle una ayuda idónea, que fuera semejante a él.
En esa ocasión, Dios hizo que Adán cayera en un sueño profundo y de su costado sacó una costilla de la cual edificó una mujer. Cuando Adán despertó, reconoció que ella era adecuada para él: “Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada” (Gn 2:23). En seguida, ellos se convirtieron en un matrimonio: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (v. 24). En el Nuevo Testamento, Pablo mencionó este versículo para revelar que el matrimonio representa a Cristo y a la iglesia (Ef 5:31-32).
Realmente, el hombre fue creado de una manera singular, pues Dios quería que se convirtiera en Su habitación. Las partes del hombre corresponden al tabernáculo de Dios, Su morada en medio de Su pueblo, en el Antiguo Testamento. El tabernáculo también tenía tres partes: el atrio, el Lugar Santo y el Lugar Santísimo. El espíritu humano es simbolizado por el Lugar Santísimo, el lugar donde habitaba la gloria de Dios.
Hoy el Dios Triuno ya se hizo el Espíritu vivificante y entró en el espíritu de todo aquel que cree en el evangelio, dispensándose como vida para él (1 Co 15:45). Por eso, cuando invocamos el nombre del Señor, creyendo con el corazón, el Espíritu vivificante entra en nosotros. Cada vez que contactamos al Espíritu de Dios en nuestro espíritu, somos transformados de gloria en gloria (2 Co 3:18). ¡Aleluya! ¡Fuimos creados con un espíritu a la medida de Dios, para contenerle, recibir Su vida y ser Su complemento!
Punto Clave: Dios desea estar unido al hombre.
Pregunta: ¿Por qué el hombre es diferente a todos los otros seres?



Miércoles --- Leer con oración: Gn 2:19-24; Gá 5:24; Ef 2:1; 1 Ti 2:13-14; He 2:10
“El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación” (Col 1:15)
EL HOMBRE QUE GOBERNARÁ SOBRE EL MUNDO VENIDERO
Dios quería que el hombre comiera del árbol de la vida para que recibiera la vida divina en su interior. Así, podría expresarle y representarlo en la tierra, y Dios le entregaría el gobierno sobre el mundo. Sin embargo, sabemos que Adán fracasó. Satanás, en forma de serpiente, engañó a la mujer y la indujo a comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal. Puesto que la mujer no murió de inmediato, llevó el fruto a su marido, que también comió.
Adán desobedeció a la palabra de Dios y comió del fruto del árbol que Dios le había advertido que no comiera (Gn 2:17; 3:6). La Biblia menciona que Satanás no engañó a Adán, sino a la mujer, que por tener una emoción más sugestionable, dejó que su mente fuera influenciada por la serpiente (Gn 3:1; 1 Ti 2:13-14). El fruto del árbol de la ciencia contenía la naturaleza pecaminosa de Satanás y por consiguiente, el pecado y la muerte entraron en la humanidad. El elemento maligno que había en aquel fruto no era como un veneno que mata en el mismo instante. Adán vivió novecientos treinta años, pero terminó muriendo, porque la muerte entró en él (Gn 5:5).
Originalmente el hombre no debía morir, pero por causa de la desobediencia de Adán la naturaleza pecaminosa y la muerte fueron transmitidas a toda la humanidad, de generación en generación. Así que, no fueron sólo Adán y Eva los que pecaron, sino que todo el mundo pasó a tener la necesidad de la salvación. Por eso la Biblia afirma que todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios (Ro 3:23; 5:12).
Este hecho perjudicó el propósito que Dios tenía para el hombre, pues éste, como pecador, ya no podía representar a Dios ni expresarlo, tampoco podía gobernar la tierra por Él. Es por esa razón que todos los hombres necesitan ser conducidos nuevamente a la presencia de Dios, cuya entrada fue cerrada.
Puesto que el primer Adán fue descalificado para cumplir el propósito para el cual fue creado, Dios proveyó una manera de solucionar el problema del pecado y restaurar al hombre a su condición original. Para ello, Él mismo vino a la tierra, en la persona del Señor Jesús. Él es el primogénito de toda la creación, la imagen del Dios invisible (Col 1:15).
Como el primogénito de toda la creación, además de solucionar el problema del pecado de la humanidad, Él también estaba calificado y era digno de recibir la autoridad sobre el mundo venidero. Todos nosotros estábamos muertos en nuestros delitos y pecados, pero Él nos dio vida (Ef 2:1). Nuestro viejo hombre fue crucificado con Él, y todos los pecados que cometimos en el pasado nos fueron perdonados (Ro 6:6). La carne y sus deseos también fueron eliminados en la cruz (Gá 5:24). ¡Aleluya!
El primer Adán, por causa del pecado y de la muerte, era incapaz de hacer la voluntad de Dios. Por eso fue eliminado. Ahora el pecado ya no se enseñorea de nosotros (Ro 6:18). Recibimos una nueva vida del Señor Jesús y llegamos a ser una nueva creación. Esta es la vida de Dios, que día tras día crece en nosotros, hasta el punto en que la gloria de Dios es restaurada. Por ese motivo, la autoridad de Dios y la honra debidas a Su nombre también son restauradas en aquellos que son gobernados por Su vida. Por tanto, el plan original de Dios puede ser cumplido.
¡Gracias al Señor! A diferencia del primer Adán, que fue descalificado; el postrer Adán, Cristo, es el hombre apto para hacer la voluntad de Dios y gobernar el mundo venidero. Y no sólo eso: Él también nos está conduciendo a la gloria y nos perfecciona para que seamos vencedores hoy (He 2:10). ¡Aleluya!
Punto Clave: El Señor Jesús es Dios mismo que vino a la tierra.
Pregunta: ¿Por qué necesitamos de la salvación de Dios si Adán y Eva fueron los que desobedecieron?



Jueves --- Leer con oración: Gn 3:23-24; 4:14, 16, 20-22; Ro 7:18-24
“En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre” (Sal 23:2-3)
LA IMPORTANCIA DE LA PRESENCIA DEL SEÑOR
El huerto de Edén estaba lleno de vida. Allí el hombre y la mujer disfrutaban del suministro, la seguridad, la satisfacción y la paz. Su alegría era plena, pues provenía de la presencia de Dios mismo. Él mismo proveyó todo lo que el hombre necesitaba en aquel huerto, incluso la protección contra los animales salvajes, de modo que no tenían por qué temer a ningún enemigo.
Si el hombre hubiera comido del fruto del árbol de la vida, que estaba en el centro del huerto, la vida de Dios habría entrado en su espíritu y pasado a gobernar su alma. Esto lo capacitaría para sojuzgar la tierra, recuperándola de las manos del enemigo. Pero el hombre fue obligado a tratar con las consecuencias de haber comido del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal. Una de ellas fue que su alma comenzó a desarrollar una vida propia, autónoma e independiente de Dios, a la que llamamos la vida del alma.
La vida del alma es incapaz de cumplir la voluntad de Dios o de agradarle. Aunque muchas veces esta vida tiene la intención de llevarnos a hacer el bien, e incluso para agradar a Dios, en ella también existe un lado negativo, que está vinculado con la naturaleza maligna y pecaminosa que Satanás inyectó en el hombre. Los aspectos del bien y del mal, como dos ramas de un mismo árbol, están unidos entre sí y no pueden ser separados, pues tienen un único origen: Satanás. Por eso, con respecto a hacer la voluntad de Dios, el hombre está destinado al fracaso. Puesto que el pecado mora en sus miembros y éstos están bajo el control de la vida del alma, sólo obedecen a la ley del pecado y luchan contra la intención del hombre de hacer el bien (Ro 7:18-24).
Otra seria consecuencia de la desobediencia de Adán fue haber sido expulsado del huerto de Edén. Puesto que la muerte entró en el hombre, Dios no le podía permitir que permaneciera allí, por eso también le impidió la entrada al árbol de la vida (Gn 3:22-24). Al ser expulsados del huerto, Adán y Eva perdieron todo lo que disfrutaban allí, así que comenzaron a tener que trabajar la tierra para sustentarse. Aunque aún contaban con la ayuda del Señor (4:1), ellos estaban descalificados para entrar plenamente a Su presencia, como antes. Esto sin duda los entristeció mucho. Adán debió haberse quedado abatido y contristado al percibir que la tierra había sido maldita por su causa. Eva también debió haberse quedado triste por causa de lo que hizo. Ciertamente esto les pesó en el corazón, y ellos se arrepintieron de aquella situación. Sin la presencia constante de Dios, se sentían vacios, sin paz, sin alegría e inseguros. Por eso reconocieron que necesitaban Su presencia.
No obstante, Caín, el hijo mayor de ellos, siguió otro camino, se alejó de Dios. Él era al principio, una persona de buenas intenciones, pero por haber dado cabida a los pensamientos y emociones provenientes de la vida del alma, no fue capaz de dominar el mal que había dentro de sí y terminó asesinando a su propio hermano. Finalmente, Caín fue expulsado de la presencia de Dios y se convirtió en un peregrino.
Es probable que Caín dejó de cultivar la tierra porque no contaba más con la bendición de Dios; así que, empezó a criar ganado para sobrevivir. Esa fue la consecuencia de haber escogido vivir a su manera. Ciertamente, él y sus descendientes vivieron en tiendas, como nómades. Además, por sentirse solos, inventaron instrumentos musicales para tener un poco de alegría con la música (Gn 4:20-21). Asimismo, la sensación de inseguridad frente a los enemigos y los animales del campo los llevó a crear instrumentos cortantes, como armas, para defenderse (v. 22). El buscar obtener sustento, alegría y seguridad, sólo fueron intentos de sustituir aquello que sólo la presencia de Dios podía darles.
Sin la presencia del Señor, no tenemos paz, reposo ni verdadera alegría. Pero cuando volvemos nuestro corazón al Señor, Él nos consuela y nos cuida, nos suple con aquello que necesitamos. Depender del Señor es una dulce experiencia, como lo describe el salmista: “Jehová es mi pastor; nada me faltará” (Sal 23:1). ¡Aleluya!
Punto Clave: Dios nos suple con seguridad, satisfacción y paz.
Pregunta: ¿Por qué la vida del alma es incapaz de cumplir la voluntad de Dios o de agradarle?



Viernes --- Leer con oración: Gn 3:17-19; 4:25-26; 11:5-8; Sal 17:6; Is 12:4; Lam 3:55; Jl 2:32
“Y a Set también le nació un hijo, y llamó su nombre Enós. Entonces los hombres comenzaron a invocar el nombre de Jehová” (Gn 4:26)
INVOCAR PARA RECUPERAR LA PRESENCIA DEL SEÑOR
Como vimos ayer, es muy probable que Adán y Eva se hayan arrepentido de haber desobedecido a Dios, pues sufrieron las consecuencias de perder Su presencia y Su amparo directo. Después de eso, el asunto que ocurrió entre Caín y Abel debió haberlos entristecido aun más. Pero gracias al Señor, ellos encontraron un camino para recuperar la presencia de Dios.
Adán labraba la tierra para sobrevivir (Gn 3:17-19). No obstante, el crecimiento adecuado de la plantación no ocurriría si no había condiciones favorables, como la lluvia y el sol en la medida adecuada. En eso Adán debió haber reconocido que no podía vivir sin Dios, pues de Él provenían todos los medios para su sustento.
Después de arrepentirse, Adán y Eva recibieron la bendición de Dios, les fue concedido otro hijo, a quien llamaron Set (Gn 4:25). Set, en su momento, también engendró un hijo, a quien llamó Enós (v. 26a). A partir de allí, Adán y sus descendientes percibieron que eran frágiles e incapaces, reconociendo que dependían de Dios. Puesto que ya habían vivido en el huerto de Edén, Adán debió haber compartido con sus hijos cuán bueno era disfrutar de la constante presencia del Señor y cuánto necesitaban recuperarla. Como reacción a esto, los descendientes de Adán probablemente clamaron: “¡Oh Jehová!” “¡Oh Jehová!” “¡Te necesitamos! Sin Ti no tenemos alegría ni paz. Sin Ti no tenemos protección contra los enemigos y las bestias. ¿Qué podemos hacer? ¡Oh Jehová, Te necesitamos!”
Génesis 4:26 dice expresamente: “Entonces los hombres comenzaron a invocar el nombre de Jehová”. Esto significa que no fue un solo individuo el que inició esta práctica, sino toda una generación de personas, incluso Adán, comenzó a invocar el nombre de Jehová. Los hombres reconocían que necesitaban a Dios como su todo, por eso invocaban con un corazón puro: “¡Oh Jehová!”.
Después de un tiempo, los hombres dejaron de invocar el nombre de Jehová y empezaron a exaltar su propio nombre. Noé, un descendiente de Adán, engendró tres hijos, entre ellos a Cam (6:10). Éste tuvo un hijo llamado Cus (10:6), que por su parte engendró a Nimrod (v. 8). Puesto que era un vigoroso cazador delante de Dios (v. 9), Nimrod se convirtió poco a poco en un modelo, en un referente popular: “(...) por lo cual se dice: Así como Nimrod”. En otras palabras, a partir de allí se empezó a hablar de Nimrod, de su valentía y de sus hechos. Él alcanzó el poder en la tierra, entre el pueblo de aquella época, y fue exaltado, se enorgulleció. El comienzo de su reino fue Babel (v. 10), donde lideró al pueblo en la edificación de una torre, para que el nombre del hombre fuera exaltado. Entonces Dios puso fin a ese intento, confundiendo las lenguas humanas (11:5-8).
Sin embargo, como Dios había hecho un pacto con Noé de no juzgar más la tierra con aguas de diluvio, confundió el lenguaje de los hombres y los dispersó por la tierra, de manera que ya no podían unirse para afrontar a Dios. Entonces se agruparon en diferentes pueblos y adoptaron varios ídolos.
A pesar de eso, la práctica de invocar el nombre de Jehová se propagó, de generación en generación, entre los hombres que buscaban la presencia de Dios, porque reconocían que dependían de Él. Cuando el hombre sentía que no tenía amparo, se acordaba de invocar el nombre de Jehová (Ex 2:23). David, por ejemplo, también invocaba (Sal 17:6; 18:3; 56:9), así como sus descendientes, y escribió muchos salmos basado en su experiencia.
En toda la historia del pueblo de Israel, vemos la práctica de invocar el nombre del Señor, especialmente entre los profetas (Lam 3:55; Is 12:4). Refiriéndose a los días de hoy, el profeta Joel dijo: “Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo” (2:32). ¡Aleluya! Somos aquellos que invocan al Señor porque necesitamos salvación, dependemos de Dios y buscamos Su presencia.
Punto Clave: Invocar el nombre del Señor es reconocer que dependemos de Él.
Pregunta: ¿Desde cuándo el hombre comenzó a invocar el nombre del Señor?

¿PORQUE CREÓ DIOS AL HOMBRE?
Semana 4 --- El primer Adán
Sábado --- Leer con oración: Gn 12:1, 4, 8-9; Jos 3:17; Hch 2:16-18, 21, 41; 4:4; 9:13-14
“Porque ha inclinado a mí su oído; por tanto, le invocaré en todos mis días” (Sal 116:2)
JAMÁS DEJAR DE INVOCAR EL NOMBRE DEL SEÑOR
Después del episodio de la torre de Babel, podemos ver cómo Dios dio continuidad a Su propósito de restaurar la tierra. Él llamó a Abraham para que saliera de la tierra de Ur de los caldeos, un lugar de idolatría (Jos 24:2).
Al principio, Abraham no sabía adónde ir, pues partió a una tierra que Dios le mostraría. Él salió de Ur, pero terminó yendo a un lugar llamado Harán, en la tierra de Asiria, que representa al mundo pecaminoso. Pero una vez más Dios lo llamó para que saliera, esta vez de Asiria (Gn 12:4). De allí lo llevó a la tierra que le había prometido, la tierra de Canaán (vs. 8-9).
Abraham reconoció que Dios lo había guiado por todo el trayecto, por eso quiso recordarlo en Canaán. Entonces edificó allí un altar en memoria de Él, y Le ofreció sacrificios (v. 8). Plantó su tienda al lado del altar, y dio testimonio de que su vivir estaba consagrado a Dios. También invocó el nombre del Señor delante del altar, restaurando así esta práctica.
A pesar de que la descendencia de Abraham descendió a Egipto en la época de José, y que pasaron por más de cuatrocientos años sin acordarse del Señor, un día ellos se acordaron de invocar Su nombre. En esa ocasión, estaban oprimidos por la esclavitud y reconocieron que necesitaban a Dios. El Señor los liberó, e hizo que cruzaran el Mar Rojo, que atravesaran el río Jordán y que entraran en la tierra prometida (Ex 14:29; Jos 3:17).
En el Nuevo Testamento, en el libro de los Hechos, vemos que se predicó sobre invocar el nombre del Señor en el día de Pentecostés: “Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños; y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán (...) Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (2:16-18, 21). En aquel día, tres mil hombres fueron salvos invocando el nombre del Señor (v. 41). Poco tiempo después, más de cinco mil fueron salvos, sin contar a las mujeres ni a los ancianos (4:4).
Dios entregó a los apóstoles el ministerio de invocar el nombre del Señor. Sin embargo, con la persecución que asolaba a los cristianos en la ciudad de Jerusalén, ellos debieron haber abandonado poco a poco esa práctica. Las personas como Saulo perseguían y prendían a los que invocaban el nombre del Señor (9:13-14). Pero gracias a Dios, aquel que al principio perseguía a la iglesia, fue escogido por el Señor para llevar Su nombre en presencia de los gentiles e incluso para sufrir por ese nombre. El apóstol Pablo levantó muchas iglesias, siempre enseñaba a los hermanos a tener comunión con Dios por medio del nombre del Señor (1 Co 1:2).
Aunque en determinada circunstancia el nombre del Señor sea olvidado; sin embargo, Él siempre levanta a alguien para santificarlo. De este manera, Su reino puede venir, pues Su voluntad es hecha (Mt 6:9-10). ¡Aleluya!.
Punto Clave: Invocar el nombre del Señor para ser salvo.
Pregunta: Según la lectura de hoy ¿Qué lecciones podemos aprender con Abraham, los doce apóstoles y Pablo?



Domingo --- Leer con oración: Hch 1:8; 21:23-26; Ap 2:9-10, 13, 20; 3:1, 7-8
“Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre” (Ap 3:8)
INVOCAR EL NOMBRE DEL SEÑOR Y GUARDAR SU PALABRA
Pablo tenía la incumbencia de llevar el nombre del Señor a los gentiles. Sin embargo, al final de su ministerio, se dejó guiar por su afecto por los judíos, sus compatriotas, y estuvo a punto de realizar un voto de purificación que estaba relacionado con la ley del Antiguo Testamento (Hch 21:23-26). Probablemente en aquel momento no invocó el nombre del Señor.
En cambio, el apóstol Juan en su madurez, pudo servir a la iglesia en Éfeso y ayudar mucho a los hermanos al llevarlos a ganar vida en el espíritu por medio del nombre del Señor y Su Palabra. Podemos ver que a lo largo de la historia de la iglesia, el nombre del Señor continuó siendo santificado.
En Apocalipsis 2, vimos que la iglesia en Esmirna es una continuación histórica de la iglesia en Éfeso. Por causa del nombre del Señor, los hermanos de la iglesia allí fueron enriquecidos por Dios (v. 9), a tal punto de no preocuparse por los sufrimientos, ni siquiera con el martirio por amor del Señor que los alentó a ser fieles hasta la muerte, pues ciertamente ganarían la corona de la vida (v. 10). Al final, Antipas, el remanente de esa iglesia, aún permanecía invocando el nombre del Señor (v. 13).
Cuando surgió la iglesia en Pérgamo, ya no tenían más la práctica de invocar el nombre del Señor. En la iglesia en Tiatira, el nombre del Señor Jesús fue dejado de lado, y pasaron a exaltar el nombre de una mujer. Además, la palabra de Dios fue sustituida por las enseñanzas abominables de Jezabel (v. 20).
Para restaurar la iglesia a su condición normal, Dios levantó a la iglesia en Sardis, que debió haber recobrado la práctica de guardar el nombre y la palabra del Señor, pero no lo hizo completamente porque estaba muerta, sólo tenía la apariencia de estar viva (3:1). De ella surgieron los de la iglesia en Laodicea, aquellos que se consideraban ricos y autosuficientes (v. 17).
Sin embargo, en Sardis había un grupo de personas que eran la continuación de Éfeso y Esmirna. Y por haber continuado invocando el nombre del Señor, tales personas salieron o fueron expulsadas de allí. Ellos son los que conformaron la iglesia en Filadelfia (del griego: philos: amor, y delphos: hermanos), reconocida por guardar el nombre y la Palabra, a pesar de tener poca fuerza (v. 8).
¡Alabado sea el Señor! La iglesia en Filadelfia creció en vida, por consiguiente, el Señor se presentó ante ella como Aquel que tiene la llave de David, la llave del reino (v. 7). Por tener esa llave, Él puso delante de la iglesia una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar, y le dio una comisión: conducir a todos al reino. Aunque sufrieron una gran persecución, guardaron la palabra de Su paciencia y por eso, serán guardados de la hora de la prueba. ¡Aleluya!
Todos nosotros queremos andar por el camino de la iglesia en Filadelfia. Si invocamos el nombre del Señor y guardamos Su palabra, seremos llevados al Espíritu para disfrutar de la vida de Dios. Esto traerá como resultado el amor fraternal, visto de manera práctica, concreta. Asimismo, necesitamos guardar la palabra de la paciencia y predicar el evangelio del reino hasta lo último de la tierra (Mt 24:14; Hch 1:8). Que todos seamos fieles a esta comisión, preparándonos para reinar en el mundo venidero.
Punto Clave: Obtener vida en el Espíritu por medio del nombre del Señor y de la Palabra.
Pregunta: ¿Por qué el Señor se presentó a la iglesia en Filadelfia como Aquel que tiene la llave de David?
Dong Yu Lan
Derechos reservados a: “Editora Arvore da Vida”
Ningún verdadero siervo del Señor debe permitir que sus pensamientos y emociones actúen independientemente. Cuando su hombre interior requiera liberación, el hombre exterior deberá proporcionarle un canal por el cual el espíritu pueda salir y llegar a otros. Si no hemos aprendido esta lección, nuestra efectividad en la obra del Señor será muy limitada.
“Señor, por el bien de la iglesia, por el avance del evangelio, para que Tu tengas libertad de actuar y para que yo mismo pueda avanzar espiritualmente, me entrego a Ti total e incondicionalmente. Señor, con gusto y humildemente me pongo en Tus manos. Estoy dispuesto a que te expreses libremente por medio de mí”.
“Señor, doblega a la iglesia para que salves al mundo” Evan Roberts
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