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Fecha de Ingreso: March-2008
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I. DIOS ES UN DIOS DE RECUERDOS
¿Qué significa para la vida humana la palabra “Recuerdos”? ¿Qué tenemos que recordar nosotros diariamente? ¿Tenemos nosotros deber de recordar? ¿Recordar qué? RECORDAR A DIOS. Pero qué lejos está de la mente incierta del hombre, que aún sin religión, aún sin Biblia, debe de recordar a Dios. El hombre del campo porque está en la naturaleza y el de la ciudad porque está en la belleza de la ciudad, pero en todo y por todo Dios le está enseñando al hombre que hay algo que el hombre no ha hecho y que por lo tanto debemos de recordarlo a El como Creador; desde la más tierna florecilla, desde la pluma más pequeña de un ave, o cuando un pájaro bebe del rocío de la flor, desde la piedra pulida por las olas del mar y el salitre de las aguas, desde la formación de nuestras uñas, desde las personalidades que llevamos dentro y fuera, Dios es un Dios de recuerdos. Aún cuando tú creas que el evangelio no ha llegado a los montes, a las sabanas, a las montañas, dice la Palabra de Dios que su creación solamente proclama su grandeza. ¿Cuántas vidas inciertas vivimos sin gozo? Hace muchos años yo vi una campesina cortando con un hacha un tronco de leña y cantando “Oh Santísimo…” para cocinarle a sus hijos. Nosotros, con todas las comodidades ya no nos tiznamos los dedos para cocinar; entre más tenemos más queremos y más nos olvidamos de Dios, y también entre más nos acomodamos más exigimos. Cuando hay una abundancia por agradecimiento se vive con paz. Pero cuando se vive sin Dios, en la abundancia es una guerra. Puedes ver que los que tuvieron menos, un día tienen un poco y viven una vida licenciosa, sin Dios y sin dominio. II. LA VIDA ES UNA BATALLA Cada ser humano está escribiendo su propia batalla. Nací… crecí… me enseñaron… me olvidaron… me dejaron… me golpearon… me calumniaron… abandoné… dejé de amar… negué… olvidé…, etc. Por eso la vida es una batalla pero cada uno está escribiendo su propio libro. En el cielo tú tienes un libro, pero ese libro es blanco porque en el cielo se escribe lo bueno, lo malo se derrota aquí abajo, lo malo de tu vida se cancela aquí abajo. Nehemías 4:14 “Después miré, y me levanté y dije a los nobles y a los oficiales, y al resto del pueblo: No temáis delante de ellos; acordaos del Señor, grande y temible, y pelead por vuestros hermanos, por vuestros hijos y por vuestras hijas, por vuestras mujeres y por vuestras casas.” Cuando guerreamos, lo hacemos por su casa, por su vida, guerreamos por lo que ustedes no ven, guerreamos por los que no se aperciben lo que está a su alrededor. Tiene que venir alguien y dar palabra de Dios para decirte que tienes que retroceder y volver al camino de la paz, al camino de la verdad, al camino de la santidad y la santidad está en la mente y en la boca, y luego está en nuestro corazón. Lo que sale de tu boca es lo que está en tu corazón, entonces cuando tú hables óyete para saber lo que está en tu corazón. III. NO PODEMOS DEJAR DE RECORDAR A DIOS EN LAS HORAS DE LA NOCHE No podemos dejar de recordar a Dios en las horas de la noche, como no podemos dejar de recordar a Dios en las horas de las batallas. Es importante tenerlo cerca de nosotros. Es muy importante llegar al hogar y saber que después que uno ordena el hogar, uno puede irse a un rincón del hogar y arrodillarse. Prueben a saborear esta bendición personal. Arrodíllense, hay tanto que recordarle a El, pero no te pongas triste, no permitas que Satanás entristezca tu vida, levanta alabanza y el gozo. Salmo 63:6 “Cuando me acuerde de ti en mi lecho, cuando medite en ti en las vigilias de la noche.” No solamente se hace vigilia en la iglesia, también se hace vigilia en nuestro lecho, en nuestro cuarto, en nuestro hogar. El Señor ama el clamor de su pueblo en la noche, al Señor le gusta que le recordemos en la noche, en la noche el Señor espera a tirarnos el rocío fresco de sus múltiples bendiciones. También los jóvenes están viviendo hoy sin haber sido enseñados que todos los días hay que recordar al Señor. Hay padres que despiden a sus hijos sin bendecirlos, sin orar por ellos, sin despedirlos con una bendición de paz. También estamos criando jóvenes a quienes no se les está recordando que de día y de noche, en su juventud hay que recordar al Señor, aún en sus vacaciones hay que darle gracias a Dios porque cuantos y cuantos nunca han tenido vacaciones, y ahora después del nuevo nacimiento en Cristo tiene una nueva herencia y pueden darse el gozo y la bendición de salir con su familia de vacaciones; y cuantos por no haber agradecido a Dios la provisión de su viaje, de sus vacaciones, se amargan en ese tiempo, porque fueron buscando una cosa que no estaba en el plan de Dios, fueron buscando del mundo complacencias, y en el mundo no hay complacencias, la complacencia está dentro de nosotros en el espíritu, y entonces nosotros a donde vamos compartimos una complacencia que está en nosotros. Es muy importante saber esto. Ustedes padres y abuelos cuando tengan sus hijos y sus nietos les recuerden de cuántas bendiciones Dios les ha proveído. Hay familias que solamente recuerdan hechos malos, todos los recuerdos son malos, pero no recuerdan lo bueno. También nosotros mismos, los adultos, recordamos lo malo, está grabado en nuestras mentes, pero no recordamos las cosas buenas como cuando nos dieron un beso, el día que nos compraron la primera sombrilla. Eclesiastés 12:1 “Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento;” Muchos viven con nostalgia recordando su país, pero su país no es el país que tú dejaste, es en el que estás, y en el que estás no es en el que tú viviste, entonces acuérdate y alégrate en la tierra donde Dios te ha traído, bendícela y alábala. Es importante que enseñemos a nuestros hijos a que se alegren, que están en un lugar bendecido, que tienen un hogar, que tienen quien los cuide, que tienen quien ore por ellos. No den pasos a vetas subterráneas de amargura, porque no es verdadero, no se puede vivir en el pasado; tú no comes de lo que comiste ayer, tú comes de lo que vas a comer hoy. Debemos de darle gracias a Dios por los días de nuestra juventud y ahora por los días de nuestra madurez y de nuestras bendiciones. IV. RECORDAR TAMBIEN EL TIEMPO DE LA TRIBULACION Moisés le decía al pueblo cuando los sacó de Egipto: “Recuerden de dónde los he sacado”. Aunque tenían comida, eran esclavos, querían ser libres, pero Dios conocía las rebeliones de ese pueblo. Moisés los saca y en el camino se vuelven ingratos y empiezan a querer tener lo que en esclavitud tuvieron. Pero, ¿cuántas veces nosotros somos igual? Dios te sacó de “Egipto” de tu esclavitud y quieres imitar la vida de Egipto. Jonás 2:7 “Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé de Jehová, y mi oración llegó hasta ti en tu santo templo.” Cuando Jonás desobedece y se ve en tribulación porque se ve dentro de un gran pez, y su cara y todo su cuerpo están siendo quemados por los ácidos del estómago de este pez, se acuerda ahí en ese momento de tribulación, de Dios. Cuando vas a una sala de cirugía, en ese momento, tú te acuerdas de Dios; cuando tú vas a enterrar a uno de tus muertos, en ese momento de tribulación, te acuerdas de Dios; cuando te dan la noticia que uno de tus hijos está enfermo, en ese momento te acuerdas de Dios. Cuando tú estás en tribulación por cualquier situación emocional de tu vida, o le pides perdón al Señor, o le pides que te guarde o que te guíe o que te ampare o simplemente le pides misericordia. V. CUANDO ESTAMOS LEJOS DEL HOGAR Por muy humilde que sea el hogar, como añoramos regresar al hogar. Qué satisfacción se siente cuando entramos al hogar. Aunque te traten de maravilla, aunque estés con tu parentela, aunque te amen, es muy importante recordar cuán bendecidos hemos sido al darnos un hogar. Zacarías 10:9 “Bien que los esparciré entre los pueblos, aun en lejanos países se acordarán de mí; y vivirán con sus hijos, y volverán.” Esta palabra de Zacarías nos enseña algo. Sabes que naces en tu país, pero no sabes donde es que vas a formar tu familia. Cuántos han llegado a los Estados Unidos sin familia y aquí han formado su familia; cuántos han formado su familia en su país y buscando una carrera mejor para su vida están en otras tierras y añoran regresar para encontrarse con su hogar. Sabemos que no todos han pasado lo mismo, que no todos han deseado lo mismo porque para todos no es la misma bendición. VI. ¿QUE PECADO ES OLVIDARSE DE DIOS? Olvidarse de Dios es la muerte espiritual, por lo tanto recordar es igual a ser vigilante. Cuando tú no recuerdas a tus seres amados tú estás olvidando de dónde tú vienes, no debes olvidar de donde tú vienes y no puedes tampoco olvidar que todo lo que tú tienes es por dos causas: Por Dios y por tu esfuerzo, pero hay una advertencia de parte de Dios de no olvidar de estar vigilante. Esta palabra nos advierte que debemos de recordar de estar vigilante de nuestra alma, no vaya a ser que se seque el amor fraterno que ha habitado en nosotros por parte de Dios, porque ese amor fraterno filial no lo producimos nosotros como seres humanos, ese amor fraterno filial viene de Dios. Deuteronomio 4:9 “Por tanto, guárdate, y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, ni se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; antes bien, las enseñarás a tus hijos, y a los hijos de tus hijos.” Si tú estás haciendo todo esto, tú estás exactamente en la advertencia de Dios. Aún no teniendo hijos nos es de guardar los recuerdos verdaderos filiales y estar vigilantes acerca de aquellos que nos pueden quitar la bendición de donde venimos. Nunca te avergüences del país de donde tú vienes, no te avergüences de tu idioma, no te avergüences de tu parentela, hónralos recordando al Señor y dando gracias por ellos, si ellos no fueron mejores fue porque no tuvieron a Cristo. |
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